Los contendientes en el debate siguen sin reconciliarse

Dios o el "Big Bang"

Pero las opiniones siguen divididas, no sólo entre los hombres de ciencia y los estudiosos de las denominadas «revelaciones» religiosas, sino también en el interior de esos grandes grupos, entre los que siguen sus diferentes disciplinas.

El biólogo británico Richard Dawkins, especialista en biología evolutiva, afirmó en un libro publicado recientemente en Alemania dentro de una serie de obras titulada «Al principio no había ningún Dios – Perspectivas de las ciencias naturales y de la teología» (editorial Patmos), que «el argumento de que el universo se apoya en un plan de creación, ya no se puede sostener sólo con una fe en Dios».

Dawkins dijo estar convencido de que las ciencias naturales ofrecen explicaciones suficientes, apoyadas en leyes simples, como la física, para la creación del universo, y la biología, para el proceso de selección natural en la evolución de la vida en la Tierra.

El jesuíta George V. Coyne, director del observatorio astronómico del Vaticano en Arizona (EEUU), constata en cambio que hay «confusión sobre los efectos de los nuevos descubrimientos cosmológicos».

Replicando a las teorías que niegan la supuesta labor de un Creador en la gestación del universo, Coyne afirma que «nada hubiera ocurrido si un Creador no hubiera dado origen a todo lo existente».

En esa misma dirección argumenta el catedrático de física matemática Frank J. Tipler, de la Universidad de Tulane (Nueva Orleans, EEUU), quien propugna la idea de un «universo de diseño».

«El universo existe desde hace un tiempo limitado. Desde ahí en adelante el universo físico y las leyes que lo regulan fueron creados por una unidad, que no está sometida a esas leyes y que está fuera del espacio y del tiempo. En resumen, ¡vivimos en un universo que fue planeado y creado por Dios!», escribió Tipler en su libro «La física de la inmortalidad».

Para el catedrático de teología John F. Haught, de la Universidad de Georgetown (EEUU), el universo está abierto a diversas explicaciones, a diferentes niveles que no se contradicen entre sí, y que no son sólo naturalistas.

Haught pone como ejemplo el de una persona que enciende una hoguera en el jardín de su casa. Cuando un vecino le pregunta por qué hay llamas, la persona en cuestión podrá responderle que se debe a la combustión del carbón y del oxígeno que se convierten en dióxido de carbono.

Otra explicación podrá ser, porque las encendió con una cerilla. O porque quería preparar un asado.

«Para legitimar su confianza en la posibilidad de alcanzar la verdad» hay que dirigir la mirada con atención hacia una nueva y profunda comprensión del universo, más allá de la que parece ofrecer el naturalismo», concluyó Haught.

Para el teólogo Gerd Theissen, de la Universidad de Heidelberg (suroeste de Alemania) «la paz entre la religión y las ciencias naturales» se fundamenta en el consenso de que ambas «plantean cuestiones diferentes».

«Las ciencias naturales inquieren sobre los hechos comprobables, la teología sobre el sentido y el valor» del universo.

Eugen Drewermann, teólogo católico y publicista, a quien el Vaticano prohíbe predicar y enseñar desde 1991 por cuestionar sus dogmas, obligándolo a dejar el sacerdocio, opinó que Dios no es un creador en el sentido de la teología tradicional, ni en el de algunas interpretaciones basadas en modernos descubrimientos de las ciencias naturales.

En opinión de Drewermann, quien acaba de publicar un libro titulado, «Si las estrellas fueran dioses – Cosmología moderna y fe», Dios «no es ninguna causa» ni tiene nada que ver con una «explicación objetiva de los hechos».

En su opinión Dios «es el fondo oculto de todas las cosas», del cielo y de la Tierra, y en esa función es decisivo para la naturaleza y la conducta del Hombre, para el sentido de su vida. *

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