Bolivia es preocupación de Washington

Los conflictos con el FMI y las0diferencias con Estados Unidos

Acaso esta situación no esté totalmente desvinculada de los tironeos del gobierno de Néstor Kirchner con el FMI, que tiene como trasfondo presiones para que la Argentina incremente sus fondos presupuestarios reservados para el pago de la deuda externa.

O sea, que eleve en el presupuesto de 2005 (sic), el 3% del superávit primario establecido para el año que comienza.

En principio la bronca del Departamento de Estado no pasa por allí. Hace poco el ministro de Defensa, José Pampuro, oyó de su anfitrión, Donald Rumsfeld, que los norteamericanos no ven con agrado la familiaridad con que Kirchner se trata con Evo Morales, el candidato más firme a la presidencia boliviana.

«No queremos un presidente cocalero en Bolivia», es una de las metas pedidas a la Argentina. La otra, que cuando de elecciones se hable, que Buenos Aires respalde como inquilino del Palacio del Quemado a Jaime Paz Zamora, un hombre de Washington, pero una utopía.

Bolivia es la nueva obsesión estadounidense y la presión tiene como destinatario también a Brasil. Lula, con menos espectacularidad pero con idéntico contenido que el que promueve Kirchner, entiende que la estabilidad de la región sudamericana pasa por diluir al máximo la crisis política en el Altiplano, que Morales no resolverá de un tiro, pero es el inicio posible. El entendimiento argentino-brasileño frena el eventual respaldo de Washington a las tendencias secesionistas en Santa Cruz y Tarija.

Los argentinos escuchan además que los EEUU desean un compromiso más explícito de Kirchner con el ALCA sobre todo ante las reuniones clave que se avecinan. Los que conocen la minucia dentro del gobierno argentino advierten que el canciller Rafael Bielsa tiene posturas más componedoras que el Presidente que como en las relaciones con el FMI, por caso, hace del más malo, quebrando con la tradición que en estos asuntos son los ministros los que promueven las posiciones agresivas en tanto el primer mandatario se reserva el papel de componedor de último momento.

¿Es Kirchner pro norteamericano?

Es curioso, pero el ARI, que lidera Elisa Carrió, ha definido la política exterior de Kirchner como «pro norteamericana». Es una de las bases para que ese partido de centro-izquierda sustente su papel de opositor. En medio de numerosos encontronazos en su cúpula, igual ocurre en el Partido Socialista y esa visión domina a casi toda la izquierda leninista.

Se trata de algo crucial. Gran parte del discurso de Kirchner dirigido al espacio progresista no contenido dentro del justicialismo, tiene como sustento su política contra la impunidad, la anticorrupción y una conducción autónoma para los asuntos externos. Aquí es vital la alianza estratégica con Brasil, como base de lanzamiento de un entendimiento sudamericano que pueda aportar a las tendencias de «resistencia» al imperio que se dan en Europa, Rusia, China o India y Sudáfrica. (Digamos que para Carrió o para la izquierda histórica, Lula «está en otra cosa»).

Que existen sutilezas en las relaciones argentino-brasileñas no es un secreto. No son las de carácter comercial que periódicamente hacen estallar intereses concretos afectados por situaciones coyunturales. Se percibe, por caso que cuando Lula habla de América del Sur, Kirchner siempre dice América Latina, lo que incluiría México. La interpretación en la diplomacia brasileña es que esa actitud se debe a un residuo de la rivalidad con Brasil.

Eso también se manifiesta cuando Argentina defiende una representación rotativa en el Consejo de Seguridad, en el caso que ocurra una reforma. Por ahora, los dos países cuando sean miembros no permanentes de ese organismo, integrarán a un delgado del país socio.

Dice una voz brasileña: «Ocurre que, en el ámbito de América Latina, incluyendo México, Argentina pierde su importancia. México tiene una economía más de dos veces mayor que la Argentina. En el concepto de América del Sur, Argentina es la fuerza integradora, que puede agregar los demás países andinos, indispensable y necesaria para Brasil. En el concepto de América Latina, Argentina es sobrepasada por México, inclusive se fuese rotativa la representación el Consejo de Seguridad. El par de Brasil no seria Argentina, sí México».

Hay dos asuntos diferenciados. La idea latinoamericanista tiene raíces históricas y reflejaba ya en los tiempos de Manuel Ugarte y otros exponentes de esa idea-fuerza, un sentimiento antinorteamericano. Está muy arraigada en el discurso de casi todas las corrientes populares y no tiene implicancias subalternas. La reflexión actual está más acotada si frente a EEUU se trata: sería, la apertura hacia México, una manera con que los «moderados» del Palacio San Martín, suponen equilibrar el peso del Brasil, un atavismo impúdico.

Otra vez el FMI está duro

Hay que precisar los términos: Kirchner no desea confrontar con los EEUU. Su canciller explica que no se trata de decir que no sino proponer «¿no les parece mejor?» y dentro de ese clima establecer las diferencias. Que son categóricas respecto a los reiterados reclamos de una actitud más pro Washington en el caso Irak, pero que están en negociación respecto a las inmunidades que reclaman los EEUU para los ejercicios conjuntos donde Kirchner da señales de no desairarlos.

