La Iglesia y la colaboración con la dictadura
Roma, ANSA
El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina durante los años de la dictadura castrense (1976-83), monseñor Adolfo Tortolo, y otros miembros de la Iglesia de ese país fueron considerados colaboradores del régimen por testigos del juicio romano contra siete militares por la desaparición de ocho italianos.
«El almirante Luis María Mendía dijo en una reunión de oficiales en Puerto Belgrano que el método (arrojar secuestrados vivos y adormecidos con Pentotal al mar o al Río de la Plata, NDR.) contaba con la aprobación de la jerarquía de la Iglesia católica pues era una ‘muerte cristiana’, según me relató el ex capitán Adolfo Scilingo», explicó ayer en el juicio el periodista Horacio Verbitsky. El periodista también comentó que monseñor Tortolo en «un debate de la Conferencia Episcopal hizo una defensa de la tortura». Algunas horas antes el ex cónsul italiano en Buenos Aires, Enrico Calamai, había recordado que durante la dictadura el Nuncio Apostólico (del cual no dio el nombre) jugaba al tenis con el almirante Emilio Massera, comandante en jefe de la Armada y miembro de la Junta de gobierno.
Calamai dijo que si bien jugar al tenis no implica compartir ideas, «no hubo una actitud de condena por parte de la Iglesia».
Pero de inmediato expuso sus dudas al respecto con sombrío «no sé si podía haberla». «El Nuncio es el embajador de la Santa Sede y no actúa en base a reglas morales sino con reglas de diplomacia internacional…».
Por su parte, el ex capitán «rebelde» Julio César Urien dijo tajante: «el clero dio soporte religioso a la represión» de los años 76-83.
Cuando uno de los defensores de oficio de los militares imputados preguntó a Urien si «los capellanes conocían las torturas», contestó sin vacilar: «Sí».
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