El círculo infernal

Esta semana dos hechos que provocaron decenas de muertos el mismo día conmovieron al mundo: el ataque contra la sede de la ONU en Bagdad y el abominable atentado terrorista palestino en Jerusalén, seguido por la sangrienta represalia israelí. La ocupación militar de territorios extranjeros es la causa de estas acciones y reacciones cuyo final no se avizora. Al contrario. La perspectiva es la reiteración sin tregua de la matanza contra quienes se oponen a la ocupación militar, la réplica de éstos por métodos terroristas u otros, las represalias en mayor escala y nuevas vueltas en la espiral de sangre, hasta el infinito. Como nunca está al orden del día la conformación de un gran movimiento mundial por la paz y soluciones a los problemas específicos: Irak, Afganistán, conflicto palestino-israelí. Y un nuevo papel de la ONU.

 

La voladura de la sede de la ONU en Bagdad

El atentado con camión-bomba a la sede de Naciones Unidas en Bagdad el martes 19 mató al representante especial del secretario general, Sergio Vieira de Mello, y a otros 22 integrantes de la misión. La responsabilidad de las tropas de ocupación yankis surge por partida doble: porque dominan la capital irakí (y gran parte del país) compitiéndoles por ende la seguridad de la sede de la ONU, que dejaron totalmente desguarnecida; y porque el ataque se inscribe en los actos de resistencia contra la ocupación y el gobierno provisional fantoche montado por EEUU. Estas acciones mataron más soldados USA desde el fin de la guerra que en su transcurso (por lo cual van a colocar ahora efectivos centroamericanos en primera línea) y desataron represalias sangrientas: masacres de niños y familias enteras, allanamientos y encarcelamientos por centenares, torturas, humillaciones y malos tratos sin cuento, que a su vez fomentan la rebelión. Kofi Annan, habitualmente circunspecto, declaró que el Consejo de Seguridad debiera transformar el actual régimen de ocupación en una fuerza internacional bajo mandato de la ONU y con el aditamento de otros países, pero el jueves 21 Colin Powell descartó de plano que EEUU vaya a resignar el comando, y menos aún los contratos entregados en exclusividad a sus empresas para reconstruir el país que ellos devastaron.

A los ojos de los autores del atentado, no obstante  y siempre que el objetivo apuntado fuera la sede de la ONU y no un cuartelillo de fuerzas USA cercano , el organismo internacional convalidaba la ocupación militar y sobre todo el gobierno provisional, integrado por una banda de quislings repudiados por el pueblo.

La paradoja es que la ONU se opuso a la invasión decidida unilateralmente por Bush y Blair, y ahora procuraba soluciones humanitarias porque la ocupación no resolvió ningún problema y los agravó todos. Trataba a la vez de contribuir a la formación de un gobierno provisional representativo de todas las fuerzas.

Vieira de Mello era uno de los principales críticos de la política de EEUU. Elegido por la Asamblea General como Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, había cumplido difíciles misiones en Camboya, en Bosnia y en Kosovo, y desempeñó un papel fundamental en Timor Este como jefe de la autoridad transitoria de la ONU en la reconstrucción del país y su consolidación institucional. Belela Herrera, que trabajó con él en el área de los DDHH, nos describió la firmeza de sus convicciones y sus actuaciones en ese plano, unidas a su dignidad y coraje personal. El día 15, Vieira de Mello declaró que la ocupación militar había dejado a todo Irak prácticamente sin agua ni energía eléctrica, «lo que aumentaba el grado de violencia y de insatisfacción en la región». El día 18, O Estado de São Paulo publicó declaraciones suyas en el sentido de que la coalición debía fijar un cronograma y abandonar el país, y de que el pueblo irakí estaba viviendo con la ocupación liderada por EEUU una de las etapas «más humillantes de su historia».

Una nota necrológica del PT dice que «el ataque a la ONU en Bagdad expresa un estado de barbarie en el escenario mundial y muestra la fragilidad de las instituciones multilaterales ante las políticas hegemónicas unilaterales que violan los principios de soberanía territorial y autodeterminación de los pueblos». El gobierno de Lula envió el avión presidencial para traer los restos del diplomático a su país.

El mismo día 19, un atentado terrorista suicida en un ómnibus en Jerusalén provocaba 20 muertos: un acto execrable, con víctimas inocentes, entre ellos varios niños, que revivió en la pantalla las estremecedoras escenas de horror, de sangre, llanto y cuerpos despedazados. Se rompió una aparente tregua decretada por organizaciones palestinas el 29 de junio. En su transcurso, la tensión había bajado relativamente. No obstante, se mantenía la ocupación de los poblados palestinos, dilatándose las promesas de evacuación de las tropas israelíes, a lo sumo llevándolas a la periferia de las ciudades: seguían en pie los retenes militares, las colonias ilegales se volvían a erigir donde alguna había sido desmantelada, el muro del apartheid prosigue, robando territorio, dividiendo y aislando a los poblados. Los palestinos dicen que en ese período fueron muertos 20 de sus connacionales.

De inmediato se desencadenaron las represalias de Israel. Misiles desde helicópteros en Gaza mataron a un líder de Hamas, Abu Shanab, y sus acompañantes, y en su entierro se generó la mayor manifestación en la ciudad; la misma es dividida y tras un ultimátum de 24 horas se amenaza con la invasión y la reocupación de toda la franja.

 

«Hasta el final»

Voceros israelíes como Gideon Meir dicen que la «hoja de ruta» está definitivamente enterrada; que no retirarán las tropas de las ciudades ocupadas, ni siquiera de las anunciadas, como Kalkyria y Jericó; y que en la campaña contra los palestinos, «sin esperar más, iremos hasta el final». *

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