La pobreza, la indigencia y la desocupación
Dicen las estadísticas oficiales que el 35% de la población económicamente activa o sea 4.855.000 personas tienen problemas de trabajo en los 31 principales centros urbanos del país.
Dicho de otro modo, es la sumatoria de los desocupados, los subempleados y entre estos, los que no buscan de todas maneras un nuevo trabajo.
Por eso, no está para lanzar bengalas con los datos de Instituto de Estadística y Censos (Indec) que en su medición de mayo el desempleo se ubicó en el 15,6%, por debajo del 17,8% de la medición anterior de octubre de 2002.
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, comentó que «con los números se puede hacer cualquier cosa». Es que ahora oficialmente hay 2.202.000 desocupados, 307.000 menos que en octubre de 2002, según informó el Indec pero que para el funcionario, la caída es mayor.
Pero las cifras cambian si se considera como desocupados a los beneficiarios de planes Jefes/Jefas de Hogar, trabajen o busquen o no un empleo. En ese caso, según el cálculo oficial, la desocupación treparía al 21,4% y los 2.202.000 desocupados se elevarían a 3.063.000. En octubre, excluyendo los planes sociales, el desempleo fue del 23,6%, una cifra de terror.
De los números del Indec se deducen tres cosas: 1) Menos gente salió a buscar trabajo; 2) una parte de los desocupados encontró empleo privado (mucho en negro) y 3) el resto tiene asignado Planes Jefas y Jefes de Hogar.
Entre mayo de 2002 y el último hay 1.223.000 personas ocupadas más, de las cuales 610.000 son por los planes sociales y el resto nuevas ocupaciones privadas. Respecto de octubre de 2002, hay 364.000 ocupados más, 80.000 por los planes sociales y el resto 284.000 en actividades privadas.
Incluir como ocupados a quienes reciben planes asistenciales, es poco serio. Es un dibujo que incide sobre la tasa de desocupación, pero no logra en cambio bajar las tasas de pobreza e indigencia.
La mejora que tuvieron estos indicadores se atribuye a la generación de empleo genuino. De hecho, entre mayo y octubre de 2002, cuando el 68% del crecimiento de los ocupados se explicó por los planes, la pobreza y la indigencia crecieron.
Ocurre que los 150 pesos (50 dólares) asignados a cada jefe de hogar desocupado son un monto inferior a lo que necesita un adulto para procurarse los bienes y servicios que lo salven de ser pobre. Y si bien la cantidad de dinero supera a la requerida para comprar los alimentos básicos, vale recordar que quien recibe el subsidio estatal tiene familia a cargo y, por tanto, necesita más de 150 pesos para alimentar a todos.
Sin estar eufórico el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, sostiene que estos datos marcan una tendencia porque por segunda vez consecutiva desciende la desocupación. Y con relación a octubre, el desempleo baja fundamentalmente por creación de empleo y no por planes sociales. Tomada agregó que, sin los planes sociales, de los 284.000 nuevos puestos de trabajo, la mitad son de los llamados informales o «en negro».
La subocupación también se redujo del 19,9 al 18,8%, lo que equivale a 2.652.000 personas. Así, si se suman los 2.202.000 desocupados y los 2.652.000 subocupados, en la Argentina 4.855.000 personas casi el 35% de la población activa tiene problemas de empleo.
Es un poco peor porque, como entre los ocupados y subocupados están incluidos los beneficiarios del Plan Jefas que están trabajando (el Indec estimó que el 74% de los casi 2 millones beneficiarios de planes sociales realiza alguna actividad) se puede estimar que más de 5 millones de personas tienen problemas de empleo en la Argentina.
En las cifras oficiales la pobreza se redujo del 57,5 al 54,7%, mientras la indigencia bajó del 27,5 al 26,3%. Esto significa que ahora hay 18,8 millones de pobres, de los cuales 9 millones son indigentes. Lavagna afirma que con sus datos es menor la pobreza e indigencia.
Según Economía, con relación a mayo de 2002, el empleo aumentó el 6%, casi lo mismo que la actividad económica, y esto se debió a la depreciación del peso que ayudó a la recuperación de la industria. En rigor, hay mucho por hacer. *
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