Habitantes de Bam lloran sus muertos

Los habitantes de Bam, al sudeste de Irán, ciudad devastada ayer viernes por la mañana por un poderoso sismo en el que murieron unas 20.000 personas, lloran sus muertos en las calles, mientras que los socorristas que llegaron al lugar están visiblemente desbordados por la magnitud de la catástrofe.

Decenas de cuerpos retirados de entre los escombros yacen en el suelo de la ciudad histórica, importante joya del patrimonio cultural de Irán, donde el casco antiguo quedó completamente destruido.

Los habitantes lloran alrededor de sus muertos y se quejan por la lentitud de las operaciones de rescate.

«Diecisiete miembros de mi familia están debajo de los escombros de mi casa, hay que apurarse sino morirán», explicó Ali, que intenta en vano remover escombros con la ayuda de una pala, herramienta irrisoria ante la destrucción de su vivienda.

Del otro lado de la calle, una decena de cadáveres yacen en el suelo.

En otras calles de la ciudad también se pueden ver decenas de cuerpos.

La ciudad vieja de Bam fue destruida en un 90%. Pocas casas están aún en pie. La imponente ciudadela histórica de Arg E Bam, joya histórica del patrimonio cultural iraní, cuyos orígenes se remontan a más de 2.000 años, está totalmente destruida.

«Por qué los socorristas tardan en venir. Si estuviéramos en Occidente, todos los medios habrían sido movilizados», protesta un habitante.

Equipados con palas, numerosos habitantes de la ciudad intentan remover los escombros. No hay suficientes medios para extraer los heridos y los sobrevivientes que están bloqueados debajo de los escombros.

La mayoría de las casas de la región fueron construidas con tierra, adobe, y una mezcla de tierra y paja. No resistieron a la terrible sacudida.

Los equipos de la Medialuna roja iraní, que llegaron al lugar, intentan socorrer a las víctimas.

Irán solicitó ayuda internacional este viernes y el ministro de Interior indicó que el país necesitaba perros adiestrados y herramientas para detectar a las personas enterradas.

Numerosos habitantes de Bam buscan vehículos para refugiarse en Kerman, capital de la provincia, o en otras ciudades.

«No tenemos ni agua ni alimentos», afirmó una mujer de edad avanzada, cuyo velo negro, casi blanco por el polvo, la cubre de pies a cabeza como a todas las habitantes de esta ciudad.

La cólera reina entre los sobrevivientes, muchos protestan por la lentitud de los servicios de rescate, mientras que la noche cae acompañada por un frío glacial. Las sirenas de las ambulancias suenan sin cesar y un camión pasa por lo que era la avenida principal de Bam llevando una veintena de cuerpos amontonados unos arriba de otros.

Los helicópteros pasan cada tanto transportando heridos hacia la ciudad de Kerman, a 180 km, ya que los hospitales de Bam fueron destruidos. *

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