Argentina: hasta las FFAA se sumarán a la crítica del pasado
En parte, por eso, en parte porque no fueron luchadores contra la dictadura, es que los gobernadores peronistas, que en un principio iban a ir a las rememoraciones, no estarán; acaso, además, para no sacarles protagonismo a las organizaciones de derechos y humanos y al propio presidente.
En esta ocasión, las recordaciones no sólo estarán a cargo de las organizaciones de derechos humanos, sino que, desde Néstor Kirchner para abajo, será una tarea del gobierno, pero también el día no pasará desapercibido, con aires autocríticos, en las unidades militares. Por caso, en el Colegio Militar, Kirchner retirará personalmente los retratos de dos de sus ex directores que tuvieron cargos claves durante la dictadura: los ex presidentes militares Jorge Videla y Reynaldo Bignone, actualmente detenidos y procesados con cargos tan duros como la apropiación de bebés en cautiverio.
Este próximo miércoles, Kirchner hará el anuncio formal sobre el futuro de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde en su casino de oficiales se levantará un Museo de la Memoria, cuyos alcances serán más tarde debatidos, y las 16 hectáreas del predio no contarán en el futuro con la presencia de institutos militares. Se los trasladará a otros lugares, y ni marinos ni personal civil perderán sus puestos de trabajo.
La visita de Kirchner el viernes a la ESMA, junto con sobrevivientes del terror, que sintieron la presencia de los que ya no están (unos cinco mil), tuvo algún sobresalto por la actitud reticente de un contraalmirante que, inmediatamente, fue pasado a retiro.
Los actos de recuerdo
En el acto del miércoles al mediodía, después de la comentada ceremonia en el Colegio Militar, habrá una concentración a la que adhieren numerosos sectores, y, cerca del anochecer, otra movilización cubrirá la Plaza de Mayo con consignas vinculadas a la jornada y reclamos políticos diferenciados de la orientación gubernamental.
Hoy, en Puerto Belgrano, la mayor base naval del país, el jefe de la Marina de Guerra, almirante Jorge Godoy, ratificará la línea de autocrítica sobre el papel de esa arma en la ESMA y sobre el terrorismo de Estado.
En el marco de la anulación de indultos y de leyes que protegieron la impunidad a violadores de derechos humanos que ahora están detenidos y serán procesados, un proceso que tiende a profundizarse, va de suyo que la rememoración del golpe de Estado adquiere ribetes particulares.
La visita de Kirchner a la ESMA según Página/12
En su edición del sábado, el diario porteño Página/12 contó conmovedoramente la vuelta de los sobrevivientes de la ESMA al lugar acompañados por Kirchner y otros funcionarios. Lo que sigue son algunas partes de la crónica:
«Lo peor fue entrar en ‘Capucha’, el sitio donde los detenidos estaban con los ojos tapados por una especie de antifaz, tirados sobre colchonetas de gomaespuma, encadenados y engrillados. Allí se hizo silencio. ‘No éramos sólo nosotros. Sentimos la presencia de los que no están'», dice a Página/12 Ana Testa, una de las sobrevivientes de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), que regresó después de veinticuatro años al lugar en el que estuvo encerrada durante la última dictadura militar.
«Atravesar la reja fue difícil para todos. Pero, a la vez, fue sentir el reconocimiento oficial sobre el horror que vivieron. Durante el recorrido, el presidente Néstor Kirchner tomó del brazo a uno de los ex detenidos y le dijo: «Qué importante sería que toda la sociedad hubiese venido para que vea esto y pudiera entender lo que pasó en el país».
«Los sobrevivientes se encontraron en Casa de Gobierno para dirigirse a la ESMA. Pero poco antes se habían juntado en algunos cafés cercanos a Plaza de Mayo. Ahí empezaron a reconocerse. Era un acontecimiento para el que muchos no sabían si estaban preparados. Pero el estar juntos lo hizo posible. «En un momento hubo una diversidad de opiniones: si entrábamos con el micro al predio o si lo hacíamos caminando. Decidimos entrar caminando por el portón. Yo estaba nervioso, observándome a mí mismo para ver cómo reaccionaba. No asustado, no nervioso por temor, sino por ver cómo reaccionaba. Por momentos me agarraba una opresión. Pero estaban los compañeros, y eso fue clave», cuenta Víctor Basterra, quien estuvo en la ESMA por más de cuatro años y logró sacar de allí fotos que luego sirvieron para identificar a represores y reconocer víctimas. Eran unos treinta sobrevivientes y varios funcionarios».
