El presidente cubano Fidel Castro desmintió rumores sobre su salud
«Este difunto todavía puede hablar. El difunto puede hacer planes, no está muerto», afirmó el jefe de Estado cubano en un discurso pronunciado durante la ceremonia de clausura del III Encuentro Regional de lucha contra el ALCA.
El estado de salud del líder cubano, que en agosto próximo cumplirá 78 años, fue objeto de numerosas especulaciones en las últimas semanas, sobre todo después de los comentarios del alcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, quien durante una reciente visita a Cuba afirmó que Fidel Castro parecía «muy enfermo» y «físicamente limitado».
Pero durante una alocución improvisada de más de cinco horas antes más de 1.000 delegados provenientes de 32 países de la región, el dirigente cubano, en el poder desde hace 45 años, se dedicó a mofarse de «aquellos que quieren que me muera pronto».
Mientras las tensiones entre Cuba y Estados Unidos, sin relaciones diplomáticas desde hace más de 40 años, no dejan de aumentar, Fidel Castro acusó al presidente estadounidense George W. Bush, de haber planificado su asesinato para hacer caer al régimen.
«Sabíamos que el señor Bush se había comprometido con la mafia de la Fundación Cubano Americana a asesinarme. Lo digo y lo acuso», dijo Castro, quien asegura que fue víctima de más de 600 intentos de asesinato desde su llegada al poder.
Con la carrera electoral como telón de fondo, particularmente en el estado de Florida, bastión del exilio anti-castrista, la administración estadounidense multiplicó las últimas semanas los ataques contra el gobierno comunista de la isla, acusado de querer desestabilizar algunos países de la región.
El subsecretario de Estado encargado de América Latina, Roger Noriega, hizo recientemente referencia a la preocupación de Washington por una posible «implicación cubana en el apoyo a elementos de diversos países que buscan desestabilizar a gobiernos democráticamente electos».
En lo que concierne al presidente Bush, quien creó una comisión especial sobre Cuba, llamó a los participantes en la reciente Cumbre extraordinaria de las Américas en Monterrey (México) «a trabajar por una transición rápida y pacífica» en la isla.
El presidente cubano dedicó una buena parte de su intervención a leer despachos de agencias y artículos de prensa que reproducen declaraciones «hostiles» al gobierno cubano, según él, emitidas por diferentes altos funcionarios estadounidenses.
El gobierno cubano multiplicó estas últimas semanas los ejercicios de preparación de la población ante la eventualidad de un ataque. Los cerca de 130.000 Comités de Defensa de la Revolución que existen en el país y organizaciones barriales fueron movilizados para aumentar «la vigilancia revolucionaria», mientras que el Ejército intensificó su preparación, «tanto en el terreno militar como en el de las ideas para disuadir al enemigo de (emprender) cualquier agresión». Para hacer frente a la «creciente agresividad del gobierno norteamericano y sus amenazas contra Cuba», el Parlamento cubano aprobó en diciembre un aumento del presupuesto de defensa para 2004, el que se había reducido en los últimos años.
El presidente cubano aseguró que no deseaba «bajo ningún concepto el costo de una guerra contra el imperialismo yanqui», pero advirtió que, pese a las presiones que recibe en forma constante desde Washington, «no cederemos ni un ápice de nuestros principios».
«Yo lo que les digo es que no pido sobrevivir a una guerra. Yo ya he hecho mi parte y la que me queda es la que me queda. Con armas en la mano, no me importa la forma en que muera, pero con seguridad que si nos invaden, moriré combatiendo», aseguró Castro, ovacionado por su auditorio. *
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