El presidente Bush estaba advertido sobre los ataques terroristas de Al Qaeda

El informe secreto del 9/11

Bush había sido advertido más de un mes antes de los ataques del 11 de setiembre que los seguidores de Bin Laden planeaban atentados dentro de Estados Unidos con explosivos y el secuestro de aviones civiles, según el documento al que aludió tangencialmente la consejera de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Condoleezza Rice, el jueves, ante la Comisión Investigadora de esos ataques contra Nueva York y Washington.

Pero sólo fragmentaria y gradualmente, desde el viernes se conocen los pormenores de la amenaza puntual que le transmitieron varios informes de las agencias de inteligencia y que, según Rice, optó por relativizar, al anunciar que delinearía una «estrategia anti-terrorista», en vez de responder con ataques cada una de las amenazas.

La propia Rice, quien defendió con uñas y dientes al jefe de la Casa Blanca, dijo el jueves que «no existía la solución mágica (‘Bullet Silver’) para contrarrestar ese ataque», al definirlo como ambiguo, impreciso y parte de las decenas y decenas de alertas que se recibían en los últimos años.

Bush recibió la advertencia en un informe secreto en su rancho de Crawford (Texas), el 6 de agosto de 2001, y un reporte de un comité conjunto del Congreso aludió el año pasado a ese informe sobre la amenaza concreta que más de un mes antes notificó al jefe de la Casa Blanca de los planes de fundamentalistas islámicos.

Fue en víspera de su participación en la Cumbre del Grupo de los Siete, en Génova, cuando a causa de una amenaza de ataque similar con aviones civiles contra la residencia de Bush en Italia -por indicación del presidente egipcio Hosni Mubarak y de líderes euroccidentales- fueron cerrados los cielos de Francia, Italia, Suiza yAustria.

El informe contradice ahora la afirmación de la Casa Blanca de que se trató de una amenaza de naturaleza «histórica» de la red Al-Qaeda y que la Casa Blanca tenía pocos motivos para pensar en ataques de la banda de Bin Laden dentro de territorio norteamericano. Ahora, la comisión investigadora independiente de los atentados del 11 de setiembre que con la destrucción de las torres gemelas del World Trade Center, en Nueva York, y la voladura de un ala del Pentágono, en Washington, causó más de 3.000 muertos, reclamó que se haga público el informe del 6 de agosto de 2001.

En el informe, que algunas fuentes hicieron llegar en voz a la prensa, se mencionan los esfuerzos de agentes de Al Qaeda desde 1997 para atacar territorio norteamericano. Señala que tales agentes tenían una estructura de apoyo en Estados Unidos y que exponentes de inteligencia tenían «información no corroborada» de que Bin Laden «quería secuestrar aviones» para poder liberar a extremistas prisioneros. También precisa que exponentes de inteligencia recibieron información en mayo de 2001, más de tres meses antes, que señalaba «a un grupo de seguidores de Bin Laden que planeaba ataques con explosivos en Estados Unidos». La Casa Blanca informó además en las últimas horas que dos meses antes del 11 de setiembre instruyó al FBI, la policía federal, para que elevara sus investigaciones sobre sospechosos de terrorismo dentro de Estados Unidos, pero no está en claro qué tipo de acción realizó esa agencia, y si efectivamente cumplió alguna.

En efecto, ese verano (boreal) de 2001, el FBI y las otras agencias gubernamentales vieron cadenas de amenazas, y se sintieron enormemente aliviados cuando lograron pasar sin novedades la celebración del 4 de julio. El presidente George Bush, que se repostula para las elecciones de noviembre, enfrenta ahora un serio abismo político, al que no lo está empujando precisamente su rival demócrata, John Kerry. Las nuevas dudas sobre su política para contrarrestar las amenazas de atentados durante los ocho meses que precedieron la fatídica fecha del 11 de setiembre, se agudizaron con la aparición estelar del ex jefe de antiterrorismo del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Richard Clarke. El ex funcionario acusó a Bush de haber trazado una agenda orientada a Irak, en vez de la amenaza que, según dijo que le habían advertido, se cernía sobre el propio territorio de Estados Unidos.

Ayer, un editorial del Financial Times afirma que el criterio de los votantes sobre el juicio de Bush es decisivo para las elecciones.

«Lejos de la discusión puntual sobre la pasada decisión política, este debate va hacia el corazón de lo que debiera ser el tema central para los norteamericanos en noviembre: el juicio de Bush y la validez de su afirmación de que su conducta en la guerra contra el terrorismo hizo más seguro a Estados Unidos», expresó el diario. *

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