Fidel Castro envió una carta de apoyo a la gestión del presidente argentino, Néstor Kirchner

Otro enfoque en la negociación con el FMI

Néstor Kirchner sostiene que debe llegar una señal de que la marcha del acuerdo va bien para que se haga ese desembolso con reservas de divisas. Como si fuera un diálogo de sordos, que no lo es, el Fondo sostiene que no hay condicionamientos y que Argentina debe girar lo que debe. Más tarde, si se da el visto bueno a la marcha del acuerdo, se reintegrarán las divisas.

El presidente no deja pasar momento alguno para recordarle al Fondo sus responsabilidades en la crisis, pero busca atenuar el diferendo satisfaciendo algunas de sus demandas. Dice que no renuncia a su objetivo de no permitir que la deuda externa perturbe el proceso de crecimiento actual con secuelas positivas sobre el mercado laboral.

En ese entendimiento se cae también la idea  que impulsó sobre todo el espacio de izquierda que mira con buenos ojos al gobierno  de llevar a cabo una consulta popular, una herramienta constitucional, sobre el asunto de la deuda. Por lo pronto, se sabe, el ministro de economía, Roberto Lavagna, le garantizó al titular del Fondo, Horst Köhler, días atrás en Miami, que no se pondría al organismo ni a los acreedores en la picota. Es que cualquier consulta sobre la deuda los dejaría muy mal parados.

También Lino Gutiérrez, el silencioso pero movedizo embajador norteamericano, que charla más de lo que se conoce con el talentoso canciller Rafael Bielsa, le pidió que transmita al presidente que dejara de instalar en el imaginario popular más bronca que la ganada con el sudor de su frente por el Fondo, los acreedores y los grandes grupos de intereses.

No es la primera vez que Gutiérrez, de origen cubano, se preocupa por el «estilo K», esa manera de hacer y polemizar del presidente que seduce a amplios sectores populares que se creen interpretados en sus aspiraciones, pero que pone nervioso a los más conservadores.

Los que quieren la consulta popular

El impulso de un referéndum sobre la deuda debería mirarse como parte del forcejeo dentro y fuera del gobierno alrededor de un asunto clave que estas semanas alcanza ribetes cuasi dramáticos. Por caso, Hebe de Bonafini, líder de Madres de Plaza de Mayo, le manifestó en carta pública al presidente «nuestra solidaridad y agradecimiento por la firmeza demostrada ante las exigencias del FMI y la banca extranjera. Hace más de 40 años que nuestra Patria no exhibe una actitud de dignidad y soberanía frente al imperialismo», señaló. Y reclama a los más diversos sectores que se pronuncien «ante el acoso del imperialismo y levantar la voz para defender la dignidad de la Nación Argentina».

Eso sí: Kirchner busca respaldo a su política frente al Fondo y la deuda por parte de partidos, organizaciones sociales o empresarios. De éstos, lo más granado vinculado al mercado interno acaba de darle aliento. De todas maneras, un movimiento de opinión está en marcha.

¿Instancia abierta o cerrada? Veamos. La presión externa llegó a su máximo nivel cuando el G7 (los países más poderosos) pidió a la Argentina que exhibiera voluntad para negociar con los acreedores, un llamado duro, sin duda, que obligó a Lavagna a volar a Miami a hablar extensamente con Köhler. ¿Su secuela? Más allá de que algunas decisiones de los últimos días estaban en carpeta, son medidas que están en la onda de las presiones.

¿Concesiones o una manera para negociar?

Analicémoslas. Primero, el gobierno dio a conocer la nómina de integrantes del «Sindicato de Bancos», que debe negociar con los tenedores de bonos de la deuda, entre ellos el norteamericano Merril Lynch. No es una designación cualquiera.

Este banco tiene su prontuario. Estuvo conectado con el escándalo del BCCI, del saudí Gaith Pharaon, lavador de dinero; fue un activo participante en las privatizaciones de los tiempos de Carlos Menem; es uno de los grandes colocadores de bonos de la deuda argentina, papeles que incluían la cláusula de renuncia a la inmunidad que hoy les permite a los jueces extranjeros inhibir y embargar activos argentinos en el exterior y es investigado en EEUU por la quiebra fraudulenta de Enron Inc., es decir, tiene lazos estrechos con el corazón del poder político norteamericano.

El anuncio del sindicato y que en dos meses se conocerá una propuesta afinada de pago, bajó la tensión real con el Fondo, pero rebanó al gobierno una carta  el factor tiempo, que le dicen , que acota los márgenes de negociación. Se supone que ninguno de los bancos hubiera aceptado sin contar con espacio para pulsear con los acreedores, cuya organización actual no acepta Lavagna: exige que los que van a charlar sobre acreencias, se inscriban en un registro especial.

Pueden ser argucias, pero lo real es saber si Kirchner se mantendrá, como sostiene en cada discurso, en no reducir la quita del 75%. Es que a partir de ese porcentaje hay variantes en el manejo de las tasas de interés de los nuevos bonos  sobre todo el vinculado al incremento del PBI  que se ofrecerán a cambio de los antiguos que pueden significar mayores erogaciones a las previstas.

