Desde 1943 los jefes de Estado sólo dejaban su sillón presidencial cuando morían

La renuncia y el exilio de Taylor, un pequeño paso hacia la paz en Liberia

Este traspaso de poder al vicepresidente Moses Blah parece un milagro en Liberia, donde desde 1943 los jefes de Estado sólo dejaban vacante su sillón presidencial cuando morían.

Pero se necesitarán otros jefes de gobierno para poner fin al suplicio de los liberianos, privados de ayuda humanitaria desde hace meses.

Miles de habitantes que residían en la capital huyeron despavoridos de sus casas para refugiarse en las Iglesias debido a los combates.

La comunidad internacional considera que la renuncia de Taylor constituye una etapa indispensable hacia la paz. «Es determinante (…) es un nuevo comienzo para Liberia, un proceso que sin duda será irreversible», estimó el secretario ejecutivo de la Comunidad Económica de Estados de Africa Occidental (Cedeao) Mohamed Ibn Chambas.

La primera prueba de este proceso será la actitud que adoptarán los rebeldes que luchaban contra el régimen de Charles Taylor desde 1999.

Queda por ver si el grupo Liberianos Unidos por la Reconciliación y la Democracia (LURD), que reclamaba a gritos su salida del país, aceptará, tal y como se comprometió, a retirarse de Monrovia para dejar su sitio a los soldados de la paz y de la Cedeao.

Otro de los interrogantes es si el LURD y el Movimiento por la Democracia en Liberia (Model), otro movimiento rebelde surgido en marzo pasado en el sudeste del país, permitirán el paso de la ayuda humanitaria tan esperada por la población civil.

Y se ignora también si los guerrilleros obedecerán en caso de que Guinea y Costa de Marfil, acusadas de apoyar a los dos grupos rebeldes, aflojaran la presión que ejercen sobre Liberia.

En un comunicado recibido el lunes por la mañana en la oficina de la AFP en Abidjan, el LURD subraya que la dimisión de Charles Taylor no constituye una garantía.

«Nuestra exigencia sobre la partida de Taylor no se contradice con nuestras preocupaciones sobre las infiltraciones enemigas, en particular en la zona del puerto de Monrovia (bajo el control del LURD desde el 19 de julio) y el peligro que representarían para la población civil», agregó el grupo, destacando que «la probabilidad de una jugarreta por parte de Charles Taylor es demasiado importante».

El subsecretario general del LURD, Seku Fofana, afirmó que su movimiento no aceptará que Moses Blah dirija el país.

Poco después de prestar juramento, el nuevo presidente de Liberia, Moses Blah, pidió a los grupos rebeldes que «trabajen» en cooperación con el nuevo gobierno de transición.

Pero Blah tiene por delante un camino difícil sembrado de miles de oficiales partidarios de Taylor y numerosas unidades especiales que cobraban salarios y comisiones pagadas por su antiguo jefe o se enriquecían a base de saqueos.

Como mínimo tendrá que tomar las riendas del poder hasta el 14 de octubre de 2003, fecha prevista para las elecciones nacionales que pondrán fin a su gobierno de transición.

La renuncia del ex presidente liberiano era esencial en un país con ricos yacimientos minerales abandonado a su suerte, sobre todo desde que estalló la guerra en 1989, cuando Taylor era jefe del Frente Patriótico Nacional para la Liberación de Liberia (NPFL), que se enzarzó en una brutal matanza contra las fuerzas leales al presidente de entonces Samuel K.Doe. *

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