Ondearon las banderas de la República española entre los viejos combatientes de la Guerra Civil

Un homenaje a los republicanos

«Siento que voy a empezar a llorar. Ya era hora de que dijeran algo a la gente que dio tanto por la libertad» de España, aseguró emocionada, pero sonriente a sus 73 años Juana Díaz Mora, hija, nieta y viuda de republicanos, resumiendo así el sentir de sus miles de compatriotas, muchos de los cuales asistieron al acto titulado «Recuperando la memoria».

Sentados muy cerca del escenario y atendidos en todo momento por voluntarios que les ofrecían agua fresca, jugos y comida, más de 550 veteranos del 36, ahora con el pelo blanco y una vida hecha, asistieron el viernes al concierto-homenaje en la localidad de Rivas-Vaciamadrid, en la periferia sureste de la capital, escenario en febrero de 1937 de uno de los combates más feroces de la Guerra Civil (1936-39) en el que murieron unas 15.000 personas.

Luciendo escarapelas republicanas en la solapa e inclusive el distintivo de la unidad de combate a la que pertenecieron, y acompañados por más de 10.000 personas, muchas de ellas jóvenes, que cada tanto irrumpían al grito de «Â¡España, mañana, será republicana!» que algún abuelo respondía con un «Â¡Viva la república!», algunos de ellos pusieron a prueba su memoria para contar algún episodio de aquel verano del 36.

«Salimos de Oviedo en medio de un tiroteo cruzado por el Monte Naranco. Al estallar la guerra yo tenía 13 años. Al cabo de tres años de ir de un lugar a otro de España, cruzamos a Francia y estuvimos en un campo de concentración», recuerda Julia Bañuelos.

En 1941 volvió a España con su familia, pero «sólo encontramos odio» y algunos años después decidieron irse a Venezuela, país que lleva en el corazón porque «me ha enseñado a defenderme y a trabajar».

Ni el calor, ni la edad, les impidió concurrir al acto organizado por el ayuntamiento de Rivas-Vaciamadridad, controlado por la coalición Izquierda Unidad (IU, pro-comunista), la organización Contamíname del cantante canario Pedro Guerra y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que desde hace cuatro años realiza una incansable labor para lograr la exhumación de fosas comunes, a las que habrían sido arrojados unos 30.000 desaparecidos del franquismo.

«Estuve preso tres años en las carmelitas de El Escorial. Allí fusilaron a amigos míos», cuenta Segundo Herrán García Sastre, nacido en 1910, mientras los ojos se le llenan de lágrimas.

«Los hombres y mujeres que estáis hoy aquí y los muchos que han muerto sin recibir un reconocimiento público, sois los padres y madres de la democracia de este país», afirma el manifiesto leído al comenzar el acto. *

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