Negociaciones secretas para enfriar la interna peronista

Ultraizquierda desafía a Kirchner

Mientras no caiga realmente el desempleo habrá contexto para muchas cosas, desde la inseguridad a la conflictividad social. Y como siempre, sobre ella se encaramarán los lúcidos, pero también los aventureros y hasta los provocadores.

Kirchner comprende que tendrá reclamos justos para rato. Claro que no es harina de otro costal que encare bien o no la solución de las altas tasas de desocupación, pero lidia con destreza (o, si se quiere, con mañas) desarticular el frente más conflictivo, el del universo piquetero, porque desde allí es donde se expresa el mayor descontento exteriorizado.

No es una faena sencilla y los riesgos son enormes, está en el filo de la navaja, esa sutil división entre la concordia y la tragedia.

Sabe el Presidente que su mayor soporte no está ni en el aparato político del peronismo ni en los sectores más pobres (aunque aquí ha puesto un pie, sin duda), sino en las capas medias, ese verdadero universo diferenciado por sus ingresos, cultura y pasado. Pero corre el riesgo de que el hartazgo por el internismo peronista que se derrapa por todos los espacios institucionales como por lo que supone como «tolerancia» frente a algunas acciones del sector piquetero más duro, los arrastre al campo que busca la derecha o simplemente la oposición para hacerse sentir con el vigor que hoy no tienen.

Pese al impacto que tienen las movilizaciones que encabeza el más duro entre los duros del piqueterismo, Raúl Castells, en general el número de desempleados que participó en los últimos meses de las protestas de todo el espectro, ha sido menor que en el pasado. Más todavía: es un fenómeno de una parte de la Capital y, hacia el sur, de segmentos del Gran Buenos Aires, con resonancia en el centro porteño. Un trabajador que llegue desde otras zonas a barrios no céntricos, solo se entera de lo que ocurre por los medios.

Entonces, no están los piqueteros más fuertes, sino, al contrario. En primer lugar, porque el mundo del piqueterismo está diferenciado políticamente y por eso, se ha instalado el ala kirchnerista del sector, donde se encuentran peronistas setentistas, guevaristas, cristianos de base y hasta comunistas disidentes de la actual conducción. Concluyamos que ninguno de ellos tiene popularidad: buena gente, en el mejor de los casos, nada más.

Piqueteros kirchneristas

Es cierto que no es una irrupción inesperada, pero hubo para la veta piquetera kirchnerista demasiada aparatosidad oficial. Tres ministros fueron a la Asamblea de su constitución y hasta debía hablar uno de ellos, Alicia Kirchner, que controla la acción social, herramienta temible, si las hay, pero tropezó cuando ingresaba al anfiteatro y debió ser hospitalizada.

Sin la presencia de tantos ministros, acaso lo encuadrado hubiera sido más eficiente para el futuro. Por el tono anti Eduardo Duhalde del referente de este espacio, Luis D’Elía, la reunión luce más como otro jalón del entrevero interno dentro del peronismo que desató nuevos agravios entre las partes, donde no es el Presidente el que lidia sino sus laderos con respuesta (severas) de los amigos del ex mandatario.

Es una historia donde se polemiza si tendrá una definición con una ruptura interna o abre el camino para otro período de paz tensa. Más bien se iría a esta opción, malgrado las palabras de D’Elía que «el límite es Duhalde», como sentenció en el cónclave.

Es que hay negociaciones en marcha para guardar en el cajón la idea del subbloque kirchnerista entre los diputados nacionales peronistas, espacio que controla Duhalde; desactivar la batalla verbal y un posible encuentro entre el jefe de Gabinete, Alberto Fernández con el caudillo bonaerense, preludio, dicen, de una cumbre.

No todos los ministros que fueron a la Asamblea lo hicieron con placer. El de Trabajo, Carlos Tomada se sintió incómodo ante la orden de Kirchner de ir a darle aire a D’Elía. Es que un día más tarde, debía, por caso, negociar, desactivar el conflicto con los duros y el antecedente no favorecía su cometido. Como ocurrió.

Ahora hay que esperar a ver si este espacio vacía de militantes a los duros del piqueterismo que en gran parte se alimentan de los subsidios para las familias más humildes. El plan de Alicia Kirchner es apoyar miniemprendimientos que vayan dando trabajo genuino. Digamos que habrá créditos para quienes entren en esta dinámica, aunque, por ahora, no se les pida lealtades al Gobierno. Al mismo tiempo, mediante tarjetas magnéticas donde se pueden cobrar o realizar los magros subsidios, se tiende a acabar con los intermediarios de la miseria, dardo que va tanto a los punteros de Duhalde como a los sectores de izquierda.

