"La Familia" de Vladimir Putin aterrizó en el Kremlin
por Guillermo Israel
«Lo que le preocupa en primer término es la formación del aparato y del sistema como tal, que se basa en ideas claras para plenos poderes de los funcionarios y una cuidadosa selección de los cuadros. La economía, que se basa en un esquema sencillo, es postergada para más adelante».
La operación de aterrizaje de los «Peterburguenses» del equipo de Putin en Moscú, llamados así porque se formaron en las inmediaciones del presidente actual, que ha sido vicealcalde de la vieja capital rusa, era una clara señal para ubicarlos en puestos claves del gobierno. La mayoría de ellos tiene formación en los servicios secretos de la KGB y pasaron por el «Cambridge ruso», o sea la facultad de derecho de San Petersburgo, que ya en la época soviética era considerada como academia de la elite y forja de cuadros destinados a altos cargos estatales o del aparato del Partido Comunista. En sus aulas estudiaron en los años 70-80 el propio Vladimir Putin y sus eminencias grises, aspirantes todos ellos a puestos de gobierno, tras su jefe. Los más renombrados son Sergei Ivanov, Igor Setchin, German Gref y Vladimir Kochin y otros, que fueron ubicados en puestos decisivos del poder moscovita y que, sin duda, han de ejercer obedientemente y con disciplina la voluntad del presidente Vladimir Putin, afirman voceros periodísticos en la capital rusa.
La «Sagrada Familia», a cuyo frente estuvo casi diez años Boris Yeltsin, está políticamente muerta y su campo de acción se agotó. Se aplica en cierto sentido la conocida fórmula «muerto el rey, viva el rey», que traducido al terreno político de Rusia suena: «muerta la Sagrada Familia, viva la «Familia», la de Putin». Se trata por cierto de un colectivo conspirativo, que se valió del gobierno municipal de San Petersburgo para estabilizarse cuando se produjo la caída de la URSS y de la KGB, teniendo como protector a Anatoli Subtchak, intendente de la vieja capital zarista. El ascenso de los integrantes de la «familia» era vertical, pero particularmente para Igor Setchin, que de modesto maestro de idioma portugués pasó a ocupar el cargo de director suplente de la administración gubernamental de Putin, un puesto con casi ilimitadas posibilidades. Por sus manos pasaron cuestiones trascendentes, como los planes del presupuesto del gobierno y la correspondencia de Putin con Boris Yeltsin.
Ya en diciembre del año pasado, cuando para muchos Yeltsin se despidió sorpresivamente de sus funciones en el Kremlin, Setchin pasó a hacerse cargo del despacho personal de Putin. Esto fue interpretado, no sin razones, como una demostración de plena confianza y como un paso para desplazar a Alexander Wolochin, un hombre influyente de la «familia Yeltsin». Ha sido una medida, entre muchas otras, que demuestran que el nuevo presidente está dispuesto a terminar con el dominio de la «Sagrada Familia».
Otro integrante de la «familia» es Dimitri Medvediev, de tan solo 34 años, jefe del comando electoral de la campaña de Putin, especialista en derecho estatal y autor de la reorganización administrativa regional que no por casualidad coincide con la división militar del país. Delegados de especial confianza nombrados por Putin deben garantizar que la política de Moscú sea cumplida al pie de la letra, lo que equivale a la renuencia de la mayoría de las competencias: que estas regiones habían conquistado en dura pugna con el Kremlin. La nominación del general Víctor Kasanziev, actual jefe de la región militar de la región norte del Cáucaso, como jefe regional, no deja lugar a dudas acerca de la política de mano dura que piensa aplicar Putin en esta región tan conflictiva.
Al clan familiar de Putin pertenece también Sergei Ivanov, secretario del influyente Consejo Nacional de Seguridad y candidato al futuro cargo de primer ministro, cuando se produzca la esperada primera reorganización del gabinete. Al respecto escribió el diario económico «Kommersan»: «Rusia tiene un nuevo gobierno. Su característica saliente es que no se diferencia esencialmente de su antecesor, lo que significa que su gabinete no es de larga vida». El diario recuerda la promesa electoral de Putin, de renovar todo, si llegaba al Kremlin y su consigna electoral de la «dictadura de la ley». Habrá que esperar un poco más, no mucho, para conocer cómo piensa aplicar Putin y su equipo esta consigna.
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