"El matrimonio es santo", afirma el documento del Vaticano

El Papa contra la unión de los homosexuales

El documento, «Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales» –aprobado por Juan Pablo II– exhorta a los políticos a no cometer el acto «gravemente inmoral» de legalizar de algún modo a las parejas gay.

La unión civil de parejas homosexuales es legal en varios países europeos y en América latina sólo está vigente en Buenos Aires, Argentina.

El Vaticano advirtió además que no se debe consentir a dichas parejas ningún tipo de adopción de niños. Sería, según la Santa Sede, un acto de «violencia» contra los menores, una práctica «inmoral», en contraste con los principios de la ONU, según su visión.

El texto, ya anticipado en parte días pasados, fue firmado por el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio).

El documento, como explica en su introducción, se propone «iluminar la actividad de los hombres políticos católicos» para que se opongan a cualquier tipo de tutela legal de las uniones homosexuales. No hacerlo sería un «acto gravemente moral».

Ratzinger usa tonos muy severos en sus argumentaciones. Las uniones homosexuales no desempeñan ningún rol social, no «están en condiciones de asegurar en forma adecuada la procreación y la supervivencia de la especie humana» –observa– por lo cual no existe ninguna razón para su «reconocimiento legal».

«El matrimonio es santo, mientras las relaciones homosexuales contrastan con la ley moral natural. Los actos homosexuales precluden al acto sexual el don de la vida. No son el fruto de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. De ningún modo pueden ser aprobados», advierte.

El documento recuerda pasajes de las Sagradas Escrituras donde las inclinaciones homosexuales son condenadas como «graves depravaciones».

La Iglesia católica de ayer, observa Ratzinger, exhorta a tratar con «respeto, compasión y delicadeza» a las personas con tendencias homosexuales, que deben vivir en la castidad, pero las uniones no deben ser alentadas, toleradas, ni mucho menos legalizadas.

«Las uniones homosexuales no desempeñan ni siquiera en sentido analógico remoto las tareas por las cuales el matrimonio y la familia merecen un reconocimiento específico y calificado», escribe el purpurado.

Para la Iglesia católica «existen buenas razones para afirmar que tales uniones son nocivas para el recto desarrollo de la sociedad humana, sobre todo si aumentara su incidencia efectiva en el tejido social».

«Reconocer legalmente estas uniones o equipararlas al matrimonio –se lee en el texto– significaría no sólo aprobar un comportamiento desviante, con la consecuencia de transformarlo en un modelo en la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad». Por tal motivo, la parte final del documento se concentra en una serie de indicaciones dirigidas a los representantes políticos católicos quienes tienen el «deber moral» de oponerse a cualquier proyecto de ley favorable al reconocimiento de las uniones homosexuales.

«Conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo para el bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral», advierte Ratzinger.

En caso que el parlamentario se halle en presencia de una ley ya en vigor debe comunicar su oposición y más lícitamente dar su apoyo a iniciativas legislativas que limiten los daños.

El Vaticano llama a diputados y senadores católicos, en Italia y en otras naciones del mundo, para que se opongan en el Parlamento, voten en contra, hagan pública su oposición, invoquen la objeción de conciencia e impulsen la derogación de eventuales leyes existentes. *

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