La derecha golpea a Kirchner con el tema de la Seguridad

Leyes más duras o el carro delante del caballo

Aunque él cree que marcó el tiempo de los legisladores, que en una secuencia que recuerda la opereta «El Congreso Baila», aprobaron sin rigor técnico, normas con mayor represión injertadas en el Código Penal, de hecho se convirtió en el vehículo de la derecha para golpear al gobierno.

Los legisladores han puesto el carro delante del caballo, como si no supieran que está en juego enfrentar la coyunda entre policías y jueces corruptos aliados a caciques políticos que no se sentirán ni rozados por las nuevas normas que, en el mejor de los casos, disuadirán delitos menores.

Las estadísticas son contundentes: cada año, de los últimos, el Parlamento votó más dureza en las leyes pero los secuestros extorsivos conocidos han crecido geométricamente.

En algún momento la reacción fue frente al asesinato de uniformados, en otros cuando policías bravas matan a jóvenes; en todo caso, ninguna norma por más draconiana que fuera, sirvió para morigerar, sobre todo en el Gran Buenos Aires, la inseguridad.

Vale la pena recordar que meses atrás cuando lo terrible pasaba por los robos de automóviles seguidos de muerte, la decisión de poner la daga en los desarmaderos y el control de negocios de vehículos y piezas, acabó virtualmente con la llaga.

Las bandas que sintieron el aliento en sus nucas y cambiaron de rubro: de los autos a los secuestros extorsivos. Es el caso Axel.

Pero el Parlamento, con el aporte casi unánime de peronistas y radicales, bailaron con la derecha (que no necesita que la acicateen): corrieron detrás de las exigencias del padre del joven Axel que durante el multitudinario mitin que lo acompañó en su dolor propuso un digesto para terminar con la inseguridad que recoge el ánimo que sobre el tema, desde siempre, es el que defienden los conservadores.

 

El uso de Blumberg

En este caso, el padre coraje recoge el apoyo ideológico del ex gobernador bonaerense, Carlos Federico Ruckauf, y de su ex ministro de Justicia, Jorge Casanova, ambos legisladores, que en la sesión del pasado jueves donde la Cámara baja aprobó algunas modificaciones al Código Penal, fueron los que impusieron el discurso mayoritario.

El padre de Axel para que no lo confundan, se separó de esos diputados. Y obispos que sostuvieron a Blumberg optaron por dar un paso al costado.

Es cierto que Ruckauf quiso que se discutiera toda la petición de Blumberg, que recibe apoyos masivos con firmas que ayudan a recoger los medios comunicación menos pluralistas y que el peronismo lo acotó.

Mas ello no modifica el criterio de que en la lucha cultural sobre el asunto, donde se enfrentan concepciones diferentes, la derecha gana la delantera.

Peor aún: el oficialismo cerró el debate impidiendo que hablaran diputados de bloques pequeños de diversos tono de izquierda, que puede ser un precedente ominoso si pretende imponerse para el futuro.

¿Qué hizo Kirchner en esta emergencia? Dejó hacer porque no quiso confrontar con Blumberg que se convirtió en la voz de lo que habitualmente se considera como «mayoría silenciosa».

Es esa que emergió en el gran mitin de hace 10 días y que al menos modificó la agenda pública.

Hay varias lecturas que hacer. Una de ellas podría interpretarse como la vendetta del peronismo ortodoxo contra el Presidente que les soltó la mano cuando se concretó el histórico acto de transformar la Escuela Mecánica de la Armada en un Museo de la Memoria.

Entonces, una actitud sectaria de la dirigente de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, vetando la presencia de peronistas de su desagrado, no recibió el equilibrio aguardado del Presidente.

 

Lecturas

Hay otra lectura más dura aún: si el discurso de Kirchner en esa ocasión, que recibió más críticas que respaldos por haberse proclamado fundador de la lucha contra la impunidad, actitud sectaria e históricamente incorrecta, no fastidió a millones de ciudadanos que lo ven más preocupado en combatir la impunidad del pasado que la que surge cotidianamente.

¿Tiene Kirchner una actitud pasiva? Claramente, no.

El discurso de su esposa, la senadora Cristina Fernández, en el debate de la Cámara alta, revela que el pensamiento del kirchnerismo frente a las amenazas que lo acechan, es progresista e intenta orientar la situación encarando el fondo de la cuestión: quebrar el espinazo entre la policía corrupta con jueces de idéntica filiación y caciques (que son del peronismo bonaerense).

El Presidente le ha prometido al gobernador bonaerense Felipe Solá todo el respaldo necesario si acepta encabezar esa orientación. La designación como secretario de Seguridad bonaerense de León Arslanián, marcha en esa dirección pero habrá que ver que pasa. Res non verba.

Arslanián, que fue uno de los magistrados que condenaron a los cabecillas del terrorismo de Estado, fue también ministro de Justicia de Carlos Menem y ocupó el cargo al que ahora retorna entre 1998/99, donde impulsó una avanzada reforma de la policía bonaerense que el entonces gobernador, Eduardo Duhalde, avaló.

