"Seguiremos ayudando a Irak en la reconstrucción", dijo Annan

Atentado provocó reacercamiento de ONU con Estados Unidos

Tras el atentado, el coraje, los ideales y la dedicación de los funcionarios muertos y heridos no sólo recompactaron los ánimos en la sede de la ONU, sino que también llevaron a parte de la Casa Blanca a repensar un nuevo papel para la organización internacional en el Irak de posguerra.

Nunca como en las dramáticas horas que siguieron al ataque terrorista de Bagdad las Naciones Unidas manifestaron su voluntad de encontrar un nuevo papel.

«Seguiremos ayudando a Irak en la reconstrucción y en la elección autónoma de un nuevo gobierno porque la nuestra no es una simple profesión, sino una vocación», dijo el secretario general de la ONU, Kofi Annan, en un mensaje transmitido a los 4.000 funcionarios de las Naciones Unidas en todo el mundo.

Pero es un trabajo difícil en un mundo en el cual Estados Unidos es la única superpotencia que, además, no pierde la ocasión de hacerlo notar.

Ayer, por ejemplo, mientras la lista de los muertos en el Hotel Canal seguía creciendo, el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, consideró en el Palacio de Vidrio el nacimiento de una fuerza multinacional bajo el paraguas de la ONU, pero el Pentágono ya expresó objeciones.

Los militares estadounidenses, en efecto, ya aclararon que no tienen ninguna intención de ceder el mando de las fuerzas en Irak.

Las negociaciones en el Consejo de Seguridad sobre un papel extendido de la ONU que dé voz a otros países que aspiran a una parte en la «reconstrucción» de Irak, como Francia, Alemania y Rusia, apenas empezaron y el camino aparece en subida.

Pero fue propiamente en Irak, sobre el campo de batalla de un país devastado por las bombas y la caída de un régimen, que este nuevo papel tuvo –lejos de los reflectores– su banco de pruebas desde mayo último, cuando se instaló en Bagdad Sergio Vieira de Mello, el brasileño enviado de Annan, apreciado por los estadounidenses, quien murió en el ataque del martes.

«Es difícil encontrar un equilibrio entre la preponderancia de la coalición conducida por Estados Unidos y el nuevo papel de las Naciones Unidas, pero estamos llegando», había dicho Vieira al Wall Street Journal en una entrevista que el diario norteamericano publicó ayer.

En la misma entrevista, el brasileño había relatado una conversación mantenida con Powell antes de partir a Bagdad. El secretario de Estado lo había invitado a aprovechar la vaguedad de la resolución de la ONU para reafirmar en Irak el papel de las Naciones Unidas. Vieira le respondió que eso era precisamente lo que quería hacer, sobre lo que Powell bromeó: sin exagerar, porque Washington no lo permitiría.

«En los tres meses que pasó en Bagdad, Vieira de Mello había recibido el mandato del Consejo de Seguridad y recortado un rol para la ONU en la reconstrucción», admitió el embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, John Negroponte, quien ayer comenzó a discutir con sus colegas la hipótesis de una nueva fuerza multinacional.

Un nuevo papel, sí, pero ¿cuál? En el banco de pruebas de Irak, Vieira de Mello –el hombre que funcionaba como bisagra entre Estados Unidos y la ONU– dejó un trabajo a medio hacer. Naciones Unidas ganó en el país una relevancia que en mayo ninguno podía prever, ya que ahora es particularmente activa en el frente humanitario, en la formación del nuevo gobierno y en la redacción de la nueva Constitución.

Pero un rol político independiente para la ONU emergió en los últimos tres meses sólo de a pedacitos. Y la búsqueda de este papel –quizás el test más importante para una organización que, en marzo, cuando empezó la guerra contra Irak, era dada por muerta en Washington– puede tener grandes riesgos por las rivalidades entre los países que forman parte del Consejo de Seguridad.

Rivalidades todavía vivas, incluso después del atentado. *

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