El estallido étnico pone en riesgo la estabilidad de los Balcanes

Violencia en Kosovo: unos 31 muertos y 500 heridos

«Tenemos 31 víctimas y unos 500 heridos, entre ellos 61 policías y 35 soldados de la OTAN», indicó a la AFP la portavoz de la Minuk, Izabella Karlowicz.

Un balance anterior había informado de 22 muertos.

Cientos de serbios fueron evacuados por la Minuk y la Fuerza multinacional de la OTAN (KFOR) y decenas de casas serbias fueron incendiadas por una multitud de albaneses. Catorce iglesias y monasterios serbios ortodoxos, en su mayoría joyas de la arquitectura medieval, fueron demolidos, según la Iglesia ortodoxa.

Enfrentamientos entre albaneses y soldados de la KFOR, que intentan proteger a los serbios y sus propiedades en Kosovo, tuvieron lugar miércoles y jueves en localidades serbias de la provincia.

El estallido de violencia étnica en Kosovo pone en riesgo la estabilidad de los Balcanes y constituye en ese sentido una prueba tanto para la comunidad internacional, que administra esta provincia desde junio de 1999, como para el nuevo gobierno de Belgrado, que enfrenta un despertar nacionalista en su población.

La irrupción de una violencia que no se veía en Kosovo desde el final del conflicto armado de 1998-1999 entre las fuerzas serbias y los separatistas albaneses, dejó en menos de 24 horas un saldo de 22 muertos y 500 heridos de todas las partes implicadas (albaneses, serbios, fuerzas de la OTAN y la ONU), según un balance de Naciones Unidas.

La forma simultánea en la que miles de albaneses atacaron los enclaves serbios (cerca de 80.000 habitantes), neutralizando a los soldados de la fuerza multinacional de paz, hizo decir a más de un dirigente y analistas serbios que la violencia estuvo «planificada».

Los serbios afirmaron además que la comunidad internacional había fracasado en su misión tendiente a pacificar la provincia y lograr una convivencia armónica de las comunidades albanesa, mayoritaria, y serbia.

«Los acontecimientos demuestran un fiasco total de la misión internacional», dijo Rasim Ljajic, ministro serbio de Minorías, responsabilizando a Occidente por la crisis «que pone en riesgo la estabilidad de toda la región, si la Unión Europea y Estados unidos no reaccionan en forma rápida y resuelta».

Para este musulmán de Serbia, la violencia puso de relieve la fragilidad de la idea de un Kosovo multiétnico y demostró que «los albaneses no sólo quieren un Kosovo independiente, sino también un Kosovo étnicamente puro».

El analista Dusan Janjic estimó que la misión de la ONU (Minuk) y la fuerza de la OTAN (KFOR) no garantizaron correctamente «la seguridad» de los habitantes. Los albaneses, mayoría en la provincia, actúan desde siempre con el objetivo de concretar su vieja aspiración, la independencia, y quieren instalar su capital en Prizren (sur).

Pero desde el giro a derecha efectuado en Serbia en las legislativas de diciembre, la comunidad albanesa manifiesta una cierta impaciencia en su búsqueda.

El primer ministro serbio Vojislav Kostunica, un «nacionalista moderado», sólo pudo formar gobierno gracias al apoyo de los socialistas de Slobodan Milosevic, el hombre cuya política favoreció las guerras fratricidas de los años 90 en Croacia, Bosnia y Kosovo, provincia que Belgrado no controla desde 1999.

Tomislav Nikolic, el vicepresidente del ultranacionalista Partido Radical, que domina el parlamento serbio con 82 bancas sobre un total de 250, evocó el miércoles la posibilidad de «recurrir nuevamente a las armas para proteger a los serbios de Kosovo».

Nikolic tiene la posibilidad de convertirse en presidente de Serbia antes del próximo verano boreal.

Este jueves, en Belgrado, y en todas las grandes ciudades de Serbia, resonaban lemas de la era Milosevic: «Â¡No entregaremos Kosovo!», «Â¡A Kosovo!».

En Nis (sur), unos 5.000 estudiantes secundarios cantaban: «Â¡Degollemos a los albaneses para que dejen de existir!». *

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