Relatos de protagonistas
«La primera vez que entramos en la ESMA, lo hicimos encapuchados, éramos menos que un ser humano. Ahora, volver con el presidente es un reconocimiento del Estado de lo que el propio Estado hizo», señala Martín Grass. Adentro, todo parecía más chico. «Me llevé una sorpresa. Siempre veía el lugar tirado en el piso. Estuve siete meses tirado en el piso, y me parecía que era más grande. En el sector cuatro (el sótano) estaba Documentación, un escritorio, gavetas para guardar cosas, un pequeño espacio que conducía al laboratorio, la parte de los sellos, otra oficina y tres piecitas chicas donde entraban una cama y una silla para el tipo que te estaba dando ‘máquina’. También estaba el comedor, que nos parecía inmenso. Hoy la sensación era: ‘¿Acá entró todo eso?'», se sorprende Basterra. Porque eran más jóvenes, porque lo vieron todo desde el piso o porque aquellas paredes eran todo su mundo y trataban de que cada vez se hiciera más grande. Todos buscan razones, pero todos coinciden en que en sus recuerdos las dimensiones del sitio eran mayores.
«Los cuartos estaban cambiados, el sótano casi abandonado, algunos baños habían sido removidos, pero había ciertas marcas que hicieron que cada lugar fuera emergiendo tal y como había sido hace veintiocho años: la escalera que conducía a la rampa de la que salían los ‘vuelos de la muerte’, el cuarto donde estuvo secuestrada la monja francesa Renée Duquet, el lavadero donde corrían las ratas que se comían la comida de los presos y ‘la piecita’ donde estuvo secuestrada la dirigente montonera Norma Arrostito ‘Gaby'».
«El presidente era y no era uno más. Acompañó, se interesó y, a la vez, su presencia hacía que el esfuerzo que hacían los sobrevivientes por estar ahí se retribuyera en el acto de apropiarse del sitio en el que los militares de la última dictadura habían querido apropiarse de sus cuerpos». «El presidente estaba más cerca de Víctor (Basterra), de Mario Villani o Carlos Lordkipanidse, que fueron los que estuvieron más tiempo y pasaron por otros sectores en los que muchos de nosotros no estuvimos. Ellos le iban contando. Pero ante cada uno de los que nos brotaba la emoción o se nos caían las lágrimas, venía y lo sostenía, le palmeaba la cabeza o la espalda, pero no falsamente. Me da la sensación de que lo sintió como propio, y de hecho creo que no puede ser ajeno porque él es parte de esa generación. Creo que hasta me sentí amparada por el presidente. Lo que me molestaba era la custodia», dice Testa, un sobreviviente.
Un antes y un después
Dijo Aníbal Ibarra, jefe del Gobierno de la ciudad, que estuvo en este acto, que «esta postura del presidente de recorrer la ESMA junto a los sobrevivientes y convertirla en Museo de la Memoria va a marcar un antes y un después en una historia nefasta del país. Es un homenaje a todos los que fueron secuestrados y torturados aquí durante la dictadura», señaló.
«Después del atardecer, mientras se iba haciendo de noche, muchos de los ex detenidos sentían que era hora de irse. Volver a atravesar la reja, esta vez hacia la salida, fue otro reto. «Era una prueba, era atravesar un
espacio con muchos fantasmas interiores porque éste ha sido un campo con un grado de perversión altísima. Muchos decían que era como exorcizarnos. Era salir por nuestros propios medios y encontrar gente afuera que nos estaba esperando. En aquella época a veces salíamos y entrábamos, y era horrible la sensación de que el afuera era otro mundo no enterado de lo que pasaba dentro», dice Aldini. *
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