Demora de la obra pública

Pero son paliativos para la desocupación. Hay voces que reclaman que Kirchner aplique una vez por todas un plan de obras públicas y viviendas que actúe como succionador de desempleados, ya que hasta ahora, solo han sido anuncios. La tendencia del crecimiento del PBI, muy fuerte, a pesar que mayo no fue generosa, no es correlativa a mayores puestos de trabajo. Se requiere un verdadero shock de inversiones públicas para lograr otros resultados. Este es el desafío del Presidente.

Con la cristalización del sector pro gubernamental, el espacio de los más duros, casi todos dirigidos por partidos de izquierda, queda achicado y dividido. Y dentro del mismo, Castells empuja la metodología de «arrancar» concesiones mediante la ocupación de empresas u oficinas públicas. ¿ Es una amenaza al «orden burgués» esta intención de crear «poder popular?».

Difícilmente alguien lo piense en serio. Los otros sectores de izquierda histórica creen más bien que los aleja aún más de las capas medias que aspiraba a atraer a su prédica. Pero la derecha de diversas tonalidades intenta hacer creer lo contrario. O, al menos, que el país avanza hacia el caos sin que el Gobierno haga algo para aplicar la ley, palabras que en boca de los conservadores que la han violado siempre, suena a atajo político: cualquiera sabe que el desalojo de una ocupación presupone violencia y víctimas, acaso, fatales.

Es un escenario que, acusan sus adversarios de pobreza, quiere Castells para demostrar la inconsecuencia de no criminalizar el conflicto social que predica el Gobierno. Pero, atención: el barbado dirigente sabe que en el profundo Gran Buenos Aires, hay tensiones enormes, como lo revelan las explosiones de furia en varias localidades contra el «gatillo fácil».

La derecha supone que será inevitable aplicar la violencia estatal y que las capas medias que ahora claman por orden, con uno o más cadáveres terminarán acusando a las autoridades.

Kirchner sabe de los límites de su política, de los riesgos de que lo acusen de no controlar el caos que se genera en el tránsito con todas las movilizaciones pero  aún al borde del abismo–jura que no modificará el rumbo.

Busca seguir aislando a los más intransigente y por eso seguirán las negociaciones con los diversos sectores de desempleados. Pero, ¿ qué pasa si lo que hoy es una minoría se mantiene en sus trece, no de reclamos, que son justos, sino en actitudes de provocación, como se lo endilgan casi todos los sectores a Castells?. No hay respuestas.

Kirchner busca su perfil

La palabra ley podrá tener el sentido de un atajo político en la boca de la derecha, pero la legislación existente es parte del contrato social. Que este instrumento debe ser modificado, que solo se puede hablar de LEY con equidad, sin los abismos existentes en una sociedad cruel y, por ende, injusta, no habilita a nadie a desconocerla.

Lenin aplicó sangre y fuego para apagar la rebelión de los marineros de Kronstadt. Castells no es un social revolucionario ni Kirchner, el Jefe de
la Revolución de Octubre de 1917. Pero el primero se comporta como un Mesías de un nuevo orden, que proclama la necesidad de poder popular surgido por la rebelión de las masas, y una constituyente cuyos diputados sean electos en asambleas populares y siente que tiene espacio para todas las semanas crear un hecho irritativo fundado en necesidades objetivas.

Sin este personaje, igualmente, las relaciones de Kirchner con la izquierda serán conflictivas. En rigor, nunca fueron buenas, pero mientras el discurso oficial primaba sobre algunos actos concretos, una parte de ese universo, se limitaba a esperar sin expectativas.

¿Quiere Kirchner avanzar en una especie de «tercera vía» entre el neo liberalismo y un después aún no clarificado desde la oposición de izquierda?. Parece, en principio una dicotomía demasiado ambiciosa.

El Presidente aún derrama ideas en busca de su perfil, donde la exclusión de los otros, es central en su formación. Los «otros» van desde la derecha hasta el duhaldismo pero vemos como le resulta difícil dejarlo permanentemente en el lugar del «otro»: siempre se tiende a una nueva negociación.

Los perfiles ( hablar de identidades es demasiado pretencioso) se forman por medio de diferentes discursos, prácticas, posiciones, en las que todas ellas deben guardar correspondencia. Es un largo proceso que requiere de una convicción intelectual que no se tiente en el acuerdo pampa de resultados efímeros.

Hay por ahora en el kirchnerismo un perfil de carácter doble, que no quiere decir dos, sino que es una búsqueda, una revisión constante, de manera tal que ninguna repetición es igual a la anterior. Y así parece que será por mucho tiempo. *

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