Un abrazo y tres besos históricos
Alberto Zanconato – Seúl, ANSA
«El día de la unificación vendrá, sin lugar a dudas, si el Norte y el Sur trabajan con la mente y el espíritu», dijo el líder surcoreano, Kim Dae Jung, en su discurso de despedida en el aeropuerto Sunan, antes de subir al avión que lo llevó a Seúl.
Sus palabras fueron reforzadas a continuación en el abrazo que se dieron ambos mandatarios, mientras cientos de coreanos agitaban con júbilo ramos de azaleas de papel rojas al grito de «manse» (viva).
El fervor, aunque organizado, fue al parecer más allá de lo conveniente, lo que pudo observarse cuando algunos guardianes empujaron hacia atrás a la multitud.
La voluntad de consolidar el camino de la unidad ya se había evidenciado poco antes, durante el almuerzo de despedida, cuando los dos Kim se tomaron las manos y entonaron una canción popular que dice «llegaremos a la unificación».
Efectivamente el tema de la reunificación fue el centro de la larga reunión que mantuvieron ayer por la tarde los dos líderes, según confirmó el vocero presidencial, Park Joon Young.
Al terminar las negociaciones se firmó un acuerdo que, entre otras cosas, alienta la reconciliación, la cooperación económica cultural y los reencuentros entre familias separadas por la frontera.
«De las 3 horas y 50 minutos que duró el coloquio 3 horas y 40 minutos fueron dedicados a intensas discusiones sobre los métodos de la reunificación», puntualizó Park.
El líder norcoreano –precisó el vocero– propuso una confederación con una autoridad central que tenga el control de las fuerzas armadas y la política exterior; mientras el surcoreano consideró necesario prever una forma de gobierno más libre y descentralizada para «facilitar las negociaciones con las organizaciones internacionales».
Finalmente Kim Dae Jung logró al parecer persuadir a su colega, aunque a su regreso a Seúl insistió nuevamente en la posibilidad de llegar a una reunificación.
El presidente, recibido triunfalmente en el aeropuerto por niños y mujeres que lucían atuendos tradicionales y agitaban banderas surcoreanas, dedicó varios minutos a saludar a decenas de personalidades y colaboradores que llegaron para recibirlo, mientras su esposa aparecía profundamente emocionada.
«Terminaron 50 años de hostilidades y surgió un nuevo día», fueron las palabras esperanzadas del presidente.
«Descendemos todos de nuestros 5.000 años de historia», afirmó Kim Dae Jung. Y hablando de la capital norcoreana, añadió: «Pyongyang es una de nuestras regiones. Esa gente es como nosotros, tiene las mismas esperanzas y ama al pueblo del sur».
Sin embargo, a pesar del entusiasmo que lo llevó a definir la cumbre como «el más grande acontecimiento de nuestra historia», el mandatario recordó los muchos problemas que siguen sin ser resueltos. «Este es sólo el principio, necesitamos paciencia y continuar trabajando juntos», añadió.
Desde el viernes comenzarán a tratarse en detalle las cuestiones a resolver, algunas sumamente complejas, según dio a entender Kim Dae Jung al hablar del problema-símbolo que afecta a millones de personas: la reunificación de las familias que quedaron separadas por la frontera del paralelo 38.
«No hemos definido los detalles –admitió el presidente– pero acordamos que es necesario hacer que se reúnan las familias. Si Corea del Norte lo permite, estamos listos para comenzar desde el 15 de agosto», fecha del aniversario de la liberación de la dominación japonesa.
Un portavoz del gobierno dijo que ya desde 1990, año de la reunificación alemana, se están realizando los preparativos para dicho acontecimiento.
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