Kirchner desplazó al secretario del Ejército
El alto oficial, que tenía en sus manos nada menos que todos los vínculos con el universo político y social y actúa como asesor del titular del arma, teniente general Roberto Bendini, había pedido al juez Jorge Ballestero que les permitiera festejar las fiestas de fin de año a los uniformados detenidos.
Al enterarse por un cable de una agencia noticiosa de esa gestión, Kirchner tuvo al principio una reacción muy emocional: «ordenó la baja», lo que le sugirió al ministro de Defensa, José Pampuro. Este, que conoce la tela que maneja, lo convenció de que lo conveniente era desplazarlo del cargo, pero para darle otro destino, habida cuenta del legajo del general.
Tereso hizo lo que todos los secretarios militares: «velar» por el personal uniformado. Aplicó criterios que no tenían en cuenta la línea ordenada por el presidente, que es el comandante en jefe de las tres armas, que rompe con la política de defensa o ambigüedad frente al terrorismo de Estado, con la condena frontal. Además, de hecho, «presionó» al juez, situación que Kirchner y Pampuro consideraron inadmisibles.
Hay una sensación extendida de que cada vez que Kirchner aborda algún problema con las Fuerzas Armadas es intransigente y hace saber ese estado de ánimo cuando la cuestión se remonta al pasado y toca la historia sangrienta de la dictadura. Pero es más permisivo con cualquier tema que escape a ese capítulo.
No sólo autoridad
Pruebas al canto. El presidente, desde que llegó al poder, repitió gestos de autoridad con militares involucrados en supuestas violaciones a los derechos humanos: hasta retiró de la Embajada en Roma a un agregado del Ejército comprometido en el fusilamiento de guerrilleros en un resonado caso que ocurrió en la provincia del Chaco.
Obligó al Ejército, y a las otras armas, a abstenerse de darle cobertura legal a los detenidos bajo cargos de violación a los derechos humanos, y actualmente hay unos 70 uniformados presos que esperan turno en la Justicia y, sobre todo, el fallo de la Corte Suprema sobre las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Antes habrá que aguardar el pronunciamiento de la Cámara de Casación, donde se encuentra el expediente. «Aunque hay señales que hacen presumir que varios de esos ex represores deberán rendir cuentas», escribe Clarín.
La idea inicial de los analistas y de los militares mismos era que al principio de su mandato, el 25 de mayo pasado, Kirchner únicamente iba a intentar consolidar su entonces precario poder recibido en las elecciones del 27 de abril: sólo el 22% de los sufragios.
Respaldo de la sociedad
Hubo predicciones apocalípticas, sobre todo en un sector del peronismo tradicional, acostumbrado al toma y daca en todo, incluso en las relaciones con las FFAA, y en el radicalismo, que vive con el síndrome del levantamiento de un sector del Ejército de las Pascuas de 1987, que lo obligó a impulsar la aprobación de las leyes de impunidad.
Si la predicción agorera no se cumplió, ha sido tanto por la decisión política presidencial o la condena social mayoritaria, leyes al margen, que se vislumbró sobre el tema. Pero con la remoción contada, son escasos los que puedan suponer que el presidente ha querido sólo sacarle dividendos a la situación.
No hay una orientación antimilitar. En estos días, después de vencer al aparato burocrático, el Estado recompensó al sargento Sergio Ballas con 395 mil dólares a raíz del grave accidente que sufrió en Kosovo, por el que le fueron amputadas ambas piernas. El dinero había sido concedido como reparación por la ONU, pero denegado por los gobiernos de Carlos Menem, de Fernando de la Rúa y de Eduardo Duhalde. Apenas le habían sido reconocidos 1.800 dólares en concepto de seguro.
Existen otros seis casos: tres militares muertos y tres heridos, que están pendientes de resolución y que rondarían una recompensa de 4 millones de dólares, en total, para los damnificados.
Pero, además, el presidente acaba de autorizar un endeudamiento de 200 millones a la Marina, para la construcción de tres lanchas rápidas. Y otros 50 millones a la Aeronáutica para la modernización de los sistemas de radares. Para este año habrá un aumento del 38% del presupuesto militar global destinado a mejorar sus funciones operativas. En ningún caso contempló ajustes en las escalas de salarios.
El 22 de diciembre, cuando presidió la ceremonia de entrega de sables a los egresados de las academias militares, les requirió que «jamás volverán a empuñar el sable para adentro», que se compadece con su exigencia de que las FFAA dejaran de mirar al pasado, que se colocaran junto al resto de la sociedad en la faena de reconstruir el país devastado por el neoliberalismo.
Es lo que el general Tereso no entendió. *
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