Dos tendencias enfrentadas en la vida internacional
La decisión de Rodríguez Zapatero de retirar en el más breve lapso las tropas españolas de Irak ha conmocionado el ambiente internacional. Es una medida a favor de la paz y de una solución democrática para el pueblo iraquí. Al mismo tiempo, los asesinatos perpetrados por el gobierno de Sharon, ejemplo típico de terrorismo de Estado, y la intensificación de la guerra por parte de EEUU en Irak señalan la exacerbación del curso guerrerista, de abordar los temas internacionales sobre la base de la fuerza militar, tendencia común a los gobiernos de EEUU e Israel en medio de la repulsa creciente de la comunidad mundial.
Un buen comienzo
La primera medida del presidente del gobierno español tiene un elevado contenido simbólico. Desde la izquierda fue valorada como «un buen signo del inicio de una etapa política» y hoy el Congreso de los Diputados la refrendará. Reviste también un carácter esencialmente democrático en cuanto significa el cumplimiento escrupuloso y sin dilaciones de una promesa electoral, reafirmada en el debate de investidura, que traduce la opinión del 90% de la población, opuesta al envío de las tropas decidido por Aznar en contubernio con Bush y Blair. Bastaba ver los semblantes fúnebres y el rencor de Aznar y Rajoy (así como el rostro compungido de Condoleezza Rice) para avizorar la magnitud del cambio en la orientación internacional de España, de relevancia en el concierto de Europa y del mundo.
En contraposición, EEUU marcha a ritmo forzado a la aceleración de la guerra, a incrementar el número de sus efectivos por la doble vía de prolongar la estadía de los destacamentos presentes desde el inicio de la invasión y de incorporar nuevos refuerzos, todo ello en aras del uso de «fuerza decisiva» preconizada por Bush, lo que provoca desazón en la opinión pública estadounidense y particularmente en las familias de los soldados. Máxime cuando la guerra adquiere un carácter más cruento, aumenta el número de bajas norteamericanas (y de civiles iraquíes), y lo que Rumsfeld denomina «terroristas extranjeros e iraquíes desorientados» son en realidad nuevos sectores de las diversas comunidades alzadas a la lucha contra los invasores. El cronograma adelantado por Bush significa extender la presencia de las tropas de ocupación por lo menos al 31 de diciembre de 2005, lo que convierta en una fábula el traspaso del poder a los iraquíes. Las tropas yankis cercan Najaf con 2.500 hombres, violaron el alto el fuego, bombardearon con aviones y helicópteros provocando decenas de víctimas civiles, y con inaudito desparpajo anuncian su propósito de matar al líder chiíta Moqtar al-Sadr.
El crimen como política de Estado
Esto nos introduce a otro aspecto, común a la política de EEUU e Israel: el crimen como política de Estado, en lo que constituye la violación más descarada de la ley internacional y de las normas civilizadas. Sólo bajo el nazismo se vio algo semejante. Israel asesinó a misilazos el 22 de marzo al líder de Hamas, Ahmad Yassin, en un operativo supervisado por Sharon, el cual colmó de elogios a los criminales. De forma análoga masacraron el sábado en Gaza a su sucesor, Abdel Aziz Rantissi, y a sus colaboradores.
Lo que el mundo presenció a continuación colmó la capacidad de estupor e indignación: la glorificación del crimen. Sharon volvió a felicitar a los ejecutantes y dijo que los atentados continuarán. (A qué extremos llegaron las cosas, que José Levy se atrevió en la CNN a calificar el acto de asesinato). El plan de Sharon, apoyado por Bush, significaba perpetuar la ocupación de los territorios palestinos, pero ahora ha agregado que no se retirará hasta no haber matado al último integrante de Hamas. Con el agregado de que amenaza perseguir a sus nuevos líderes hasta Siria y otros países. Esto ya lo hicieron en el pasado, montando operativos de este tipo en Jordania (donde fracasaron) y en el Líbano.
La extensión de la guerra
Estamos ante el peligro de extensión de la guerra hasta los demás países de la región. Y mientras el rechazo a la actuación de Israel se extiende por el mundo, de los países árabes al Papa, de Romano Prodi a los gobiernos europeos, Gran Bretaña incluida; cuando la Comisión de Derechos Humanos de la ONU condena en Ginebra a Israel por violación de los DDHH del pueblo palestino (pero esto no se difunde, sólo hay espacio para la infame maniobra de EEUU, secundado por Honduras y México, contra Cuba), salen a la pantalla diplomáticos israelíes en Washington a justificar el crimen, en tono soberbio; y el viceprimer ministro israelí Ehud Olmert anuncia impávido que la misma suerte le espera a Arafat. *
Te recomendamos
¿mesías?
Milei rendirá tributo al mesiánico Rebe de Lubavitch, que predicaba supremacismo racial judío
Desde proclamarse mesías y decir que los judíos son la raza superior hasta los escándalos de pederastia encubiertos por la organización: este es el movimiento al cual Javier Milei rendirá tributo en el Palacio Libertad.
Compartí tu opinión con toda la comunidad