Elecciones claves en la Capital Federal, tras la crisis con Scioli

Kirchner abroquela al peronismo

Los ruidos en el corazón del poder no son generalmente positivos, pero ¿qué hacer cuando un vicepresidente se autoproclama como una de sus patas y descalifica la orientación política del Presidente? Kirchner no dudó, le segó el escaso espacio que Scioli tenía en el gabinete, abroqueló tras sí al grueso del justicialismo en el Parlamento y al de la provincia de Buenos Aires, dejó aislado al titular del Senado Nacional y recibió respaldo de la centro-izquierda.

El discurso del ex motonauta se perfilaba como el contraprograma del sureño, que, se sabe, no es generalmente un entusiasta del disenso. En este incidente se dirimió poder y línea política, que no alcanzó a generar una crisis institucional, al menos mientras las cosas se mantengan en la actual situación.

Surge el interrogante inevitable si Kirchner desconocía el pensamiento de Scioli, un hombre que llegó a la política de la mano de Carlos Menen hace tan poco que el lugar que ocupa, sorprende. No es, pese a su meteórica carrera un florentino: alguien que lo trató cuando se discutían en diputados un asunto sensible, dice que es ingenuo, enredándose en causas que no le eran propias. De todas maneras, ha dicho y practicado ambición por trepar. Por eso, si sigue aislado donde está institucionalmente, los sectores que no se sienten incorporados a la agenda presidencial lo utilizarán como nave insignia.

 

Duhalde respalda al presidente

Kirchner entiende sus falencias y recibió días atrás al nucleamiento más poderoso del empresariado que incluso avaló como lleva las negociaciones con el FMI. Personas de aquel espacio iban a llorarle a Scioli el relegamiento presidencial y él, el vice, se sintió llamado a interpretarlos urbi et orbi.

En lo formal, no dice mucho a que sectores recibe el Presidente, todo depende de cómo se comporte frente a sus peticiones previsibles como la son las que formulan los EEUU y las potencias europeas.

A veces parece que el sureño sobre actúa pensando en los sectores populares como su base de sustentación para dirimir futuras contradicciones, especialmente dentro del peronismo. La que acaba de superar con Scioli no es la más importante, aunque sí sensible. Si Scioli no compartía la política de derechos humanos del Presidente ni tampoco, por extensión la que compete a las FFAA, tampoco era del gusto de Eduardo Duhalde, el poderoso referente del peronismo bonaerense que poco a poco, la extiende a gran parte del país.

Pero Duhalde es ducho en estos menesteres y optó por fortalecer al Presidente con significativas expresiones de él y su esposa Hilda «Chiche» que antes del incidente había elogiado a Scioli. Hay realismo político en el bonaerense y gratitud: el canciller Rafael Bielsa ha coronado elevar a Duhalde a rol de estadista como cabeza política de Mercosur con el estimable respaldo del uruguayo Jorge Battle a quien Kirchner dentro de poco ira a visitar.

Ahora hay que dejar de lado disensos y aguardar la cabalgata electoral donde se renuevan gobernaciones, legislaturas, un tercio del Senado, la mitad de la Cámara Baja, cargos municipales.

Al final del proceso, octubre, Kirchner contará que tiene y que le falta, cual es el destino de sus apuestas, sobre todo en la Capital Federal y en Santa Fe, pero también en otras provincias, donde se enfrenta o a nuevos intentos de la derecha, como en el comicio porteño, o quiere dejar caer, caso santafesino, a un elefante del tamaño de Alberto Reutemann. O donde juega por sus amigos en contra del propio Duhalde (elecciones en Misiones).

En todos estos entreveros de votos, Scioli pesa poco; acaso algo en la Capital Federal donde tiempo atrás el peronismo local de prosapia menemista, puso sus esperanzas en el ex deportista. Si el ruido de la semana última tiene efectos en la elección del jefe de Gobierno, no ha sido posible computarlo.

Aclaremos: el Presidente puso todo lo suyo posible para que Aníbal Ibarra sea reelecto, lo que no se conocerá esta noche. Habrá un segundo turno el 14 de setiembre: el frentista está mano a mano con Mauricio Macri.

¿Por qué Kirchner apuesta por Ibarra? Más que por el alcalde el sureño mira a Buenos Aires como laboratorio de entendimientos transversales. Todas las corrientes que están en Fuerza Porteña, el acuerdo pluripartidario que apoya la reelección de Ibarra y otros del riñón de Kirchner, como el Partido de la Revolución Democrática del periodista Miguel Bonasso, confluyen con más o menor rigor y vigor, en el proyecto presidencial.

El caso de Elisa Carrió tiene sus matices. La líder del ARI, que respalda a Ibarra, desconfía del fervor hegemónico que el peronismo en general tiene como práctica de poder y en rigor, vista la experiencia de Santa Cruz donde fue gobernador un largo rato, Kirchner no escapa a esa regla. Hay que decirlo: no ha exhibido en la Rosada esa mala faceta que se le conoce de antaño.

