El ultimátum de Sharon

El discurso pronunciado por Ariel Sharon rodeado de su gabinete el jueves 18 en Herzliya, cerca de Tel Aviv, es considerado un virtual ultimátum a la Autoridad Nacional Palestina. Se trata de «un plan unilateral de separación» para aislar totalmente a los palestinos. Sharon dijo que su país «no esperará indefinidamente. Daremos pasos unilaterales para minimizar la fricción con los palestinos». El plan es no sólo el entierro de la «hoja de ruta» sino un agresivo rechazo de toda tentativa de paz, en particular a la Iniciativa de Ginebra encabezada por los ex ministros Yossi Beilin y Yasser Abed Rabbo.

El plan de separación incluye la creación de nuevas fronteras y el despliegue de un mayor número de tropas en los territorios palestinos. Una fuente del ministerio de Justicia aclaró que el plazo es de tres meses (para desmantelar totalmente lo que llaman «organizaciones terroristas palestinas» en forma satisfactoria para Israel). Sharon adelantó que su plan implica «acelerar considerablemente» (palabras textuales) las tareas de construcción del muro que Israel erige alrededor y dentro de Cisjordania.

El portavoz palestino Nabil Abu Rudeineh consideró que «en definitiva, lo que Sharon está diciendo es que se niega a implementar el plan de paz». Pero incluso el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, se vio forzado a expresar su rechazo a la propuesta. «Estados Unidos estima que un acuerdo debe ser negociado  declaró  y nos opondremos a cualquier esfuerzo israelí por imponer un acuerdo» sobre el conflicto entre israelíes y palestinos que ignore la «hoja de ruta». Claro está que esta declaración es «pour la galerie», porque Estados Unidos ha respaldado incondicionalmente a Israel  solo ambos contra el mundo  cada vez que Naciones Unidas condenó la instalación de asentamientos judíos en los territorios palestinos y la construcción del muro. Esto último se reiteró en noviembre pasado por una mayoría apabullante, votando en contra solamente EEUU, Israel, las islas Marshall (un protectorado estadounidense) y Micronesia (estados asociados a EEUU). Luego, el 8 de diciembre, en un cuadro de votación similar, la Asamblea General resolvió consultar a la Corte Internacional de Justicia de La Haya sobre la legalidad «de la edificación del muro que Israel, potencia ocupante, está construyendo en el territorio palestino ocupado, incluyendo el interior y el perímetro de Jerusalén-Este, según lo expuesto en el informe del secretario general». El mencionado informe de Kofi Annan señala que el muro daña las esperanzas de lograr la paz en Medio Oriente y perjudica a la población palestina.

 

Muro y más muro

Así pues, el tema del muro está en el eje de la propuesta. Pero en el momento en que ésta se lanza, la construcción del muro prosigue a todo tren, en una política de hechos consumados con vistas a completar los 600 kilómetros de recorrido, que terminarán de cercar a los palestinos en unos bantustanes al estilo de la Sudáfrica del apartheid. Porque el miércoles 17, o sea en la víspera del discurso de Sharon  todo está sincronizado  el actual ministro israelí de Finanzas (y ex primer ministro) Benjamin Netanyahu destinó una partida adicional de 160 millones de dólares para la construcción de nuevos segmentos del muro «desde el asentamiento de Elkana hasta el Monte Gilboa, en el norte de Cisjordania, y alrededor de Jerusalén». Como es sabido (véase nuestra nota del día 7 «El ignominioso muro de Sharon»), éste penetra al interior de Jerusalén, incluso dentro de la Universidad palestina Al Qods, además de separar la ciudad de Belén y condenar a ésta a vegetar y a su habitantes a la miseria.

Esta noticia se publicó acompañada de otras dos. La primera anunciaba la muerte de un joven palestino de un disparo en la cabeza en una irrupción de las tropas israelíes en el campo de refugiados de Rafah, en el sur de la franja de Gaza, muerte que seguía a las de otros 6 palestinos en la misma localidad. La segunda era una declaración de los promotores de la Iniciativa de Ginebra, Yasser Abed Rabbo y Yossi Beilin, en el sentido de que extremistas de ambos bandos se negaban a aceptar su plan de paz.

 

En el Parlamento europeo

El primer ministro israelí llegó el extremo de dirigirse en forma oficial al Parlamento europeo solicitándole que renuncie a debatir sobre el muro en construcción en Cisjordania.

En cambio, quien no se priva de opinar sobre el tema es Gianfranco Fini, vicepresidente del Consejo de Ministros de Silvio Berlusconi y líder del partido neofascista Alianza Nacional, quien a fin de noviembre visitó Israel en expresión de apoyo al gobierno y fue recibido con todos los honores. Este fascista redomado se permitió incluso visitar el Yad Vashem, el monumento al Holocausto.

En esta situación afloran voces sensatas a favor de la paz. Un ejemplo es la del historiador judío Meir Margalit, ex miembro del concejo municipal de Jerusalén por el partido Meretz y hoy coordinador del movimiento israelí de DDHH. «La derecha israelí deformó el espíritu de este país -afirma- y en lugar de seguir el camino de los profetas nos convertimos en un país que segrega a los palestinos, los persigue, humilla, demuele casas y expropia territorios». Y concluye: «Lamentablemente, y lo digo porque quiero a este país, Israel se ha convertido en un país racista».

 

Un antecedente

La propuesta que Sharon lanza en forma de ultimátum fue en cierto modo anunciada por el viceprimer ministro Ehud Olmert, ex alcalde de Jerusalén, quien el 5 de este mes se pronunció en forma tajante contra la Iniciativa de Ginebra y le contrapuso el trazado unilateral de una nueva frontera por parte de Israel, basada «en una maximización del número de judíos y en una minimización del número de árabes dentro del Estado de Israel, un 80% de judíos y un 20% de árabes». *

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