El retorno del genocida Efraín Ríos Montt
El ex dictador Efraín Ríos Montt, que detenta actualmente la presidencia del Senado, lanzó a las calles de Guatemala sus bandas armadas y grupos de choque, capitaneados por la plana mayor de su partido Frente Republicano Guatemalteco (FRG), sus hijos y familiares, creando un clima de terror y caos para revertir la decisión de los organismos institucionales contrarios a su postulación a la presidencia en las elecciones de fin de año por haber sido protagonista de un golpe de Estado. Ya antes reinaba en el país un clima asfixiante, marcado por los ataques a las libertades públicas, los atentados contra militantes de izquierda y contra los periodistas.
El golpista de 1982
Después de la invasión de Castillo Armas orquestada por la CIA que derribó el régimen democrático y antiimperialista de Jacobo Arbenz, se sucedieron mediante elecciones fraudulentas una serie de dictaduras militares, como las de los generales Miguel Ydígoras Fuente y Kjell Laugerud García. Fue la época de los Escuadrones de la Muerte, de la fatídica Mano Blanca, que perpetraron asesinatos de miles de campesinos y militantes de izquierda. En 1978 ganó entre tres candidatos militares el general Fernando Romeo Lucas García, que dejó como recuerdo la masacre de Panzós. Contra él dio Ríos Montt el golpe del 23 de marzo de 1982, y duró hasta ser derrocado a su vez por el general Oscar Mejía Víctores en agosto de 1983.
Ese año y medio le alcanzó a Ríos Montt para asesinar a decenas de miles de guatemaltecos y para borrar del mapa a 448 aldeas campesinas. Setenta mil personas buscaron refugio en los países vecinos, principalmente México, y medio millón se internó en la montaña, huyendo del ejército. El dictador se rodeaba de un clima de exaltación mística para perpetrar las matanzas, adherido como estaba a una secta fundamentalista. Su lema era: «Con la Biblia y con la metralleta». Y también, como se ha dicho, con la bendición de los presidentes norteamericanos Ronald Reagan y George Bush padre.
En febrero de 1982 se creó la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) agrupando a movimientos guerrilleros que venían actuando de tiempo atrás: el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), la Organización del Pueblo en Armas (ORPA) y el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT, comunista).
La complicidad de Portillo
El zafarrancho que desató Ríos Montt tenía el objetivo de coaccionar a la Corte de Constitucionalidad, la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Supremo Electoral y terminó por lograrlo en la quinta tentativa, tras sucesivas denegatorias. Contó con el visto bueno tácito del presidente Alfonso Portillo y del ministro de Gobernación, Adolfo Reyes Calderón, que dejaron actuar a las hordas impunemente, sin comprometer al ejército en ningún procedimiento de contención.
En verdad, el presidente es un hijo adoptivo de Ríos Montt, líder máximo del FRG y presidente del Congreso. En 1995, cuando el ex dictador no pudo presentar su candidatura, la delegó en Portillo, que entró segundo, superado por Alvaro Arzú, quien ocupó la presidencia y firmó en diciembre de 1996 los acuerdos de paz con la URNG, primero en Europa y luego en México y Guatemala, con lo cual se puso fin a 36 años de guerra civil. En las elecciones siguientes, el 26 de diciembre de 1999, Portillo alcanzó la victoria frente a Oscar Berger. Su primer acto público fue prometer el esclarecimiento al asesinato del obispo Juan Gerardi, ocurrido en abril de 1998, que conmocionó a la sociedad y en el cual se señala la responsabilidad directa de los militares. Para los comicios de fines de este año, quien aparece despegado al frente de las encuestas es casualmente el mencionado Oscar Berger, quien ocupó la alcaldía de Ciudad de Guatemala por dos períodos consecutivos, de 1991 a 1999. En segundo término figura Alvaro Colom, mientras que Ríos Montt viene lejos en tercer lugar. Es por eso que ahora quiere patear el tablero y colocarse en primer plano por métodos espurios.
Guatemala en América Latina
Guatemala es una parcela insoslayable de la dolorosa historia de América Latina. A fines del siglo XIX se adueñó del poder Manuel Estrada Cabrera, que no lo abandonó hasta 1920. En ese período el país quedó enfeudado al imperialismo norteamericano, que se adueñó de los ferrocarriles, los puertos, la energía eléctrica, los transportes marítimos, los correos y sobre todo la tierra, asiento del monopolio bananero de la United Fruit. La revolución de octubre de 1944 derribó la dictadura del general Jorge Ubico y convocó a elecciones que llevaron a la presidencia de Juan José Arévalo (el de la «Fábula del tiburón y las sardinas»), sucedido por el coronel Jacobo Arbenz. Se llevó a cabo la reforma agraria expropiando tierras de la United Fruit, se consagró el voto de las mujeres y otras reformas democráticas. En la X Conferencia de Cancilleres de la OEA de marzo de 1954 en Caracas el secretario de Estado norteamericano John Foster Dulles (además, abogado y accionista de la United Fruit) anatemizó a Guatemala y proclamó que su gobierno debía ser borrado del mapa en nombre de la lucha contra el «comunismo internacional». En esa instancia el canciller Guillermo Toriello se irguió a la estatura del «canciller de la dignidad de América». En junio se montó desde Honduras la invasión de Castillo Armas, que ensangrentó al país.
Asturias y Arbenz
Miguel Angel Asturias, Premio Nobel de Literatura, describió estos hechos en su memorable relato «Cadáveres para la publicidad». Su hijo Rodrigo (Gaspar Ilom por su «nom de guerre») es hoy el candidato presidencial de la URNG. Lo conocimos en el X Encuentro del Foro de São Paulo efectuado en Antigua, en que oficiaron de anfitriones. Jacobo Arbenz, salió al exilio y vivió largo tiempo en Uruguay junto a su esposa María Villanueva. Muchos veteranos los recuerdan con afecto. *
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