Kim Jong Il y Kim Dae a 55 años de la división de Corea

Un esperado apretón de manos en el paralelo 38

Seúl, ANSA

El clima de alegría aumentó en gran parte por la inesperada iniciativa del líder del Norte Kim Jong Il, quien decidió ir al aeropuerto a recibir personalmente a Kim Dae Jung.

Aunque el resultado de la cumbre no se verá hasta el jueves, los 70 millones de coreanos que viven por encima y por debajo del paralelo 38, que separa a las dos naciones, gozan de horas de euforia.

Los coreanos aplaudieron, lloraron y celebraron las imágenes del primer saludo entre los dos líderes en el aeropuerto de Pyongyang, que los surcoreanos pudieron ver a través de grandes pantallas instaladas en las calles de Seúl.

Estudiantes de varias universidades de la capital surcoreana se atrevieron incluso a izar en algunos edificios la bandera del Norte junto a la del Sur, pese a que ello está prohibido por ley.

La primera jornada de esta cumbre histórica comenzó a partir de las 8.15, hora local, cuando el presidente surcoreano abandonó su residencia para subir al avión que lo llevaría al Norte.

Miles de personas, con banderas surcoreanas, saludaron a Kim Dae Jung y a su mujer Lee Hee Ho a lo largo del recorrido hacia una base militar a las afueras de Seúl.

En el avión viajaron con el presidente y su mujer una delegación de 130 personas, 50 periodistas y dos perros de raza chindo llamados «paz» y «unificación», que Kim Dae Jung llevó como regalo de buena voluntad a su homólogo norcoreano.

Pyongyang está sólo a 180 kilómetros al norte de Seúl, pero para evitar pasar por la quizás frontera más militarizada del mundo, el aparato presidencial se desvió hacia el oeste, volando por encima del Mar Amarillo. Tras 50 minutos de vuelo, el avión del Sur aterrizó en el aeropuerto Sunan de Pyongyang, adonde arribó sorpresivamente Kim Jong Il.

El «querido líder» –como Corea del Norte llama a su presidente–, vestido con pantalón y una ligera chaqueta militar, se ubicó al pie de la escalerilla del avión.

Apenas salió del aparato, Kim Dae Jung miró primero hacia el enorme retrato del «gran líder» fundador de Corea del Norte Kim Il Sung que domina la terminal del aeropuerto de Pyongyang y luego bajó la escalerilla para saludar a Kim Jong Il.

Los dos Kim se saludaron estrechándose ambas manos, lo cual, para los coreanos, es una señal de gran respeto y el histórico apretón de manos fue recibido con fuertes aplausos. Luego, ambos mandatarios caminaron juntos a lo largo de la pista del aeropuerto, mientras la muchedumbre apiñada en el lugar agitaba ramos de flores de papel al grito de «manse» (viva).

Kim Jong Il hizo subir a su huésped a su limousine, una Lincoln Continental, y juntos dieron un breve paseo turístico por Pyongyang.

El cortejo se detuvo más tarde para permitir que una joven vestida con el traje típico coreano ofreciera a Kim Dae Jung un ramo de flores.

Ante las cámaras de televisión, Kim Jong Il dijo a su huésped: «Señor presidente, quería enseñarle nuestra ciudad y la vida aquí».

En total, el primer encuentro entre ambos presidentes duró 27 minutos y los dos afirmaron querer hacer de la cumbre un éxito. Luego, el «querido líder» norcoreano se retiró y Kim Dae Jung se reunió con el presidente de la Asamblea suprema del pueblo, Kim Yong Nam.

La primera jornada de la cumbre intercoreana terminó con un banquete que el presidente de la Asamblea ofreció al presidente surcoreano.

Kim Dae Jung brindó con Kim Yong Nam tras haber auspiciado, una vez más, la continuidad de un diálogo provechoso tendiente a la reunificación.

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