ABORÍGENES

Gobierno de Perú defenderá “aislamiento voluntario” de sus indígenas amazónicos para evitar eventual exterminio

El Gobierno de Perú defenderá el deseo de los pueblos aborígenes de mantenerse en “aislamiento voluntario”, particularmente aquellos que viven en zonas como la selva amazónica, donde están fuera del contacto con la civilización que les ha llevado en general más tragedias que beneficios

Más de 4 millones de indígenas viven en Perú (el 14,5% de la población), repartidos en unos 54 pueblos nativos, de los cuales 50 están en la selva amazónica peruana.
Más de 4 millones de indígenas viven en Perú (el 14,5% de la población), repartidos en unos 54 pueblos nativos, de los cuales 50 están en la selva amazónica peruana.

El Gobierno ya ha dispuesto tres millones de hectáreas de superficie, que se dividirán en cinco territorios “reservados”, donde quedará estrictamente prohibido el ingreso, a menos que se cuente con autorización expresa del Ministerio de Cultura.

Las áreas en cuestión tienen carácter “intangible” por lo cual toda actividad económica o de prospección para explotación, está prohibida. La medida alcanza también a los llamados reservorios “de contacto inicial”, donde solamente los funcionarios autorizados pueden concurrir.

«Nuestra idea principal es garantizar la supervivencia de los pueblos indígenas. En el caso de los que están en aislamiento voluntario, rige el principio de no contacto, por los riesgos que implica para su salud», dijo la viceministra de interculturalidad del Ministerio de Cultura, Patricia Balbuena, en un foro latinoamericano sobre el tema que se desarrolla en Asunción del Paraguay, organizado por el Banco Mundial y el Instituto Paraguayo del Indígena.

Perú tiene 54 pueblos indígenas de los que 50 son amazónicos

Más de 4 millones de indígenas viven en Perú (el 14,5% de la población), repartidos en unos 54 pueblos nativos, de los cuales 50 están en la selva amazónica peruana. En esas áreas las industrias extractivas, mayormente empresas multinacionales, han estado actuando y ocupando territorios ancestrales, poniendo en riesgo la vida de los indígenas, cuando no matándolos lisa y llanamente.

Además de la ocupación armada, los recién llegados suelen traer enfermedades, como la gripe, a la que los aborígenes no tienen resistencia casi, lo que ocasiona epidemias mortales en muchos casos.

Paralelamente, la gran brecha socio-económica, entre los recién llegados y los indígenas constituye un elemento de altísimo peligro para la supervivencia de las costumbres de los pueblos autóctonos, que sin ayuda real para evolucionar dentro del sistema, son capaces de perder lo poco que tienen a los ojos occidentales, a cambio de nada. Además la eliminación casi total de sus hábitats de caza y pesca, suele condenarlos a destinos extremos.

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