El futuro canciller argentino no quiere relaciones carnales con Estados Unidos

El FMI y el Banco Mundial encienden luces sobre Argentina

El presidente sabe  dicen sus cercanos  que no vienen tiempos fáciles. La derecha le encendió los faros y Washington da señales de descontento y desconcierto. Pruebas palpables: a las ceremonias del traspaso del mando, el domingo, los EEUU envían una delegación de muy bajo perfil.

Por lo pronto el nuevo canciller, Rafael Bielsa, dice cosas que no agradan en el Norte. Al diario «La Capital» de Rosario le contó que durante la gestión presidencial del santacruceño «no habrá relaciones carnales con Estados Unidos». Inclusive sostuvo que su objetivo principal será fortalecer el bloque regional del Mercosur.

El jurista y escritor señaló su postura frente a «plantear si ALCA o Mercosur es una trampa del modelo cultural de los 90: Estados Unidos y las relaciones carnales o una asociación con los que se nos parecen». «La secuencia es al revés. Hay que fortalecer la unión con los que se nos parecen», enfatizó.

«Hay un destino pensado de México hacia abajo que implica una agenda colectiva y, mediante ella, relacionarnos con Estados Unidos y otros bloques continentales como la Unión Europea, India o China», señaló Bielsa

Y ayer el FMI dijo lo suyo. Su vocero, Tom Dawson, advirtió que un nuevo convenio con Argentina dependerá de que este país cumpla con algunas pautas que al parecer no serán satisfechas.

Por caso, al Fondo le disgusta una ley que prorrogó ejecuciones hipotecarias que ni Eduardo Duhalde ni Kirchner piensan vetar.

Además, Kirchner le dijo al diario Clarín que «se puede vivir sin FMI», no como una postura de confrontación sino que negociará todo el tiempo que sea necesario sin aceptar imposiciones.

 

Aprietes

Pero quienes no están cumpliendo con los acuerdos son los organismos financieros. Por un lado, el Banco Mundial todavía no reembolsó, como había prometido, 1.200 millones de dólares que el gobierno pagó puntualmente con reservas antes del 30 de abril. Por el otro, el Fondo Monetario está presionando para que la administración Kirchner acepte metas de ajuste fiscal superiores a las de Brasil, deletéreas para una economía que apenas está asomando la cabeza.

Pero además, la número dos del FMI, Anne Krueger, le transmitió al ministro de Economía Roberto Lavagna cuál debe ser la agenda de cortísimo plazo del presidente electo: aumento de las tarifas de servicios públicos, decreto para la compensación a los bancos por la pesificación y el veto a la suspensión de las ejecuciones hipotecarias. Para comenzar a hablar.

En rigor, los organismos financieros le adeudan a la Argentina 3.600 millones de dólares, un monto con lo que se habría podido rescatar las monedas paralelas que emitieron las provincias los últimos años y que se están erradicando. En la cartera de Economía temen que la cuestión no sea un mero incidente burocrático sino una manera más de presionar sobre la nueva administración.

Según Página/12 la agenda de condiciones «inmediatas» que el Fondo exigirá a Kirchner fue anticipada en contactos telefónicos desde Washington tanto a funcionarios del Banco Central como de Economía. Más aún, el titular del Central, Alfonso Prat Gay, tanteó la semana pasada a Lavagna para saber si estaba dispuesto a aceptar la primera de esas condiciones: un decreto que instrumente lo que resta de la compensación a los bancos por la pesificación asimétrica. «Ni loco», le contestó el ministro, molesto.

«El proyecto de ley ya lo enviamos al Congreso y ahí es donde se va a discutir el tema», le espetó.

 

Las tarifas, un tema

La segunda condición es el ajuste de las tarifas de servicios públicos. Al respecto, el flamante ministro de Planificación, Julio De Vido, quien tendrá a su cargo las secretarías de Energía, Transporte y Comunicaciones, avisó que el gobierno de Kirchner no está pensando en aumentos, sino en revisar integralmente los contratos de las privatizadas.

Washington irá por más. Krueger también advirtió que no aceptará restricciones a los movimientos de capitales, una medida a la que Lavagna quiere echar mano, de continuar las dificultades para frenar la caída del dólar a causa del ingreso de capitales especulativos.

Sin embargo, la madre de todas las batallas estará en las nuevas metas fiscales que el Fondo pretende.

«Quieren que subamos el superávit primario (antes del pago de intereses) del 2,5 (por ciento del PBI), a 4 o 4,5 por ciento», confesó un funcionario de Economía a Página/12.

Traducido: las nuevas metas significarían un ajuste adicional de unos 7.000 millones de pesos anuales.

Así, como en los últimos años de la convertibilidad, una porción grosera de la recaudación tributaria debería destinarse al pago de intereses de la deuda, relegándose gastos sociales elementales. Para tener una idea, un superávit operativo de 3 puntos del PBI equivale al 15 por ciento de la recaudación.

Si se cumpliera con las nuevas demandas, entonces 1 de cada 4 pesos de los ingresos tributarios iría al bolsillo de los acreedores.

El Fondo argumenta a su favor que el gobierno de «Lula» está apuntando a un superávit de 4 puntos del PBI.

Sin embargo, Lavagna contestó que Brasil cuenta con los recursos totales del sistema previsional. En cambio, el Estado argentino resigna anualmente a manos de las AFJP (jubilación privada) unos 3.400 millones de pesos (1 punto del PBI).

Además, como lo demuestra un estudio de la Cepal encargado por Economía, en Brasil la recaudación de impuestos nacionales como porcentaje del producto es más alta. Así, 3 puntos del PBI de superávit en la Argentina equivaldrían a 4,5 puntos en Brasil.

Tiempos duros. *

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