Tropas de otros países, pero no cascos azules

Estados Unidos y la ONU reiteraron ayer que el organismo mundial debe permanecer en Bagdad aún después del mortal atentado del martes pero, aunque el Palacio de Vidrio adelantó que no enviará cascos azules, el gobierno del presidente George W. Bush ya se puso a trabajar para que soldados de otras naciones se sumen a las tropas de ocupación.

Después de una serie de diálogos urgentes con sus consejeros de política exterior, Bush se decidió finalmente por solicitar a la ONU que emita una nueva declaración que «aliente» a otros países a sumarse a las fuerzas en Irak, explicó el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, quien ayer se entrevistó en Nueva York con el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan.

Powell instruyó al embajador estadounidense ante la ONU, John Negroponte, para que se ponga a trabajar inmediatamente, junto a los delegados de los otros países presentes en el Consejo de Seguridad, en el «lenguaje» de la nueva resolución.

El canciller norteamericano anticipó además que cinco países ya están por ratificar el envío de tropas a Irak, e informó que su gobierno está en conversaciones con otras 14 capitales para obtener mayor apoyo militar internacional.

Durante su conferencia de prensa de ayer en el Pentágono, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, confirmó por su parte que los oficiales estadounidenses en Irak contarán en breve con un refuerzo de soldados procedentes de América Central.

«En este momento, algo más de 300 soldados hondureños están en camino a Irak –dijo el ministro–. El gobierno está enviando infantería y policía militar, muchos de ellos voluntarios para la misión, lo que es una cosa buena», completó.

Las tropas hondureñas formarán parte de una brigada que incluirá también a españoles, salvadoreños y dominicanos. El refuerzo del contingente estadounidense en Irak con soldados llegados desde otros países enfrentará de todas maneras un problema de difícil solución, ya que –a pesar de este pedido urgente de asistencia– el Pentágono no piensa renunciar al comando supremo de las tropas. *

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