El Caricom y la encrucijada haitiana
En una mesa redonda sobre Haití efectuada el martes en la Facultad de Humanidades en que me tocó participar junto al doctor Héctor Gros Espiell y la profesora Lucía Sala, el ex canciller reveló un hecho desconocido en nuestro país: leyó la reciente resolución de la ONU sobre Haití, que da por sentada la renuncia de Jean Bertrand-Aristide a la Presidencia, y a partir de esa circunstancia dispone el envío de una fuerza militar con determinados objetivos. Pero la premisa es falsa. Aristide no renunció, y ahora ha regresado a la región desde la República Centroafricana donde lo confinó un operativo conjunto franco-estadounidense el 29 de febrero. El 25 y 26 de este mes se reúne el Caricom para estudiar el reconocimiento o no del nuevo gobierno haitiano, impuesto de hecho por las tropas norteamericanas.
Una asombrosa resolución de la ONU
No tiene explicación que la ONU haya aceptado la tesis norteamericano-francesa, cuando existen todas las evidencias (véase nuestra nota del 3 de marzo) de que se trató de un secuestro, un golpe de Estado perpetrado por los marines, que lo sacaron de su residencia en Tabarre, lo llevaron al Palacio Presidencial, de allí al aeropuerto, lo retuvieron 20 horas incomunicado en un avión y lo desembarcaron en Bangui, capital de la República Centroafricana, «luego de intensas consultas y una perfecta combinación entre Francia y Estados Unidos», como dijo el canciller galo Dominique de Villepin. (De paso, las dos potencias limaban las diferencias que las enfrentaron por la invasión a Irak). Acaba de reiterarlo el presidente Chávez (con quien intentó comunicarse Aristide en el momento del secuestro, pero la comunicación se cortó). El mandatario venezolano ofreció asilo a Aristide, que está en Jamaica, y ayuda humanitaria que tanto necesita Haití, al tiempo que destacó el silencio ominoso de la OEA al respecto. Lo menos que puede decirse es que la pregonada «cláusula democrática» se ha ido al demonio.
A lo largo del mes siguieron los estallidos de violencia y los muertos en las calles, los choques de las bandas paramilitares y escuadrones de la muerte formados por los tontons-macoutes reciclados de Louis Jodel Chamblain y Guy Philippe (que pretendió nombrarse jefe de policía de Port-au-Prince) contra los partidarios de Aristide, que predominan en determinados barrios y reclaman su retorno. Las tropas desembarcadas en Haití, pertenecientes a EEUU, Francia, Canadá y Chile, han dejado que los haitianos se maten entre ellos, limitándose a resguardar sus embajadas y el Palacio Presidencial. En algunos casos se denunció que los marines mataron a civiles desarmados. Entraron en las zonas adictas al ex presidente para desarmar a sus habitantes, mientras las huestes de Guy Philippe conservan su armamento y su estructura. Brasil anunció su decisión de enviar un contingente de 1.100 efectivos y su aspiración a comandar las fuerzas extranjeras, pero su demanda ha caído en el vacío.
La movida del Caricom
En estas condiciones, se nombró presidente interino a Boniface Alexandre, titular de la Corte de Justicia, que en todo este período ha guardado un silencio sepulcral, y se trajo desde Miami a Gérard Latortue para investirlo como primer ministro. Entre gallos y medianoche éste acaba de nombrar un gabinete que de hecho ha sido digitado por los mandos militares extranjeros, sin consulta con las fuerzas políticas y sociales haitianas, ni menos con los sectores de la oposición civil, que sigue perseguida, desoída y en muchos casos clandestina. Latortue puso el grito en el cielo y retiró su embajador en Kingston porque Jamaica dio asilo a Aristide. Actuaba como una marioneta del gobierno de Washington, que rechazó la decisión del primer ministro jamaiquino Percival Patterson y trató de impedirla, enviando incluso una delegación a Bangui. Jamaica se niega a reconocer al nuevo gobierno haitiano, mientras EEUU y Francia presionan en la ONU por su reconocimiento.
El tema será discutido en la reunión del Caricom en Basseterre, capital de San Cristóbal-Nevis. El organismo está constituido por los países anglo-parlantes, a saber: Antigua, Barbados, Guyana, Jamaica (que ejerce la presidencia rotativa), Trinidad y Tobago, Anguila, Dominica, Granada, Montserrat, Santa Lucía, San Vicente y St. Kitts-Nevis. Los países francófonos están excluidos por constituir los «territorios de ultramar» de Francia.
Un peligroso precedente
En una reunión realizada en Kingston a comienzos de mes, los dirigentes del Caricom llamaron a la ONU a ordenar una investigación independiente sobre el relevo de Aristide, a lo que EEUU se opuso. Allí se subrayó que no se tolerará la expulsión de ningún gobierno electo en forma democrática y que la salida de Aristide «sienta un peligroso precedente». *
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