Murió la viuda del emperador Hirohito
Tokio, ANSA
La emperatriz madre Nagako, viuda del difunto emperador japonés Hirohito, murió ayer en Tokio a la edad de 97 años.
Desaparece así una protagonista y testigo de excepción de más de 60 años de historia del Japón, entre ellos la renuncia por parte del soberano a su presunta naturaleza divina, tras la Segunda Guerra Mundial.
Nagako nació en 1903. Hija del príncipe y de la princesa Chikako, la cual a su vez descendía de un importante clan feudal del sudoeste del país.
Cuando aún no tenía 15 años, en 1918, fue elegida como esposa del entonces príncipe heredero Hirohito.
Después de cinco años de severa formación, basada entre otras cosas en el aprendizaje de historia, francés, composiciones florales y tejido a mano, la princesa se casó con el futuro emperador en 1924 y dos años después fue emperatriz, cuando su marido subió al trono a la muerte de su padre, Taisho.
La emperatriz tuvo siete hijos. Pero fue recién después del nacimiento de cuatro mujeres que, en 1933 dio a luz al primer varón y heredero del trono, el actual emperador Akihito.
Siguieron los terribles años de la guerra, la destrucción de Tokio bajo intensos bombardeos, las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, hasta que, el 15 de agosto de 1945, el soberano habló por radio para anunciar la rendición de Japón.
Cuatro meses después, Hirohito hizo un anuncio que causó conmoción en la población: admitió que es un común mortal. No más una divinidad como imponía la tradición, ni «sagrado e inviolable», como recitaba la Constitución prebélica.
A la muerte del soberano en 1989, Nagako relató el momento en el cual el marido se le presentó delante, tras el anuncio al pueblo. «¿Me encuentras cambiado?», le preguntó. Y ella respondió con un simple «no».
En la posguerra la emperatriz se hizo conocer en el exterior por dos viajes realizados con el marido, el primero en 1971 a siete países europeos y el segundo a Estados Unidos, cuatro años más tarde.
Con el seudónimo «To-en» (Jardín de los duraznos), la emperatriz realizó una serie de pinturas con la tradicional técnica japonesa, especializándose en los paisajes y en las naturalezas muertas.
En 1971 regaló a la reina Isabel II un cuadro, durante su visita a Inglaterra.
Ante la noticia de la muerte de Nagako, el primer ministro Yoshiro Mori interrumpió su campaña electoral y volvió a Tokio.
Fuentes del gobierno dijeron que el funeral, con rito sintoísta, se celebrará dentro de seis semanas, después de la cumbre del G8 programada en Okinawa del 21 al 23 de julio.
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