Lula: presiones y depresiones
Es, sin dudas, un momento difícil el que está atravesando, en estos días, el presidente Lula y su gobierno. No debe ser sencillo para quien fue líder de los gremios tener que enfrentar, desde el sillón presidencial, una huelga de funcionarios públicos. Muchos de ellos votaron por Lula y el PT y, ahora, es su gobierno quien le saca los privilegios jubilatorios que siempre tuvieron; y que fue justamente Lula y su partido quienes le impidieron a Fernando Enrique Cardoso hacer las reformas que están por votarse.
La huelga de los empleados del Estado, que comenzó hace dos semanas, ha enrarecido el clima en Brasilia. Especialmente en las oficinas públicas, los ministros tienen que recorrer el Parlamento rodeados de guardaespaldas. Los huelguistas llegaron a irrumpir en el Parlamento y el presidente de la Cámara de Diputados, el petista Joao Paulo Cunha, llamó a la Policía Militar. Guardias armados a guerra entraron en el Congreso para contener la revuelta de los servidores (como aquí se los llama). Algo que no había sucedido ni en el golpe militar, cuando los uniformados rodearon el edificio del Parlamento, pero no se animaron a irrumpir.
No se debe ser fácil tampoco, para un Presidente que apadrinó esas organizaciones, presenciar la efervescencia por la que atraviesan los Movimiento de los Sin Tierra y Sin Techo.
El presidente del MST, el legendario José Pedro Stédile, pronunció unas palabras, la semana pasada, que algunos consideraron una incitación a la violencia.
Dijo que por cada fazendeiro (hacendado, estanciero) existen mil campesinos pobres y que éstos pueden hacerle lo que quieran a aquél. Las invasiones de tierras están a la orden del día, también han protagonizado los militantes del MST saqueos a camiones con comida, asaltos a peajes y otros actos violentos.
Como muestra basta un botón. Unos días atrás desalojaron una fazenda en Minas Gerais, que habían invadido. Faltaron decenas de cabezas de ganado, cientos de litros de combustible, muebles, electrodomésticos y todo era una mugre, como si hubieran pasado los invasores días de juerga, con churrasco y bebidas alcohólicas. Algo similar había pasado con otra invasión del MST, hace unos años, a la estancia del hijo de FHC.
Los Sin Techo, a su vez, ocuparon un terreno de la Volkswagen, en San Bernardo do Campo, en el ABC paulista, a pocas cuadras del apartamento de Lula.
La invasión fue de unos pocos cientos de familias, hoy ya hay más de seis mil. En el Pontal de Paranapanema, a 647 kilómetros de San Pablo, se encuentra el mayor campamento de los Sin Tierra, de los muchos que tienen a lo largo del Brasil. Crece día a día al influjo de la prédica de uno de los líderes más carismáticos y radicales del MST, José Rainha, quien fue detenido la semana pasada y se encuentra preso por incitar a la violencia.
Tampoco le debe ser nada grato a Luiz Inácio que su programa social estrella, Fome Zero, que lo ha hecho famoso en el mundo entero, vaya tan despacio. Por el momento son muy pocas las familias brasileñas que reciben apoyo alimenticio a su través y la burocracia parece retardar las buenas intenciones.
Pero, lo peor, debe ser el momento de recesión por el que pasa la economía brasileña. Ya no le debe alcanzar con los éxitos macroeconómicos, con el dólar bajo, los papeles del Estado altos y el Brasil alabado en los organismos multilaterales y apetecido en los mercados internacionales. Debe ser duro mirar alrededor y ver la economía interna quedándose. Palocci y su equipo le deben decir que este trance es imprescindible pasarlo para quebrar la espina dorsal de la inflación y que ya está por comenzar el espectáculo del crecimiento y sobre bases macroeconómicas sólidas.
Lula lo repite y lo repite, hasta que lo debe cansar la espera. Al grado que uno de los más prestigiosos analistas locales, que escribe para Globo y participa en el programa televisivo Manhattan Connection, Arnaldo Jabor, llegó a decir en su última columna que le preocupa que Lula llegue a deprimirse con este escenario que le es adverso.
Deprimido debe estar, con el mal momento que atraviesa; pero lo que a Jabor lo inquieta es que este estado derive en una depresión que requiera de un tratamiento médico.
No pienso que llegue a tanto. Es cierto que últimamente a Lula se lo ve más abatido, menos dicharachero, pero es algo pasajero.
Tiene la fuerza que le da haber llegado a donde está desde muy abajo. Haber conocido la pobreza y el hambre en carne propia. No va a desanimarse tan rápido.
Y tampoco será tan larga la espera, esta etapa difícil por la que está pasando. Gobernar es duro y seguramente vendrán tiempos mejores. *
Te recomendamos
¿mesías?
Milei rendirá tributo al mesiánico Rebe de Lubavitch, que predicaba supremacismo racial judío
Desde proclamarse mesías y decir que los judíos son la raza superior hasta los escándalos de pederastia encubiertos por la organización: este es el movimiento al cual Javier Milei rendirá tributo en el Palacio Libertad.
Compartí tu opinión con toda la comunidad