Tres visiones que desembocan en el horror
Mi admiración por Michael Moore viene desde que vi Bowling for Columbine y escuché su discurso tan lúcido como valiente en la ceremonia de premiación del Oscar. Luego, su libro Dude, whereis my country (Papá, ¿dónde está mi país?) conmocionó a la opinión pública de EEUU al revelar aspectos ocultos de la guerra de Irak. En la misma tónica se inscribe su publicación de fin de año Cartas que me enviaron los soldados (Letters the troops have sent me), cuyo contenido resume así: «Lo que me dicen, a veces en palabras elocuentes y que llegan al corazón, es que les mintieron, y que esta guerra nada tiene que ver con la seguridad de Estados Unidos».
Cartas de los soldados
El cabo George Batton de la Infantería de Marina escribió: «Usted se sorprendería de cuánta gente con la que hablé en mi compañía y otras creen que el argumento por parte del presidente acerca de las armas de destrucción masiva de Saddam eran un montón de porquería y que la motivación real por esta guerra era sólo el dinero. El testimonio del especialista del ejército Mike Prysner expresa: «He derribado estatuas y destrozado retratos mientras usaba una bandera norteamericana en mi manga, y luchaba por aprender a entenderlo. Le escribo desde las trincheras de la guerra (que aún continúa), sin saber por qué estoy aquí o cuándo me marcharé». Una madre escribe a nombre de su hijo: «Mi hijo dice que esto es lo peor desde el ‘fin de la guerra’. Dice que les han dado nuevas reglas y deben ‘eliminar’ a cualquiera que agreda a los norteamericanos, aunque resulte un daño ‘colateral’. Desafortunadamente, él tuvo que matar a alguien en defensa propia y su jefe le dijo: ‘Bien muerto’.
Mi hijo respondió: ‘¿No se da Ud. cuenta que estamos otra vez en Vietnam?'».
Otro infante de marina pregunta: «¿Por qué siempre agitamos la bandera de la soberanía excepto cuando se trata de nuestros intereses financieros en otros estados soberanos? ¿Qué nos da el derecho de decir a cualquiera cómo debe gobernarse y vivir su vida? No es extraño que el mundo nos odie». Otro soldado recién vuelto de Bagdad escribe: «Regresé a EEUU sólo para horrorizarme por lo que mi país se ha convertido. La Seguridad Interna nos enseña a espiarnos unos a otros. Los norteamericanos están dispuestos a sacrificar sus libertades en nombre de la seguridad, las mismas libertades por las cuales yo estaba dispuesto a arriesgar mi vida».
Moore hace trizas la mentira de las armas de destrucción masiva y de que Saddam planeó el 11/9 junto a Bin Laden, y señala las razones verdaderas de la guerra: la posesión de la segunda fuente petrolífera del mundo y los negociados de Halliburton del vicepresidente Cheney. Propone una campaña para regresar las tropas a casa y una gran manifestación el 20 de marzo.
Gas para Saddam
Ignacio Ramonet publicó una nota en un periódico gallego referida a los aspectos mediáticos de la guerra y a la búsqueda de imágenes por parte del gobierno Bush para contrarrestar la del derrumbe de las Torres Gemelas, entre las cuales menciona las versiones de los periodistas «encamados», el derrumbe de la estatua gigante de Saddam, la superchería de la soldado Jessica Lynch (develada por ella misma), y la de Bush disfrazado de piloto de guerra tipo top gun anunciando desde un portaaviones el fin de la guerra con un triunfante: Misión cumplida. Al mismo tiempo se evitaban las imágenes de los helicópteros abatidos y de los soldados yankis muertos.
Pero dice el director de Le Monde Diplomatique se buscaba una imagen total, apostando a la de Saddam capturado. El Pentágono elaboró el documento interno High value target Nº 1 sobre el eventual arresto de Saddam y puso al ex periodista Gary Thatcher al frente. Cuando se conoció con exactitud su escondite, se introdujo gas por el sistema de cañerías de aeración que lo atontó y le impidió usar su arma. Sigue el relato: «Se filmó a Saddam con estilo de videoaficionado, sin sonido, a través de un espejo invisible. Se acentuó el contraste entre el ex dictador barbiespeso, desmelenado, vestido de negro, frente a un médico calvo, barbilampiño y de blusa clara, que lo domina en estatura y lo manipula, lo espulga, le inspecciona la boca, con guantes blancos de goma». Alude a la imagen humillante de un Saddam rendido, dócil, vulnerable, con pinta de errático vagabundo piojoso.
Quién pone los muertos
«Pero una cosa es destruir un símbolo de la tiranía tal es la conclusión y otra acabar con la resistencia».
En efecto, ésta incrementa sus acciones por múltiples vertientes y su reclamo de salida de las tropas de ocupación, al tiempo que se multiplican las masacres lanzadas en represalia por las fuerzas yankis contra la población iraquí.
El alto mando militar ha buscado reducir las bajas estadounidenses por varios medios. El primero, poner en la primera línea a las tropas de los otros países: entre las recientes víctimas predominan los búlgaros, polacos, tailandeses, como antes lo fueron italianos y españoles. Por eso reclaman que más países envíen tropas. Segundo, formar destacamentos de policías iraquíes para enfrentar a las guerrillas, o sea para que se maten entre ellos, tarea para la cual el Departamento de Estado eligió a la DynCorp International. Además, debe tomarse en cuenta que entre las bajas estadounidenses la mayor parte son latinos, a los cuales se les pone el cebo de los beneficios migratorios, extendidos a sus familiares, por la ley 1588 firmada por Bush a fines de noviembre.
Mercenarios se busca
Otro método es contratar servicios de mercenarios a través de agencias de seguridad privadas para la protección de las tropas de ocupación, de los pozos petroleros, de los ejecutivos, etc. Las principales son yankis (ArmorGroup y Haart) y británicas (Control Risks, Erynis, Olive). EEUU ya puso en práctica este sistema en Colombia. *
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