ANALISIS INTERNACIONAL

Ejércitos mercenarios en Irak

Antes aun de que comenzaran a retirarse tropas de varios países, ya había ejércitos de mercenarios peleando en Irak. Son 20 mil, llamados guardias privados de seguridad, que constituyen la segunda fuerza militar detrás de la de EEUU y llegarán a 30 mil hombres después del 30 de junio. En su propósito de hacer la guerra en lo posible con manos ajenas, EEUU creó una policía y alguna fuerza militar iraquíes, para que se maten entre ellos. Con el mismo fin involucró a tropas de otros países, e incluso quiere meter a la OTAN en el baile. Pero como sufre un número creciente de bajas, y eso tira por el suelo la campaña releccionista de Bush, florece el negociado de los mercenarios.

Guerreros empresariales

Estos ejércitos privados son creados por compañías estadounidenses y británicas integradas por veteranos de cuerpos militares de élite. Peter Singer, especialista en seguridad de la Brookings Institution de Washington, escribe en su libro «Guerreros empresariales: el ascenso de la industria militar privatizada» que la contratación de estos nuevos mercenarios «es una tendencia en ascenso sobre todo en Irak», lo que implica «un cambio enorme en la forma de hacer las guerras; no se ha visto nada igual en los últimos 250 años».

El Pentágono dice que los guardias de seguridad que mantiene en Afganistán e Irak no son militares sino civiles armados que acompañan a las tropas. Su cometido, en el papel, es garantizar la seguridad de instalaciones, como aeropuertos y dispositivos petroleros, y de personas, al punto de que la guardia personal del virrey Paul Bremer son ex miembros de la Navy Seals (infantes de marina) y ex Rangers, contratados por la empresa Blackwater USA. El presidente de ésta, el veterano marine Gary Jackson, dice que creció 300% en tres años pero que la británica Global Risk International la supera. Estas empresas constituyen el mayor ejército privado del mundo y seguirán en ascenso, en la medida que ofrecen increíbles sueldos de hasta 1.271 euros diarios a veteranos de guerra de varios países ahora desocupados. Para ellos la guerra privada en Irak significa una mina de oro, a la que fueron a parar el año pasado 30 mil millones de dólares. Esto se dice en un análisis de Mercedes Hervás desde Nueva York, publicado en El Periódico de Cataluña.

Comandos de Pinochet y los 4 mutilados

El estudio agrega que la citada empresa Blackwater USA está contratando ahora a antiguos comandos del ejército del dictador Augusto Pinochet. Estos mercenarios del siglo XXI ya participaron directamente en los combates, como sucedió en la ciudad chiíta de Najaf, cercada por los marines, que libran una guerra abierta, masacran a la población y proclaman su decisión de asesinar al líder Moqtar al-Sadr. Alrededor de medio centenar de mercenarios murió en los combates, aunque su presencia en Irak se difundió recién cuando cuatro de ellos, contratados por Blackwater precisamente, fueron ultimados el 31 de marzo en Falluja (la ciudad del triángulo sunita que sufrió mortíferos bombardeos días pasados), siendo luego sus cadáveres mutilados y colgados de los puentes.

En estas condiciones, las empresas de seguridad reclaman que se permita a sus hombres usar armas más potentes. Un vocero del Pentágono dijo que una cosa es que lleven a cabo tareas de seguridad «y otra que luchen por nosotros». Agréguese que estos efectivos no están sujetos al control de los gobiernos que los emplean y se concluirá que tienen patente de impunidad asegurada.

Como el Plan Colombia

Algo parecido sucede en nuestro continente con el Plan Colombia. En ese país hay un cierto número de militares y agentes de inteligencia de EEUU maniobrando contra las FARC y el ELN, sobre todo a partir de la base de Cuatro Esquinas y en la zona limítrofe con Ecuador. Por añadidura, para escapar al control del Congreso el Pentágono contrata con agencias como las arriba mencionadas, bandas de mercenarios que también están actuando en varias zonas del país. Todo esto cobra plena actualidad por la reciente decisión del Congreso en Washington de extender el Plan Colombia, lo que se compagina con el llamado Plan Patriota del presidente Uribe para intensificar la guerra contra las fuerzas insurgentes en el sur del país, al tiempo que rechaza el acuerdo humanitario propuesto por éstas y reclamado por familiares de los secuestrados y por ex presidentes liberales. Con quienes sí negocia Uribe es con las bandas paramilitares, criminales y narcotraficantes acaudillados por Carlos Castaño (o sus sucesores, porque éste salió provisoriamente de la escena), mientras se tramita una ley de alternatividad penal hecha a la medida de los capos paramilitares. *

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