Sus palabras fueron seguidas en 50 países del mundo a través de 82 canales de televisión

Mensaje navideño de Juan Pablo II condenó la violencia en el mundo

El Papa leyó el mensaje desde la explanada de la Basílica de San Pedro, sentado en su sillón móvil, e invocó la ayuda de Dios.

En la 26

«Sálvanos de los grandes males que desgarran a la humanidad en este inicio del tercer milenio», pidió el Papa, dirigiéndose a Dios.

«Sálvanos de las guerras y de los conflictos armados que devastan regiones enteras del globo, de la plaga del terrorismo y de muchas formas de violencias que atentan seriamente sobre personas débiles e inermes», añadió.

Juan Pablo II invitó a no desalentarse frente a los males que afligen a la humanidad de hoy y pidió a todos que se comprometan con coraje para buscar la paz, que es posible y es un deber, y pidió paz sobre todo para el Medio Oriente.

«Sálvanos del desaliento al afrontar los caminos de la paz, difíciles pero posibles, y por ende un deber, caminos urgentes pero posibles y necesarios, sobre todo en la tierra donde tú naciste, príncipe de la paz», dijo el Papa en su mensaje Urbi et Orbi, que se convirtió en invocación y oración.

Aunque anciano y enfermo, y con dificultades para hablar, el pontífice no renunció a extenderse en su mensaje para explicar su pensamiento sobre la paz y su sentido de la convivencia humana, y pidió tener «esperanza» de un mundo mejor para todos.

Tampoco renunció a saludar en 62 idiomas con todas las dificultades de lenguaje que el mal de Parkinson le provoca.

Sus palabras fueron seguidas en 50 países del mundo a través de 82 canales de televisión.

El Papa leyó el mensaje desde la explanada de San Pedro y no desde la logia de las bendiciones, con un cambio de programa decidido anoche.

Juan Pablo II, se informó, quiso descender a toda costa a la explanada para leer desde ese lugar, el mensaje Urbi et Orbi, entusiasmado por la presencia de unos 60 mil peregrinos.

A su llegada a la plaza se lo vio sonriente, pero apenas comenzó a hablar pareció que su estado era peor que el de anoche cuando afrontó con mucha energía una hora y cuarenta de celebración.

Leyó lentamente, con gran esfuerzo todo el texto, y en particular manifestó dificultades de dicción y titubeó al pronunciar las palabras.

Luego saludó en 62 lenguas mundiales. Los fieles le ayudaron mucho, interrumpiéndolo con aclamaciones, de modo que el anciano Papa pudo detenerse algunos segundos y retomar fuerzas.

Habló casi durante media hora en un frío intenso, antes de dar su bendición Urbi et Orbi, que significa «a la ciudad y al mundo».

La bendición concedió una «indulgencia plenaria» incluso a quienes escucharon al Pontífice por radio o por televisión.

Por primera vez en 26 años, el Papa renunció a celebrar la misa de la mañana de Navidad, pero en cambio concelebró la Misa de Gallo, orando por la paz y denunciando un mundo sacudido por «demasiada sangre, demasiada violencia y conflictos que perturban la serena convivencia de las naciones».

El Papa también pidió «que el don de la vida de Cristo nos haga comprender cada vez más cuánto vale la vida de cada ser humano».

Durante la misa de medianoche, una de las ceremonias religiosas más importantes de la liturgia católica, celebrada en la basílica de San Pedro, el Papa pidió al «niño Jesús que está naciendo que ilumine la noche del mundo».

«Tú vienes a traernos la paz. Tú eres nuestra paz y puedes hacer de nosotros un pueblo activo en la obra de la paz», sostuvo.

El Papa formuló una exhortación en idioma árabe a «los hijos de Abraham», a quienes llamó a «abandonar los sentimientos y las obras de odio y de venganza».

En el mensaje pidió a «Dios que renueve en todos quienes reconocen a Abraham como su padre en la fe el temor, que cercena los sentimientos y las obras de odio, de venganza, de atropello».

«Hay un único Dios, verdadero y fiel, el Dios de la paz», reivindicó Juan Pablo II. *

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