Argentina: fuerte debate por el envío de tropas a Haití
Es probable, de todas maneras, que pasado mañana con el quórum normal, el oficialismo y sus aliados de centro derecha y otros del espacio del «kirchnerismo de izquierda» conseguirían aprobar el pedido.
Juan Gabriel Toketlian, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de San Andrés, que es privada pero de excelencia, escribió en Página/12 un extenso artículo donde fundamenta en 10 puntos su oposición a que Argentina ingrese con sus soldados en Haití.
El intelectual refuta que la tradición liberal clásica sea intervencionista: «Ni la democracia, ni los derechos humanos se pueden o deben imponer, sino que a cada sociedad corresponde alcanzarlas, instaurarlas y consolidarlas. La ocupación estadounidense de Haití entre 1915-1934 y la fuerza de la ONU liderada por Washington que en 1994 reinstauró en el poder al hoy depuesto presidente Jean-Bertrand Aristide, no lograron por la fuerza arraigar la democracia y los derechos humanos en Haití».
También refuta que sé este ante una suerte de «intervencionismo justo», ya que ahora las democracias asisten a otra democracia. «Este no es un proceso nuevo ni busca defender la democracia. La intromisión consentida en los asuntos internos de otros estados fue característica de los regímenes autoritarios del Cono Sur. Por ejemplo, el Plan Cóndor permitió la intervención de los cuerpos de seguridad de un país en otro para perseguir, asesinar y desaparecer ciudadanos.
Argumentos falaces
«El actual estacionamiento de tropas extranjeras en Haití no tiene mucho que ver con la protección de la democracia, ya que el presidente Aristide, reelecto en 2000 (en ese entonces el hemisferio aceptó resignadamente su victoria fraudulenta), fue depuesto por la fuerza».
Toketlian da como su tercera oposición que se haya señalado que moralmente era intolerable para las naciones del hemisferio y para Francia convertirse en testigos pasivos de una eventual hecatombe humanitaria. «Este argumento parece un sofisma conveniente y coyuntural. Por ejemplo, ni los países del continente ni alguna nación europea se han mostrado muy conmovidos por los más de 25.000 asesinatos anuales que se vienen produciendo en los últimos 15 años en Colombia, ni por los casi 2.000.000 de desplazados internos que hay ese país, ni por los casi 3.000 secuestros al año desde finales de los noventa hasta 2003. Los incidentes violentos de 2004 en Haití produjeron casi 300 muertos».
«El altruismo no pareció estar en el centro de la decisión de Estados Unidos y Francia al momento de empujar a Aristide fuera del gobierno», dice el experto.
Otra razón esgrimida es la de evitar el sufrimiento. Pero recuerda–«la penuria del pueblo de Haití se agudizó en los últimos años porque desde 2001 Estados Unidos impuso de facto un bloqueo a la asistencia internacional».
Toketlian sostiene que el argumento que había que evitar por la vía diplomática que se consolidara un eje Cuba-Venezuela-Haití dado que Fidel Castro y Hugo Chávez estaban detrás del soporte material al gobierno de Aristide, no tiene «evidencia alguna de tal contubernio: ni Estados Unidos presentó pruebas, ni la OEA o la ONU debatieron sobre ese eje andinocaribeño y sus planes de alianza trilateral y desestabilización regional».
En cambio lo que sí se conoce palmariamente «es que desde hace años EEUU ha estado financiando a grupos y personas de la oposición (un calidoscopio que va desde demócratas genuinos hasta facinerosos consumados) con más de U$S 70 millones por conducto de varias entidades; entre otras de la International Republican Institute asociada al partido republicano».
Presiones sobre Kofi Annan
El experto dice que el Consejo de Seguridad de la ONU no tuvo en cuenta al pedir el envío de «fuerzas de paz», la solicitud de los 14 miembros democráticos del Caricom (Comunidad del Caribe) para que Naciones Unidas iniciara una investigación sobre la salida forzada de Aristide. «El secretario general de la ONU, Kofi Annan, condicionado por la presión cruzada y simultánea de Estados Unidos y Francia, no llevó a cabo ninguna indagación».
Pero también «es inexacto afirmar que toda resolución por ser legal es legítima, como lo prueban todas las resoluciones unánimes de ONU aprobadas después de la ocupación estadounidense de Irak».
Del mismo modo considera un error mayúsculo «la tendencia del liderazgo civil de creer que tener a los militares involucrados en misiones en el exterior significa tener una política de defensa».
Tokletian cree que «Brasil, con el aliento de Francia, concibe la operación militar en Haití como una forma de proyección que legitime su aspiración de acceder a un asiento permanente en el evento de una reforma del Consejo de Seguridad de la ONU; Chile, con el respaldo de Canadá, opera más en términos de persuasión para mostrar su disposición a usar la fuerza en el hipotético caso de mayores conflictos cercanos, y Argentina, bajo demanda de Estados Unidos, actúa por presión ante la creciente debilidad interna y vulnerabilidad externa del país».
Y pregunta: ¿Es un ensayo previo a lo que podría ocurrir con la participación de las fuerzas armadas en el combate contra el narcotráfico en las favelas de Río de Janeiro? ¿Es una señal a Bolivia para que ponga su casa en orden? ¿Es el anticipo de una fuerza multilateral que pueda responder a un pedido de Colombia para asistirla en el combate contra el terrorismo?».
«Es muy bueno que tres democracias vecinas como Argentina, Chile y Brasil coordinen mejor alguna parte de sus respectivas políticas de defensa; no es tan claro que los tres compartan metas ni que sea aconsejable que se conviertan en gendarmes regionales», subraya.
En cuanto a; a Argentina, «hasta el momento nadie ha explicado cuáles son los intereses nacionales en juego en Haití y por qué sirve a los intereses vitales del país aportar tropas».
Ahora solo resta que los diputados lean esta reflexión, pide Toketlian. *
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