Discordia en la corona por transgénicos
Londres, ANSA
El príncipe Felipe de Edimburgo, consorte de la reina Isabel II, defendió a capa y espada, y sorpresivamente, la modificación genética de las semillas, enfrentándose directamente con su hijo, el príncipe Carlos, un gran defensor de la causa ecológica.
Felipe de Edimburgo afirmó que no había que alarmarse si la industria agroalimentaria recurre ahora a la manipulación genética, y no hay que olvidar que «modificamos genéticamente animales y plantas desde que empezamos con la reproducción selectiva».
De esta manera, el marido de Isabel II inició una polémica con el rabino en jefe del Reino Unido, Johathan Sacks, que en una rueda de prensa en el castillo de Windsor había osado aludir a los posibles peligros relacionados con la experimentación de la comida modificada genéticamente.
El príncipe Felipe contraatacó diciendo que «la gente se preocupa por los organismos genéticamente modificados que entran en el medio ambiente natural».
Sin embargo, señaló el marido de la reina, «olvida que la introducción de especies exóticas en este país, por ejemplo de la ardilla gris, causó daños mucho mayores a los de la patata transgénica».
Pero Carlos, el heredero del trono, un declarado ecologista, opina de manera opuesta a su padre y considera que la comida modificada genéticamente es la prueba de que el hombre intenta colocarse en lugar de Dios y pisotear la naturaleza con riesgos potencialmente incalculables.
No es una novedad que la familia real no está de acuerdo con las ideas ecologistas del príncipe Carlos. Su propia hermana, la princesa Ana, en una entrevista, defendió las controvertidas investigaciones sobre la comida transgénica, y dijo que el príncipe era «simplista».
La princesa señaló que «el hombre hace ya mucho tiempo que manipula con alimentos y las plantas. Es un poco raro ponerse nervioso ahora porque se hacen esas cosas».
Ana de Inglaterra añadió que «es exageradamente simplista creer que toda la agricultura tiene que ser biológica y que no debería haber comida modificada genéticamente».
Es evidente que no hay demasiado acuerdo en el Palacio de Buckingham sobre muchas cuestiones, ni siquiera ahora que la reina decidió dar un papel público a Camila Parker-Bowles, la compañera de toda la vida del príncipe Carlos, eliminando el principal problema que le separaba de su primogénito.
En rigor, Felipe y Carlos nunca estuvieron de acuerdo sobre casi nada, lo que queda demostrado una vez más con la actual polémica a distancia sobre la comida genéticamente modificada.
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