Productos norteamericanos invaden supermercados de Cuba
Un paseo por cualquier supermercado de La Habana es una invitación a degustar platos norteamericanos, y más aún desde que Washington abrió el grifo a exportaciones «humanitarias» de alimentos a la isla, en diciembre de 2001, tras el devastador paso del huracán «Michelle».
Uvas, arroz, huevos, manzanas y pollos, entre otros productos, llegan a La Habana en barcos estadounidenses, desde 34 Estados norteamericanos, bajo un estricto control de pagos «cash», sin acceso a créditos ni facilidades de ninguna índole.
«Ciertamente hay una paradoja, pues ese país (Estados Unidos, ndr) regido por un gobierno «enemigo» se ha convertido hoy en el principal abastecedor de alimentos para Cuba», escribió en el último número de la revista Palabra Nueva, de la Arquidiócesis de La Habana, su director, Orlando Márquez, habitual portavoz de la Iglesia Católica cubana.
Los cubanos que manejan dólares un gran porcentaje de la población que recibe divisas en remesas de familiares en Miami o generan ingresos en esa moneda en la isla se acostumbraron a degustar pollos norteamericanos condimentados por salsas McIlHenny Co, como su especialidad en Tabasco, distribuidas por Avery Island y «Made in Usa».
Pero los pollos norteamericanos estarán ausentes por un tiempo prudencial de las góndolas cubanas ante los brotes de fiebre avícola detectados en granjas de Estados Unidos.
Por 1,25 dólar se adquieren spaguettis Mueller’s, presentados pomposamente como «The American Favorite Pasta», acompañados por ejemplo por una lata de Pepsi, de 60 centavos, elaborada por la Embotelladora La Mariposa SA de Guatemala bajo licencia de Pepsi Co, una «triangulación» prohibida por la «Ley Torricelli» que endureció el embargo en 1992.
Para quienes rechazan el gusto de Pepsi o en su variante con limón Pepsi Twist, las góndolas cubanas también ofrecen variedad de gaseosas «americanas» como su rival Coca Cola a la cabeza o las no menos conocidas Sprite, 7 Up o Fanta. Sus precios varían entre 55 y 50 centavos la lata.
Los bebés cubanos, alimentados durante generaciones a base de «puré de malanga», un tubérculo muy nutritivo que crece en toda la isla, pueden también deleitarse con los productos «Gerber» a precios que oscilan entre 55 a 65 centavos de dólar los envases más pequeños. Su origen: Novartis, de Costa Rica, bajo licencia Gerber Usa, otra prueba más de los mil agujeros de la derruida red lanzada contra Cuba a principios de los 60, que se tradujo en un bloqueo que lleva ya casi 43 años.
Para complementar, los niños también pueden acceder a los productos Quaker, hechos en Guatemala, a entre 2,45 y 2,70 dólares, para enojo de los seguidores del ex congresista estadounidense Robert Torricelli.
Este legislador fue el impulsor de la ley que lleva su nombre y que, en 1992, buscó a toda costa profundizar el bloqueo atacando las «triangulaciones» de productos norteamericanos a través de las subsidiarias en el exterior.
Es un secreto a voces que las autoridades cubanas crearon compañías en terceros países, especialmente en Panamá, cuyo único propósito fue, durante años, burlar el bloqueo a la isla, lo que ha conseguido con éxito a juzgar por las góndolas de los dolarizados mercados de La Habana.
Chiclet’s Adams a 50 centavos para los no fumadores, o cigarrillos mentolados More, a 2 dólares, para los fumadores, complementan el paseo por los supermercados en divisas.
En el sector perfumería, Torricelli y sus colegas también tendrían un gran dolor de cabeza: Talco Dr Schoolls, «Cool & Soothes», para pies acostumbrados a pedalear en épocas de escasez de gasolina y, para mejor, recomendados por la American Diabetes Association. Todo un símbolo en un país donde hoy, 43 años después de decretado el bloqueo, se puede escuchar en Radio Ciudad Habana un «separador» musical basado en el clásico de Bruce Springteen «Born in USA. *
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