Existe un agujero negro en cada galaxia

Paolino Accolla Nueva York, ANSA

Las últimas observaciones astronómicas individualizaron con certeza por lo menos 33 agujeros negros, proporcionaron una serie de elementos que explican su naturaleza hasta ahora misteriosa y mostraron también que dichos agujeros se forman al mismo tiempo en las galaxias.

En el corazón de las mayores galaxias, explicó John Kormendy de la Universidad de Texas, existen aglomeraciones de alta densidad de estrellas en cuyo centro se encuentran los agujeros negros que pueden tener una masa similar más de mil millones de veces más grande que la del sol.

Los agujeros negros son más pequeños en las galaxias medias y en la Vía Láctea, la del sistema solar, existe una mayor cantidad de agujeros negros, pero el central tiene una masa de tres millones de veces la del sol.

En las galaxias menores de forma aplanada, o galaxias en forma de disco, no parece haber agujeros negros o tal vez sean demasiado pequeños para ser observados con los instrumentos actuales.

Los agujeros negros no se pueden observar directamente: tienen una masa tal que succiona todo, la luz incluida.

Su existencia era hasta hace poco tiempo teórica y no se sabía si primero nacía la galaxia o el agujero negro.

Mientras los participantes del congreso de la Asociación de Astronomía nacional de Rochester, Nueva York, discuten hoy el análisis de los últimos relevamientos, sobre todo los del telescopio espacial Hubble, Kormendy trata de explicar la formación simultánea de los agujeros negros y de las galaxias pero también de los quásar.

Para seguir la teoría elaborada por Kormendy con Karl Gebhardt de la Universidad de California de Santa Cruz y con Douglas Richstone de la Universidad de Michigan, hay que partir de la así llamada «semilla» de agujero negro.

Se trata de un punto en el espacio a elevadísima densidad que comienza a enviar a su interior todo cuanto está a su alrededor y que crece nutriéndose de la materia succionada.

Más crece el agujero negro, más aumenta la velocidad de la materia que influye también en el movimiento del resto de la galaxia.

La velocidad alcanza niveles tales que, cayendo en la vorágine de atracción del agujero negro, materia y estrellas pueden llegar a emitir poderosas radiaciones, creando un aureola de rayos X, gamma y luz en la región de espacio interesada: la luz así aprisionada explicaría los así llamados quásar.

Estas son las más poderosas fuentes de luz conocidas pero no son estrellas: el nombre significa «cuasi-estrella».

Estudiando la masa del agujero negro y sus radiaciones quásar se puede ahora reconstruir la historia de la galaxia determinando si es fruto de la colisión o de la fusión de formaciones galácticas anteriores.

Aún hay que explicar, aclara Kormendy, cómo en las galaxias en su estado primitivo se forma la «semilla» de agujero negro.

Pero si esto está presente en la galaxia joven, es lícito creer que su historia está de alguna forma vinculada desde el comienzo a la vida de la galaxia.

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