La primera persona que fue operada para retirarle una cabeza parásita unida a su cráneo

Muere niña bicéfala tras operación

Awilda Rebeca Hiciano «se mantuvo estable durante toda la cirugía», pero 12 horas después «perdió sus signos vitales», indicó el director de neurocirugía del Centro de Ortopedia y Especialidades de Cure Internacional, Benjamín Rivera.

En conferencia de prensa anoche los galenos anunciaron varios de los peligros que podía correr la niña: un edema cerebral (una inflamación por acumulación de líquidos) como consecuencia de haberse sometido a una intervención tan extensa; una infección o una hemorragia postoperatoria.

Explicaron que a partir de la una de la tarde, cuando comenzó el uso del bisturí, la masa parásita fue retirada por partes, disecándola en planos, luego de diferenciar cuál correspondía al cuerpo de Rebeca y cuál no.

«Se hizo lo que se llama una disección de planos. Se iba disecando, saturando y coagulando por partes hasta poder retirar toda la masa», afirmó el propio doctor Hazim.

Según el escueto informe médico, la niña murió por «problemas de coagulación».

Los padres de la niña oraron durante todo el proceso quirúrgico y postoperatorio, según dijeron familiares cercanos.

«Desde que descubrimos que Awilda Rebeca tenía ese problema nos preparamos psicológicamente para enfrentar la situación que se avecinaba y nos apoyamos en la fe que tenemos», afirmó Franklyn Martínez de 29 años, padre de la niña.

La pequeña Awilda Rebeca Hiciano, de apenas dos meses de nacida, se convirtió en la primera persona que fue intervenida quirúrgicamente para retirarle una cabeza parásita unida a su cráneo.

Sólo se conocen ocho casos similares y este es el segundo en que el bebé nace vivo.

Los médicos explicaron en conferencia de prensa que los cerebros estaban claramente diferenciados el uno del otro y no compartían masa encefálica.

Cuatro neurocirujanos e igual cantidad de anestesistas junto a otros 18 especialistas y asistentes maniobraron para retirar de la cabeza de Awilda Rebeca la masa encefálica que le ponía en riesgo de padecer complicaciones cardíacas posteriores debido a la demanda extra de sangre.

El órgano parásito, según los galenos que le atendieron, consumía probablemente hasta el 20 por ciento de la sangre de la niña.

Al frente del equipo médico estuvo el doctor Jorge Lazareff, de origen argentino y jefe de neurocirugía pediátrica del Centro Médico de la Universidad de California en Los Angeles, el mismo que operó con éxito a las siamesas guatemaltecas en agosto de 2002. Awilda Rebeca Martínez fue el segundo bebé del mundo que nació vivo con esa anormalidad anatómica. El otro caso que se conoce es el de un niño, cuyo cráneo se conserva en un museo de Gran Bretaña, que nació en 1780 en Bengala y trabajó en un circo hasta que a los cuatro año murió por una mordida de una cobra. *

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