Los ocupantes no saben cómo salir ni los invadidos cómo seguir

Los ataques contra civiles extranjeros en Irak y la violenta rebelión contra la ocupación militar estadounidense amenazan los planes de Naciones Unidas (ONU) para estabilizar el país y celebrar elecciones en todo su territorio en el próximo mes de enero.

La situación en Irak está empeorando a tal grado que la ONU se niega, por razones de seguridad, a brindar información sobre las actividades del equipo del foro mundial comandado por el ex canciller argelino Lakdhar Brahimi, que llegó a la zona de conflicto.

El grupo de Brahimi realiza consultas a académicos, activistas de derechos humanos, líderes religiosos, sindicalistas y miembros del Consejo de Gobierno Iraquí designado por Estados Unidos sobre una propuesta de elecciones generales previstas para el próximo año.

«La ONU vislumbra la devolución de la soberanía a Irak como el primer paso para salir del túnel oscuro en el que el país entró hace mucho tiempo», dijo Brahimi, al tiempo que se lamentaba «con gran dolor y pena, por los sangrientos acontecimientos que estamos presenciando en varias partes de Irak». Informes procedentes de Irak indican que en la rebelión están involucrados iraquíes de todas las extracciones étnicas y religiosas. Integrantes de la mayoritaria corriente religiosa del Islam chiíta y de la minoritaria sunnita lanzan ataques coordinados contra la potencia ocupante. El único refugio seguro de las fuerzas estadounidenses es, al parecer, la región autónoma kurda, en el norte, cerca del vecino Irán.

Algunos analistas políticos ponen de relieve este acercamiento de sunnitas y chiítas tras el inicio de la ofensiva norteamericana contra la ciudad sunnita de Faluja, al oeste de Bagdad.

El analista político iraquí Zafer Al-Eini afirmó al canal de televisión satelital qatarí Al-Jazira que «los chiítas y los sunnitas se unen por primera vez».

Mustafá Olwi, profesor egipcio en la Facultad de Economía y Ciencias Políticas en El Cairo, subrayó que «la ofensiva contra Faluja no hace más que reforzar el sentimiento nacional iraquí contra la ocupación».

Pero la división es notoria entre el jefe radical chiíta Moqtada Sadr y otros líderes religiosos partidarios del diálogo con los ocupantes. Arabia Saudita, Emiratos Arabes Unidos, Kuwait, Qatar, Bahrein y Omán, hicieron un llamamiento «a todas las partes implicadas a un cese inmediato de los actos de violencia». Exhortaron a los iraquíes a «privilegiar el interés nacional sobre toda otra consideración» y a las fuerzas de ocupación a «asumir plenamente sus responsabilidades para garantizar la seguridad» del país. Por otra parte, la organización árabe de Derechos Humanos denunció lo que calificó de «masacres perpetradas por las fuerzas de ocupación norteamericana contra los civiles iraquíes», estimando que se trata de «crímenes de guerra». En El Cairo, el secretario general de la Liga Arabe, Amr Mussa, declaró que su organización estaba preparada para ser sede de reuniones entre «las fuerzas y dirigentes iraquíes (…), y la ONU, los europeos y todos aquellos que quieran escuchar los que desean los iraquíes».

Funcionarios del foro mundial admitieron que los planes de la ONU de celebrar elecciones en enero están aún prendidos con alfileres. «Pero debemos trabajar bajo el supuesto de que las cosas mejorarán hasta enero», opinaron.

El ex portavoz del foro mundial en Irak, Salim Lone, declaró a Ia prensa que no creía que ningún funcionario de la ONU deba estar ahora en Irak. Lone resultó herido en el atentado de agosto pasado en que murió el subsecretario general de la ONU, Sergio Vieira de Mello.

Los funcionarios extranjeros de la organización se retiraron entonces de Irak. Para Lone, sería «un horrible error» que los trabajadores del foro mundial regresaran a Irak «cuando la situación de seguridad es infinitamente peor de lo que era en agosto». Además, agregó, «aparecen ahora críticas públicas a la ONU de figuras iraquíes, como el Ayatola Al al-Sistani», uno de los más poderosos clérigos chiítas. Sistani manifestó su desilusión ante la negativa de la ONU a apoyar su propuesta de celebración de elecciones nacionales a fines de junio, tras el traspaso del poder de coalición encabezada por Washington a los iraquíes. Un equipo de expertos de la ONU en materia electoral que visitaron Irak el mes pasado concluyeron que la propuesta no era logísticamente factible.

Los iraquíes también suelen manifestar resentimiento frente a la ONU por los 13 años de sanciones económicas dispuestas por el Consejo de Seguridad tras la invasión de Kuwait en agosto de 1990 y tras la guerra del Golfo de 1991.

«La incapacidad de la ONU de jugar un papel aunque sea pequeño como mediador para reducir la espiral de violencia refleja la aguda crisis de la política del foro mundial hacia Irak», dijo Lone.

«Somos percibidos como alineados con la Autoridad Provisional de la Coalición encabezada por Estados Unidos y el Consejo de Gobierno Iraquí, vistos por la mayoría de los iraquíes como parte del problema», agregó.

Al rechazar la propuesta de Sistani, la ONU fue vista como acompañante de Estados Unidos, que advirtió que el próximo gobierno soberano de Irak no podría constituirse sobre la base de elecciones porque no había tiempo suficiente para realizarlas antes del 30 de junio, un plazo que se había impuesto el propio Washington.

Incluso, para muchos, el veterano diplomático argelino de 70 años es difícil que pueda dar visos de de independencia, ya que fue la propia Casa Blanca que le urgió a Kofi Annan a asignarle la tarea.

Pero Estados Unidos aún no ha decidido quién tomará las riendas de Irak una vez que la Autoridad Provisional de la coalición encabezada por el administrador Paul Bremer se retire de la conducción del país árabe el 30 de junio.

Varios senadores estadounidenses advirtieron que una retirada en esa fecha sería prematura dada la frágil situación de seguridad y la posibilidad de una guerra civil. Pero el presidente George W. Bush teme que no cumplir con el plazo establecido lo perjudique frente al electorado en los comicios de noviembre, ante las crecientes críticas de los demócratas liderados por John Kerry, que ya comparan a Irak con Vietnam

El Consejo de Cooperación del Golfo y algunos países de la región advirtieron que un deterioro de la situación a partir de este momento podría conducir al «caos» o a una «guerra civil» en Irak. Los ministros de Relaciones Exteriores jordano, Marwan Moasher, y qatarí, Hamad Ben Jassem Al-Thani, manifestaron temer una «guerra civil» en Irak.

Más allá del odio coyuntural que sienten sunnitas y chiítas contra las fuerzas ocupantes, ellos tienen sus recíprocos odios y reconres de años de enfrentamientos religiosos y políticos, aumentados hoy por el espiral de violencia en una tierra sin ley. Muchos ya se aventuran a hablar de la desintegración de Irak y la constitución de tres nuevos Estados sobre la base de los grupos mayoritarios chiítas, sunnitas y kurdos, los cuales históricamente estuvieron enfrentados por sus respectivos proyectos.

El futuro es incierto e impredecible. Lo único seguro es que la violencia continuará, en mayor o menor grado. Los que ocuparon no saben cómo salir y los invadidos no saben cómo seguir. *

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