Análisis internacional

Haití ante la amenaza de un baño de sangre

La irrupción de nuevos grupos armados de paramilitares, continuadores de las peores fuerzas represivas del pasado, colocan a Haití ante la amenaza de un baño de sangre, mientras los organismos internacionales y regionales exhiben su inoperancia y EEUU quiere mantener a toda costa al dictador Aristide en su puesto. Este rechaza de plano el reclamo de su renuncia formulado por todas las fuerzas de la oposición unidas, partidos y movimientos sociales. En este cuadro las antiguas fuerzas represivas que se hicieron fuertes en el norte, y otras recién llegadas desde la Dominicana, amenazan con la guerra total y la toma de Puerto príncipe, donde las fuerzas de choque de Aristide reprimen las manifestaciones opositoras civiles y agreden a periodistas extranjeros.

Quiénes son los «salvadores»

Recordamos el sábado 21 que la invasión de 20 mil marines USA en 1994 volvió a Aristide a la presidencia de la cual había sido desalojado en el primer año de su mandato, en 1991, por el golpe de estado del general Raoul Cédras. En ese trienio el pueblo haitiano sufrió una brutal represión a cargo de grupos armados que se mantuvieron enquistados y ahora reaparecen.

Esas fuerzas participaron de la toma de Gonaives (la histórica ciudad donde Haití declaró su independencia hace dos siglos, en 1804, después que los esclavos derrotaron a los ejércitos napoleónicos), de Hinche y otras ciudades de la meseta central, y anunciaron su decisión de marchar sobre Puerto Príncipe. Están comandadas por Louis Jodel Chamblain y Guy Philippe. Chamblain era el Nº 2 del tristemente célebre grupo militar golpista que respondía al equívoco nombre de Frente Revolucionario para el Avance y el Progreso Haitiano (Fraph), muy activo en la represión durante el período dictatorial 1991-94, precisamente en Gonaives. Guy Philippe es un militar formado en Ecuador, que fungió como comisario de policía en una zona de Puerto príncipe, luego director de policía departamental en el norte, implicado en el tráfico de drogas y acusado de orquestar un golpe de estado en ocasión de las elecciones de 2000. Se refugió en República Dominicana, donde fue encarcelado y luego liberado por falta de pruebas. su nombre está asociado a operaciones militares en la meseta central.

Suzy Castor, eminente historiadora, dirigente de movimientos sociales y de las reivindicaciones de las mujeres, escribe: «Esto es asombroso en máximo grado. A ello nos ha conducido la política de Lavalas (el grupo de Aristide, que traicionó todas sus promesas) que desde su toma de poder en 1991 hizo todo por impedir la actuación de las masas populares del punto de vista político, jurídico y cultural, y por yugular los movimientos sociales. Estos son los resultados patéticos de la guerra sin merced que desde 2001 lleva a cabo el régimen de Aristide contra la población. Los verdugos de ayer posan como ‘salvadores’, preocupados por los derechos humanos»…

Por la destitución de Aristide

«Las poblaciones haitianas, y en particular las mujeres –afirma luego– llevan en su cuerpo las marcas dolorosas de la violencia terrible que caracterizó el golpe de estado de 1991-94. A ello se agregan las incesantes violaciones de los derechos ciudadanos desde el re torno al poder en 2001 de Aristide y su sistema mercenario, luego de elecciones fraudulentas». Un movimiento de contestación al régimen adquirió amplitud en 2002, creció más aún en 2003 y hoy atraviesa todas las capas de la sociedad. El movimiento reivindicativo abarca el conjunto de los partidos políticos de oposición, los diferentes agrupamientos ciudadanos, el movimiento estudiantil, femenino, sindical, campesino (con sus dos grandes formaciones). Este movimiento, esencialmente pacífico, caracterizó colectivamente al gobierno de Lavalas como fuera de la ley y busca, por diferentes medios pacíficos, obtener su destitución (De paso sea dicho, Aristide se hizo dueño de una mansión de un millón de dólares con dos piscinas. Represión y corrupción van de la mano).

Una distinción fundamental

Ahora bien: para mantenerse a flote, Aristide intenta poner en la misma bolsa a esta oposición civil en ascenso y víctima de la represión gubernamental, con el Frente de Resistencia anti-Aristide (Artibonite, que no es otra cosas que el ex «ejercicio caníbal») ahora con el agregado de los paramilitares de Fraph.

De esta suerte –advierte Suzy Castor– se intenta quitar legitimidad al poderoso movimiento de contestación civil. Más aún: aunque ahora estén reclamando la partido de Aristide (para ocupar su lugar), estos grupos represores son responsables de gravísimos daños causados a la población y deberán responder a su hora por sus crímenes, imperceptibles ante la nación. las organizaciones opositoras reafirman su fe en el carácter universal e indivisible de los Derechos de la Persona y rechazan toda impunidad. Dice el texto comentado: «Ayer las poblaciones haitianas estaban frente a los tontons-macoutes y a los grupos paramilitares, hoy enfrentan las bandas armadas y de sicarios: es otra cara del mismo fenómeno. Rechazamos estas prácticas inaceptables para que mañana podamos edificar un Estado de Derecho enraizado («chouke» en créole) en principios de justicia, equidad y respeto absoluto por la vida».

Movimientos en el tablero

EEUU envió un pequeño contingente militar para proteger sus connacionales y su Embajada. Colin Powell declaró que Aristide debe seguir hasta el fin del mandato en 2006. Un plan presentado por EEUU (por ahí anda Roger Noriega), el Cricom, la OEA, Francia y Alemania propone nombrar un Consejo provisorio que designe un primer ministro opositor, dejando a Aristide en su cargo, pero éste se niega a un recorte de su poder. El mencionado Guy Philippe y Butteur Métayer (jefe del Frente de Resistencia, ex «ejército caníbal») dice que se proponen conquistar Cap-Haitien, segunda ciudad del país, en el norte, para después avanzar sobre Puerto Príncipe. Mientras tanto, una crisis humanitaria y alimentaria se cierne sobre la población. *

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