Pero, genio y figura, al fin, cuando su candidato a sucederlo, Ruckauf, debía enfrentar a la progresista Graciela Fernández Meijide en tiempos que la Alianza era una promesa, se puso del lado del hoy legislador nacional y su discurso de «meter bala a los delincuentes».

Ya es historia pero que se reitera: Ruckauf aplicó hasta el caracú su filosofía, llevando a Dráculas de la política, como el ex teniente coronel Aldo Rico, para implementarlas, pero no sólo la inseguridad siguió trepando sino que este personaje tan singular buscó el atajo del derrumbe de Fernando de la Rúa a fines del 2001, para dejar la provincia y cobijarse en la cancillería protegido por Duhalde.

 

El papel de Duhalde

Llegamos una vez más a un hombre clave: Duhalde. Arslanián sólo aceptó la propuesta de Solá cuando Duhalde primero y Kirchner más tarde, le dieron su aval. Con el caudillo bonaerense tenía, Arslanián, los puentes quebrados por haberlo abandonado en 1999 y es del caso preguntarse si no volverá a hacer lo mismo si el ex juez y abogado de fuste no consigue romper la trenza política-policial-judicial y penitenciaria.

Es que para semejante trabajo, digno de Hércules, Arslanián (Solá, claro, Kirchner detrás, obvio) hay que debilitar el poder de los caciques que históricamente, desde las comunas del Gran Buenos Aires, han sido el soporte de Duhalde. Por ellos, entre otras cosas, llegó a la Presidencia en los días de semianarquía, en tiempos del default de la deuda privada, la devaluación más cruel que se recuerde y la consigna de que «se vayan todos» que el ex gobernador manejó con pericia, sin duda, y permitió más tarde a Kirchner llegar donde está ahora.

Es probable que la idea de Arslanián de comenzar la faena creando una nueva policía para los 14 distritos del Gran Buenos Aires, los más populosos, comenzando desde Cero, sea parte del plan sobre seguridad que implementan Kirchner y su ministro de Justicia, Gustavo Béliz. En esa idea, a la bonaerense se le achicarán los espacios y la relegarán hacia el interior de la provincia más importante del país.

 

Dos caminos, dos políticas

De aquí en más hay dos perspectivas en el nuevo escenario creado por la tenacidad de Blumberg: o él con sus nuevos aliados, consciente o no, sigue imponiendo el ritmo, que no es otro que lo antiguo vestido de novedad o prevalece la política de ir al fondo de la cuestión, iniciando con esa transformación radical de la policía que requerirá de acciones concretas contra jueces corruptos y cambios sustanciales al régimen penitenciario, d
onde operan algunas de las bandas más temibles. Blumberg criticó la designación de Arslanián, pero no se sabe si sus preferencias hubieran estado por otro más avanzado o más conservador. Dijo no, y algunos lo interpretan como un veto y no faltó el buey corneta que se sumó a la crítica. Ahora evalúa si tiene la posibilidad de reunir una vez más a una multitud, emprendiéndola contra los jueces.

Es razonable: son escasos los delitos que llegan a sentencia. Pero conviene recordar que Kirchner, en esa materia es donde más ha puesto en escalpelo aunque falte mucho.

Algunos partidos de izquierda histórica hicieron acto de presencia con sus propias consignas en ese mitin que llevó a Blumberg a un liderazgo imprevisto.

No lo lograron, como se ve, aunque el orador de esa jornada, el padre dolido, frenó consignar autoritarias. Inexplicablemente, el canal 7, que es estatal, desconoció el mitin como si estallara una conciencia intima de desagrado ante el «advenedizo»: no se sabe cuando cala esa sensación en el propio gobierno.

Lo acertado hubiera sido poner cámaras por doquier y que sus periodistas le dieran contenido propio a la situación. Como hizo la derecha.

 

El síndrome de Ptolomeo

El sayo le cae también al progresismo pero particularmente a las organizaciones de derechos humanos que no hacen sentir sus propuestas frente a un problema que no es solo fabricado por los medios. La izquierda supone siempre que cualquier reforma al Código Penal está dirigida contra ella, o a la idea de que se quiere reprimir la revolución. O el conflicto social (aunque hay normas enfiladas allí).

Y esa presunción que se le teme, que es la única enemigo del poder real, la aleja de las masas, la inhibe a mirar qué ocurre y pelearle a la derecha la gran batalla cultural y política que ahora alcanza niveles inéditos. Es el viejo síndrome de Ptolomeo, creerse el centro de todo. La derecha no encontraba por dónde confrontar con Kirchner. Repudia su política militar o judicial pero no pudo hacer nada. Es partidaria de pagar la deuda externa sin titubeos y no gusta de confrontar con el FMI, como lo hace el Presidente: estaba aislada.

Encontró el Talón de Aquiles del gobierno y del espacio de centro izquierda. ¿A quién seguirá la sociedad? En el eslabón más débil, la derecha espera tirar de la cadena que las devuelva al poder. La izquierda y el progresismo, ¿entienden de qué se trata? *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje