Los sindicatos argentinos continúan movilizándose

Fernando De la Rúa enfrenta conflictos

Es que el 9 es viernes y el lunes, feriado nacional, un hiato que es un buen resuello para tiempos normales, no cuando hay tantas ansiedades, escaso trabajo, y un malestar que el mitin del miércoles reveló como claro y que la huelga que viene puede hacer cumplir la profecía del camionero Hugo Moyano de que «no se moverá ni una hoja»: la acatarán todas las centrales sindicales, incluso la CGT de Rodolfo Daer, que ha perdido su capacidad de bloquear todo aquello que en el campo obrero organizado, ella no autorizara.

Ahora la CGT (oficialista) va a la zaga. Pero no es lo más importante, como comprender hacia dónde van los acontecimientos, si ocurrirá como le pasó al gobierno de Raúl Alfonsín: que el movimiento sindical con mayoría peronista y la actual administración de la Alianza, no puedan escapar de la dinámica del enfrentamiento.

El mitin, en cierto modo, se le fue de las manos a sus organizadores, que querían ceñirlo a una demostración contra los organismos financieros internacionales.

Las duras medidas de ajuste, ahorro, para el lenguaje oficial, que arrastró con salarios y amenaza con despidos en el sector público, transformó la demostración en una manifestación antigubernamental.

No es ocioso subrayar que a la Plaza fueron sectores tan antagónicos como 14 diputados de la Alianza, disconformes con el rumbo gubernamental pero sin salirse del mismo, hasta personajes como el ex «carapintada» Aldo Rico, intendente de San Miguel y furibundo antialiancista, el ex comisario Luis Patti, derechista alcalde de Escobar, diputados que le son fieles a Domingo Cavallo, peronistas de extrema derecha y de los otros, como el vice gobernador bonaerense Felipe Solá o la esposa de Eduardo Duhalde, Hilda «Chiche», con un lugar de relieve en el palco.

Forcejeo político

«La Biblia y el calefón», piensan en el oficialismo, que no dejan de anotar con preocupación que un sector de la Iglesia estuvo y habló en la tribuna, donde Moyano no solamente convocó a la segunda huelga nacional en medio año de aliancismo, sino que llamó a la «desobediencia fiscal», consigna con la que ayer recogió condenas, incluso de su amigo el gobernador bonaerense, Carlos Ruckauf.

El gobernador habló con LA REPUBLICA y señaló que la demostración debe ser leída también como parte del forcejeo político-social por el rumbo del gobierno de Fernando de la Rúa. Para él, que integra un bloque de gobernadores que son la conducción real del peronismo («Menem no existe más», dice) el Presidente debe consensuar con ellos, incluido la CGT de Moyano, «que es el ala izquierda de mi proyecto», confiesa, un programa mínimo que impulse un shock productivo, inicie una rebaja de impuestos y que pacte una tregua política por doce meses.

Ruckauf es un pretendiente presidencial con excelente imagen: sólo tiene mejor, de la Rúa; según Gallup, el resto, Duhalde, «Chacho» Alvarez o Raúl Alfonsín están mucho más abajo. Niega que detrás de su jugada esté la sombra de Domingo Cavallo, como muchos sospechan, recordando que gracias al ex ministro de Economía, Ruckauf le pudo ganar a Graciela Fernández Meijide.

Según el ministro de economía, José Luis Machinea, una rebaja de sueldos fue mejor que despedir a 30.000 empleados públicos y ahora aguarda que con cuentas fiscales más ordenadas y un plan de inversiones, se revierta la tendencia al estancamiento económico.

Si esto no ocurriera, la suerte del ministro estaría echada, dicen los expertos.

Además del paro de 9 habrá otro el 14, de los empleados públicos. Tal vez las autoridades deberían apurar un encuentro, como propone la Iglesia, entre los diferentes actores políticos sociales para reducir la tensión. Se verá.

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