ANALISIS INTERNACIONAL

Los avatares de Haití

Haití sigue vivamente en el candelero. El debate sobre su situación actual y sus antecedentes interesa a toda América Latina. Procuramos aportar algunos elementos de juicio relevantes y actuales sobre los avatares de Haití, agravados por las terribles inundaciones que llevaron muerte y desolación al país más pobre del continente.

Llegan tropas brasileñas, se van las de EEUU

Una reciente correspondencia de Sally Burch, de Alai-amlatina («Haití: entre la espada y la pared») se inicia así: «Brasil ha aceptado liderar la fuerza internacional de paz de las Naciones Unidas en Haití, a partir del próximo 1º de julio, cuando los Cascos Azules tomarán el relevo de la fuerza encabezada por EEUU, que desplazó al presidente Aristide del poder el 29 de febrero. Esta fuerza está compuesta actualmente por 3.700 efectivos de EEUU, Canadá, Francia y Chile».

Al despedir a las fuerzas de esta misión de paz, el 31 de mayo, el presidente Lula dijo: «Decidimos aceptar el comando de la operación de paz establecida por el Consejo de Seguridad que tendrá la responsabilidad de proteger a los civiles bajo amenaza, apoyar a las instituciones que defiendan los derechos humanos, promover la reconciliación nacional en Haití. Nuestro objetivo es que los haitianos encuentren, en el más breve plazo, un ambiente propicio a la consolidación de su democracia».

Las tropas que se van son las mismas que ocuparon el país de 1915 a 1934; las que sostuvieron al régimen genocida de Duvalier (y al costado la dictadura de Trujillo); las que organizaron y armaron a los remanentes de los tontons-macoutes y del «ejército caníbal» en la frontera de la Dominicana, los cuales en febrero irrumpieron en Haití, ocuparon Gonaïves y las ciudades del norte y avanzaron sobre Puerto Príncipe. Una investigación conducida por el ex fiscal general Ramsey Clark demostró la complicidad de los gobiernos de Washington y Santo Domingo en la conformación de estas bandas armadas. Llegados a la capital, en medio de un baño de sangre, Guy Philippe junto a su cofrade Chamblain pretendió erigirse en jefe de policía, y así lo vimos apoltronado en el Cuartel General. En esa instancia irrumpieron los marines yankis y se hicieron dueños del poder: secuestraron a Aristide y en sintonía con Francia lo fletaron a la República Centroafricana; nombraron a un presidente nominal y se fueron a buscar a Miami a uno de los suyos, Gérard Latortue, para investirlo como primer ministro. Este calificó de «luchadores por la libertad» a las bandas criminales, a las cuales los marines les dejaron las manos libres para matar a los partidarios de Aristide, para robar y depredar.

El régimen represivo de Aristide

Estas son las tropas que se van. Sin olvidar que un objetivo mayor del Pentágono es establecer en Haití una gran base militar para sus operaciones en el Caribe, con el Plan Colombia y contra la Venezuela chavista.

Aristide fue víctima de un golpe de Estado, razón por la cual no reconocen al actual gobierno interino ni el Caricom (los países anglófonos del Caribe) ni Venezuela. Pero esto no quiere decir que el suyo fuera un régimen democrático ni menos que su elección en diciembre 2000 hubiese sido «cristalina», como se afirmó en el debate parlamentario uruguayo. Al contrario: la oposición democrática denunció desde su origen el carácter fraudulento de la elección, y luego su bestialidad represiva contra los sectores democráticas, como la Organización del Pueblo en Lucha (OLP), cuyos militantes fueron perseguidos y sus viviendas incendiadas, al tiempo que las bandas de Aristide irrumpían en la Universidad, le quebraron las rodillas al rector y cometieron desmanes de toda índole.

La oposición frustrada

Ante esta situación la oposición reunió fuerzas de distintas vertientes en la Convergencia Democrática y el «Grupo de los 184″, reclamó la renuncia de Aristide y la elección democrática de un nuevo gobierno. «Las fuerzas estadounidenses intervinieron en Haití para desvirtuar y confiscar la victoria del pueblo haitiano contra la dictadura de Aristide», señalaron los opositores.

Este es el tema que aborda en profundidad una personalidad señera como Gérard-Pierre Charles, fundador de la OLP, dirigente del movimiento opositor y candidato al Nobel de la Paz. Expone en reciente trabajo el avance impresionante y unitario del movimiento opositor civil, que organizó manifestaciones de cien mil personas en Port-au-Prince. El gobierno digitado por las tropas de intervención dejó totalmente de lado a dichas fuerzas y de esa forma, escribe, «se corto-circuitó el proceso inusitado hacia la búsqueda de un consenso y la determinación histórica de la nación haitiana para salir de la ignominia impulsando la unidad de los diversos sectores progresistas hacia una verdadera liberación». *

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