Volvamos al FMI. El regreso, digamos, dentro del organismo a la posición más exigente, refleja la presión de los europeos por arrancarle a la Argentina mayores desembolsos para la negociación de la deuda externa. Si como dicen los números, el país crecerá este año al 8% anual su PBI y este índice puede repetirse en 2004, no es lógico –arguye el Fondo jugando un papel que no le correspondería en defensa de los acreedores que no se aumente para 2005 el dinero para el pago de la deuda. Regresa la vieja polémica sostenida en la última negociación cuando el FMI pedía que el superávit primario para 2004 llegara al 4,5% del PBI. En plata, unos 6.500 millones de dólares anuales. Kirchner ha dicho que el excedente es para la deuda interna, es decir, atender las necesidades sociales.

El Presidente obtuvo el respaldo de la gran burguesía para este forcejeo y lo tiene con casi todo el espacio parlamentario. El aval empresario no será gratuito ni puede esperarse de ellos, una actitud consecuente en defensa de los intereses nacionales y los populares. Suponen en sus representaciones corporativas que son el capitalismo nacional que tanto reclama el Presidente y que debe cumplir el papel de motor de las aspiraciones desarrollistas del gobierno.

Todavía la articulación política de poder para el kirchnerismo, está en barbecho y no hay aún innovaciones radicales respecto del pasado sobre quién gana y quién pierde cuando de plata se habla. Sin desmerecer la mirada que el ministro de Economía, Roberto Lavagna, pone sobre la macroeconomía y cómo ésta evoluciona después de haber caído en un pozo, hay una enorme falencia respecto de un programa de inclusión al mercado de los golpeados por el neoliberalismo. Las cifras de desocupados, más del 21% de la población activa, es suficientemente clara en su obscenidad.

El FMI, abogado de los acreedores

Pero volvamos al FMI y los EEUU. Aunque se diga en círculos oficiales que las diferencias con el organismo financiero tiene una dinámica propia, y más aun, que Argentina tiene aliados dentro de los departamentos del Tesoro y de Estado en este forcejeo actual, es demasiada coincidencia que los reclamos políticos contados que escuchó el ministro de Defensa y que conoce el Palacio San Martín se hayan exacerbado cuando el Fondo pide una revisión de los acuerdos pasados usando argumentos diversos.

Pero aceptándose provisionalmente que la de
uda «no está atada» a la política mundial, se vive una ofensiva de los acreedores que tienen en el FMI un abogado fenomenal. Los tenedores de bonos se han organizado en cada país y usan tanto la instancia judicial como un reclamo de negociación para que Argentina baje del 75% al 35% la quita para el pago del capital y que anticipe dinero fresco para los acreedores.

El gobierno hizo una jugada inteligente: creó un registro de tenedores para descalificar, negándoles representatividad, a los grupos organizados ya creados, un modo también de mostrarle a FMI voluntad para avanzar en la negociación que tiene visos de ser bicicleteada.

Hay más: el 6 de enero un juez de Nueva York debe determinar en una demanda de deudores que puede incluir la noción que no existe acreedor privilegiado, un antecedente que una corte de Bélgica adoptó respecto de Nicaragua en una controversia con un grupo europeo. ¿Quién es un acreedor privilegiado?: el FMI a quien se le paga el total del capital e intereses.

Los abogados de Argentina le han pedido al juez de Manhattan, Thomas Griesa, que siente jurisprudencia que establece que todos los acreedores de un país tienen que ser tratados por igual, atajo para renegociar los pagos adeudados con los organismos internacionales. ¿Se le pedirá al FMI, con ese eventual dictamen, que acepte una quita del 75%?

Kirchner quiere más legitimidad

Kirchner llega a fin de año y algo más de siete meses de gestión con una popularidad del 88%, envidiable. Ha conseguido a base de concesiones poner en línea a legisladores y gobernadores del justicialismo, pero sabe que tiene cierto respaldo prestado que suscita picos de enfrentamientos y sigue requiriendo de sostenes de otra naturaleza: una vez que defina el para qué, se lanzará a pergeñar una fuerza amiga no peronista de centro-izquierda.

Es posible que intente por medio de una consulta popular, con algún tema de reclamo, que difícilmente sea el ALCA, como le piden los que combaten el proyecto, materializar el respaldo de los sondeos con votos.

Ha soslayado la grave crisis política que pudo significar el estallido de un artefacto explosivo en el mitin de los piqueteros de ocho días atrás. El camino de distensión fue integrar piqueteros a la comisión investigadora que debe buscar quien ha tenido interés de provocar heridos indefensos.

O generar un caos cuyo costo recaería sobre las espaldas de un gobierno que insiste en que la represión del conflicto social no es lo suyo. Pero ya vimos: con 21% de desempleados la hoguera seguirá encendida. *

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