La Capital Federal es también un laboratorio para la derecha, sea más o menos liberal. Macri juntó a todo el espacio que alguna vez anduvo detrás de Carlos Menem, o Domingo Cavallo, aunque sedujo a algún personaje simbólico del progresismo. Macri es una recreación por otros andariveles del personaje en busca de un autor, la «esperanza blanca» que está ahora entre tubos de ensayo y probetas. Representa todo lo contrario a lo que se propone Kirchner y sin embargo, arrastra a un electorado que en gran medida ve gratamente el rumbo emprendido por el Presidente.

 

¿Desaparece la UCR?

Fue en la Reina del Plata donde estalló el descontento de las capas medias y en algún momento se conjugó con los más desamparados, después de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, que arrojó al basural de la historia, no solamente a Fernando de la Rúa sino, al menos en este distrito, a los viejos organismos partidarios.

La consiga «que se vayan todos» no plasmó en su versión jacobina, pero ni el justicialismo, habitualmente escasamente querido en la Capital ni la Unión Cívica Radical, juegan en la Liga Mayor en esta coyuntura. En cambio, surgieron entendimientos transversales por el centro-izquierda o progresismo y la derecha y crece una de las más novedosas intenciones de la izquierda, en la experiencia autogestionaria que propicia Luis Zamora y su criatura, Autodeterminación y Libertad. Queda en la incógnita el futuro de la revelación de las presidenciales, el ex radical Ricardo López Murphy que no tendrá éxito hoy en este distrito y, como surge de las noticias, tampoco en la mayoría de las elecciones provinciales Recrear, la criatura de los liberales, hace temer a nadie.

Un hombre fuerte del Departamento de Estado, Roger Noriega hizo escala aquí en su gira sudamericana. Que haya coincidido con la visita oficial del bolivariano Hugo Chávez Frías es simbólico pero un fascinante escenario para las especulaciones de escritorio.

El norteamericano hizo saber, que es inaceptable para su país un eje La Habana-Caracas-Buenos Aires, que pase por Brasilia y mucho más si se extiende a Santiago de Chile. Kirchner no lo alienta pero sin embargo, no hace demasiado por descalificar la duda, tanto porque le es funcional a su política de acumulación como para que el venezolano actúe como fantasma en las difíciles negociaciones con el FMI.

Chávez no pasó desapercibido, pese a que los ruidos en el poder político le restaron protagonismo mediático, aunque popularmente verificó que no lo desconocen. Pero ni su propuesta anti FMI, o anti ALCA, encontró apoyo y quedó en barbecho el proyecto de Caracas de una petrolera estatal sudamericana. Kirchner tiene una asignatura pendiente: prometió una empresa testigo estatal aquí, donde los hidrocarburos han sido loteados.

Se conoce: Repso
l se llevó la mejor tajada en tiempos de Menem, pero de todas maneras el oro negro explica que las relaciones del Presidente con José María Aznar, en la antípoda de sus utopías, sean más que cordiales.

Kirchner quiere llegar a un rápido entendimiento con el Fondo. Las críticas o comentarios en sentido inverso, no tienen asidero. El Presidente cree que necesita de ese respiro, en condiciones que no frenen el crecimiento (por otro lado, ahora en una nueva meseta), ni lo obligue a un ajuste de los escuálidos bolsillos populares o de las debilitadas capas medias. El objetivo del acuerdo es poder iniciar la renegociación de la deuda externa y por eso en el corazón de la discusión está cuanto dinero destinará para los acreedores.

Más del 3% del PBI como superávit llevaría a la economía a una nueva encrucijada, según la óptica gubernamental que no es la del FMI ni la del pensamiento ortodoxo. En su táctica negociadora que se hará con los servicios públicos privatizados en materia de tarifas es una herramienta. Por eso cuando Scioli anticipó incrementos, debilitó el poder de discusión oficial.

Hay más en las demandas del Fondo: compensaciones a los bancos como secuela de la devaluación, el reordenamiento del sistema financiero que favorezca al sector privado, sobre todo ahora que la banca pública es más fuerte y confiable, reformar la Carta Orgánica del Banco Central, etc.

Kirchner confía que llegará a un entendimiento porque, razones geopolíticas incluidas, la presión del G7 sobre el staff del Fondo, obligará a acordar en condiciones menos negativas para su política. Hay algo real: nada hará ahora que implique dañar su carismática relación con la opinión pública.

Los ideólogos de la derecha aconsejan aguardar que sé fisure ese vínculo porque, dicen, como Kirchner carece de un contrapeso organizado «deberá ceder ante la realidad». Es el juego en que anda este país donde todos los días de libra una batalla, a veces imperceptible. Por caso, el gobierno busca bloquear maniobras de cerealeras y así paguen migajas en impuestos a las ganancias.

Con solo casi tres meses en el sillón de Rivadavia, Kirchner encontró amigos, aliados, oportunistas o desconfiados. Y no pocos que piensan que ya deben convertirse en adversarios. O enemigos, esos donde están los viejos aliados de los represores de los años del terror.

Estalla el enigma de siempre: ¿quién vencerá a quién? *

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