Violencia y armas de asalto

El número de crímenes violentos en Estados Unidos se estabilizó el año pasado en su nivel más bajo desde 1973, marcando una tendencia ignorada a la hora de decidir el fin de la prohibición de la venta de armas de asalto en le país.

La ley federal que prohíbe la venta de armas expiró ayer de medianoche, porque el Congreso -por una recomendación de la administración Bush- no renovó la norma firmada en 1994 por el entonces presidente Bill Clinton.

Con el fin de diez años de prohibición, importación y fabricación de 19 tipos de armas de asalto, también se conocieron ayer los datos sobre un retroceso del 14% de la criminalidad en Estados Unidos entre 2002 y 2003, según el Departamento de Justicia.

Un comunicado del secretario de Justicia norteamericano, John Ashcroft, subraya que el número de crímenes violentos «se estabilizó en su nivel más bajo desde 1973″.

Añadió que «los norteamericanos están mas seguros en todo el país y tienen la libertad de gozar de su vida sin estar preocupados por ser víctimas de un crimen».

De acuerdo con la oficina de estadísticas del Departamento de Justicia, sólo 7% de los crímenes violentos en 2003 fueron cometidos con armas de fuego, inferior frente al 11% de los crímenes cometidos por disparos en 1993.

El número de violaciones bajó 11% y el de las agresiones sexuales 27% en los dos últimos años, según los datos divulgados ayer.

Los robos con violencia bajaron 21%, las agresiones graves 20% y los robos y hurtos menores se redujeron 21% entre 2002 y 2003.

La decisión del Congreso de no renovar la ley, pese a los reclamos de los promotores del control de tales armas, llega en un período electoral y extremadamente complejo para la administración Bush y el partido Republicano, sometidos a enormes presiones por sus sostenedores y contribuyentes económicos.

Entre éstos, los fabricantes e importadores de los «superletales» rifles Tec 9, AK-47 y Uzis, y la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA), firme defensora de la segunda enmienda constitucional, sobre el derecho a la portación de armas para defenderse.

Algunos de los 19 tipos de armas (como el fusil AK-47 y la subametralladora Uzi), todavía están prohibidos bajo una ley de 1989 para determinadas armas automáticas.

En la campaña presidencial, la prohibición ha venido siendo uno de los mayores temas, y George W. Bush se negó a extender la ley, a pesar de afirmar que él respaldaba la medida.

Su desafiante demócrata, el senador John Kerry, sostuvo que el presidente eligió ponerse al lado de los grupos pro armas en vez de aquel de los agentes de policía y de las familias, que el jefe de la Casa Blanca prometió proteger.

«Hoy George Bush facilitó la labor de los terroristas y complicó el trabajo de los policías de Estados Unidos, una decisión sencillamente errónea», dijo Kerry.

California, Hawai, Massachusetts y Nueva York son algunos de los siete estados norteamericanos con su propia prohibición de venta de armas de asalto.

Ademas, estudios de grupos pro y anti armas, así como el propio Departamento de Justicia, muestras resultados conflictivos sobre si la prohibición ayudó a reducir el crimen.

Algunas argucias legales permitieron a los fabricantes mantener muchas de estas armas en el mercado, simplemente cambiando sus nombres o alterando algunos de sus detalles o accesorios.

El vicepresidente ejecutivo de la NRA, Wayne La Pierre, dijo hoy en el programa «The Early Show», de la CBS, que la diferencia entre armas de asalto y pistolas en el mercado, antes de que expirara la prohibición, era «cosmética».

«No es cierto inducir a alguien a creer que estamos hablando de una clase de arma que es más poderosa, hace agujeros más grandes y dispara mucho más rápidamente», dijo La Pierre.

Empero, la defensora del control de armas Sarah Brady, cuyo esposo Jim Brady (ex secretario de prensa de la Casa Blanca resultó gravemente herido en un intento de asesinato del presidente Ronald Reagan en 1981) está en desacuerdo.

«No hay nada absolutamente cosmético sobre esta ley», dijo también en «The Early Show».

Para los dueños de negocios de armas, la expiración de la prohibición de las armas de asalto tendrá muy poco efecto sobre esos tipos de dispositivos y accesorios, que son tradicionalmente comercializados a diario en los mostradores de Estados Unidos.

Sin embargo, el fin de la prohibición produce fuertes rebajas de precios de algunas armas, dijo Sandford Abrams, dueño de Valley Guns en Baltimore, quien citó, por ejemplo, que el precio de un rifle estilo militar con una combinación de los añadidos prohibidos, bajará de 1.600 a 900 dólares.

Los defensores de la prohibición, incluyendo la campaña Brady para Prevenir la Violencia de las Armas, señalan muchos tiroteos impensables en los que se utilizan armas de estilo militar, incluyendo la matanza de diez personas a manos de dos francotiradores en 2002 en los estados de Maryland, Virginia y Washington, la capital de Estados Unidos. *

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