Najaf: el mayor cementerio del mundo islámico
Por lo menos dos millones de muertos, según estimaciones, reposan junto a los 500.000 habitantes de la ciudad, situada a 175 km al sur de Bagdad. Desde hace más de mil años, la proximidad del mausoleo de Alí, el primer imán del chiísmo, atrae a miles de fieles que aspiran a obtener su bendición en el más allá.
Según la tradición, el lugar donde se halla la tumba de Alíse mantenía en secreto para protegerla de los ataques de los califas omeyas, enemigos de su línea sucesoria, hasta que el califa abasida Harun al Rashid la encontró en el siglo IX durante una partida de caza. «Creemos que el imán Alíintercederá a favor de la gente enterrada junto a él para que vayan al paraíso», explica Dia Jassem Mohammad, de 25 años, uno de los guardianes del cementerio, que también es enterrador.
«Gritamos al oído del muerto las frases que debe decir a los dos ángeles que sopesan las acciones de cada individuo cuando llegue el momento», añade, recitando las consabidas respuestas.
A cada tanto, una flecha o una inscripción señala el lugar en que descansa tal familia o tribu, pero sólo los iniciados se orientan en este dédalo de más de 10 km2 conocido como el «valle de la paz».
Las tumbas más modestas, de un metro de altura y con una lápida de mármol en la que se lee el nombre del difunto, conviven con tumbas de varios pisos, cúpulas e incluso verdaderas construcciones que albergan varias sepulturas.
«A menudo las familias no consiguen encontrar a sus muertos», admite Haidar Tarek Ghazi, de 23 años, hijo de un guardián de cementerio, cuya familia ejerce esta profesión desde hace siete generaciones. «He venido a visitar a mi mujer, que falleció hace quince días», explica Abdel Hamza Kazem Sud al Shammari, de 73 años, policía retirado de Bagdad.
«Toda la gente de la tribu está enterrada aquí», cuenta, y añade que esta parcela es la cuarta perteneciente a su familia. Cuando se llena una, hay que comprar otra.
Junto al cementerio, varias decenas de sociedades funerarias tienen pequeñas oficinas. La clientela se transmite de generación en generación porque cada familia con un miembro enterrado en Najaf debe utilizar los servicios de la misma empresa.
Durante el derrocado régimen, había 40 empresas de pompas fúnebres y otras 50 clandestinas, que prosperan desde entonces gracias a una política comercial más agresiva. Y las desigualdades sociales persisten hasta la muerte.
«En general, las familias ricas construyen tumbas altas con mármol», dice un empresario de pompas fúnebres, según el cual pueden costar desde 50.000 dinares iraquíes (unos 30 dólares) hasta 3 ó 4 millones (2.000 a 2.700 dólares). *
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