Como la economía este año trepará por encima del 4% especificado en el presupuesto, no se descarta que ese 3% de superávit del PBI destinado a enfrentar el default  al ser en dinero mayor a los 4 mil millones de dólares pautados para ese fin  permita al gobierno aceptar una quita menor, aunque no por debajo del 70%, punto más, punto menos.

Hay de hecho una negociación en marcha donde los acreedores, si se excluye a los llamados «fondos buitres» que van por todo, deslizan una propuesta de una quita del 50%. Hoy por hoy, el 75% es el ideal, nada más.

Hay, entonces, cambios, matices si se quiere, más allá de las palabras. Con esa misma mirada deben analizarse los anunciados incrementos en el gas y la electricidad. En la práctica, ellos no alcanzarían a los usuarios porque lo pagarán los grandes consumidores. ¿Afectará o no la formación de precios? El gobierno afirma que no, pero la experiencia, dice lo contrario.

Otra política con las concesionarias de servicios

Hay novedades. Uno, acaba con la congelación de tarifas, no todas, con todas sus incidencias; y dos, se modifica la óptica de resolver los incrementos que se dijo podrían ocurrir después de que fueran revisados todos los contratos de concesión, lo que no es un pequeño detalle. Todo ordenado por decreto, lo que es de dudosa legalidad, y sin participación de usuarios y el Parlamento.

Con los anuncios, el ministro de economía cree que el FMI aprobará la marcha del acuerdo bilateral y que Kirchner no será desairado en su tesitura que sólo pagará con señales claras de que todo está OK. Son a todas luces concesiones que pueden mirarse como la lógica de toda negociación.

¿O quiere decir que Kirchner, como lo acusa la izquierda ortodoxa, y no ella sola, tiene un doble discurso? Las concesiones dependen de cómo afecten o no las promesas de un programa de mejora de la situación de los marginados y desocupados, si sirven para conseguir objetivos.

Sectores muy duros del espacio «piquetero» han anunciado nuevas movilizaciones que, en lugar de ampliarles la simpatía de otros sectores, incluido trabajadores u organizaciones de desocupados, les generan fastidio y un peligroso repudio creciente, como ocurrió con la semiocupación de instalaciones del Ministerio de Trabajo.

Habrá el jueves un nuevo turno de forcejeo con cortes de rutas en 90 puntos diferentes del país. En teoría están en juego 250 mil planes de ayuda a desocupados, que no se sabe a ciencia cierta si son bajas porque hay más puestos de trabajo o son recortes de gastos. O la derogación de la ley laboral que fue aprobada en el 2000 mediante coimas a senadores. En este aspecto, las tres centrales sindicales
consensuaron con el gobierno la nueva legislación que estudia el Parlamento.

El pliego de demandas inmediatas de los piqueteros duros son el vehículo para exigir romper con el FMI y no pagar la deuda, y forma parte de un proyecto de acumulación de fuerzas, porque están convencidos de que Kirchner habla lindo y actúa feo, y suponen que el futuro los espera como alternativa.

El desafío de la ultraizquierda

La política oficial es no reprimir y aislar paja de trigo. Con todo, la actitud es interpretada, y no sólo para la derecha intolerante, como muestra de debilidad. Lo real es que todo reclamo que estalla deriva en un corte de calles que, por momentos, convierten a zonas de la ciudad en un aquelarre y abre espacio a descontrolados o agentes provocadores.

Pero es sólo una parte de lo que ocurre. Kirchner ha sido muy bien recibido en concentraciones en el Gran Buenos Aires y en el interior del país donde la movilización fue impulsada por las más importantes organizaciones de piqueteros, que, aunque son críticos en aspectos de la política actual, han llegado a la conclusión de que no deben lijarle poder.

El p´residente sigue apostando fuerte a mantener independencia en política externa y en ahondar la democratización de la Justicia. Fidel Castro le envió una carta donde le da su respaldo y le pide que no tome como un compromiso ineludible viajar a La Habana, como se había anunciado, un texto que Kirchner recibió con gran alivio. Es que la postergación se leyó como una concesión a Washington.

Anuncios contra la impunidad llegan en cascadas. Se anticipó que serán indemnizadas las víctimas de represiones policiales y que en el futuro las instalaciones de la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) serán sede del Museo de la Memoria, por caso, en una línea donde sobresale la anulación de las leyes de impunidad. La izquierda ortodoxa las mira así: compensa concesiones en economía y en defecciones en política externa.

Kirchner defiende a capa y espada la designación como integrante de la Suprema Corte de Justicia de la juez Carmen Argibay, destacada jurista, atacada, entre otros, por la jerarquía eclesiástica porque es atea confesa y por defender la despenalización del aborto.

Es una brava controversia donde la derecha se suma para intentar lograr derrotar al presidente cuando el pliego sea tratado, en semanas, en el Senado Nacional.

Sea por los conservadores o por los ultraizquierdistas, el presidente surge como el objetivo. ¿Por qué, entonces, sus partidarios no movilizan a la opinión pública, aunque se irriten en el FMI? *

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