La resistencia a la ocupación yanki en Irak

Estados Unidos (que está ocupando Irak con 142 mil soldados, 49 mil de ellos concentrados en Bagdad) amenazó con incrementar el uso de la fuerza para restablecer el «orden», incluyendo tanto a los saqueadores como a quienes protestan contra la presencia militar extranjera y reclaman que se vayan. No le alcanza con haber masacrado a la población con tres semanas de los más salvajes bombardeos, ni que las consecuencias de los ataques se sigan sintiendo hasta hoy, como el trágico caso de nueve niños muertos al manipular un explosivo, en una ciudad sureña. Ya capotó el gobernador enviado por Rumsfeld, general Jay Garner, reemplazado por un emisario directo de Bush, Paul Bremer. El caos sigue en todos los órdenes, ningún problema ha sido resuelto, salvo que ya se han asegurado los recursos petroleros.

El regreso del «Jomeini iraquí»

La protesta contra la ocupación extranjera cunde en todo Irak. En ese sentido adquiere relevancia el retorno al país, después de 23 años de exilio en Irán, del ayatolá Mohammed Baqir Al Hakim, líder de la mayor organización chiíta, el supremo Consejo para la Revolución Islámica en Irak. Los chiítas, mayoritarios en Irak frente a los sunnitas, eran reprimidos por Saddam Hussein, y ahora emergen a la superficie, lo mismo que varias organizaciones de izquierda, también víctimas de sañuda persecución. Así, hemos visto a militantes comunistas, ilegalizados y encarcelados, salir a la calle en manifestación el 1º de Mayo. Cuentan las crónicas que «las banderas verdes del Islam y las negras de los chiítas flameaban entre la multitud que acompañó el ingreso del ayatolá en territorio iraquí» procedente de Teherán. Las reivindicaciones de carácter religioso formuladas por Al Hakim estaban unidas a la voluntad claramente expresada de eliminar todas las interferencias extranjeras y de formar un gobierno autóctono (bajo el lema: «Irak para los iraquíes») integrado por la unión de todas las colectividades: chiítas, sunnitas, kurdos y nacionalistas. Según su fórmula, que recibió calurosa aprobación, «el nuevo gobierno deberá estar compuesto por todos los grupos étnicos y confesiones religiosas». Por esas razones se ganó el apelativo de «Jomeini iraquí». En realidad, la trayectoria de estos dos líderes religiosos de países vecinos podría integrarse en las «Vidas paralelas» de Plutarco. En efecto, el ayatolá Ruholah Jomeini, líder de la revolución iraní que destronó el sha Reza Pahlevi, hizo una trayectoria inversa a la de Al Hakim. Durante 15 años estuvo recluido en Najaf, en Irak meridional, y sus contactos secretos eran, casualmente, con el padre de Al Hakim. El sha, temeroso de su actividad, logró que fuera trasladado a Neauphle-le-Château, cerca de París. Desde allí sus grabaciones impactaban fuertemente a impulsos sectores de la sociedad iraní. En esa época se formó un frente antishá, integrado por el Frente Nacional fundado por Mossadegh (primer ministro que nacionalizó a la Anglo Iranian Oil Co. y fue derribado por un golpe de Estado de la CIA en 1953), el partido comunista Tudeh, los fedayines y mujaidines, con una pronunciada influencia de Jomeini. Las manifestaciones multitudinarias se sucedían, ametralladas por las fuerzas represivas de la Savak, para renacer al día siguiente con mayor vigor. El sha se vio forzado a abandonar el país a principios de 1979 y Jomeini regresó triunfante, convertido en guía espiritual. Por eso los cables dicen ahora que «el turbante negro que usan los molá descendientes de Mahoma y la barba blanca de Al Hakim, de 63 años, contribuyeron a recordar a otra multitud, la que el 11 de febrero de 1979 recibió en Teherán al imán Ruhollah Jomeini tras un exilio de 16 años para dar vida y triunfo a la revolución teocrática que derrocó al pro-occidental sha Reza Pahlevi y cortó relaciones con Washington». La misma acogió a Al Hakim desde 1980. Yo estuve en Teherán en esa época situada bajo el liderazgo de Jomeini, a quien escuchamos en varias oportunidades calificando a EEUU como el demonio, y participamos en un encuentro internacional sobre «Los crímenes del imperialismo norteamericano contra Irán». Dejo esos relatos para otra oportunidad.

EEUU amenaza a Irán

No es de extrañar que estos hechos hayan puesto de punta al gobierno norteamericano. Leemos que «Washington advirtió a Irán de no entrometerse en los asuntos internos de su vecino, que tras la caída de Saddam está ahora bajo un régimen militar estadounidense». A la vez, el guía espiritual iraní, ayatolá Alí Jamenei, denunció (al tiempo que se opone a la reanudación de relaciones con Washington) que «EEUU prepara a la opinión pública para una acción militar o semi-militar contra Irán», que «trata de minar la independencia de la República islámica» y que los países del Medio Oriente, comprendido Irán, «son el blanco de la avidez de Washington».

Esto se refiere en primer lugar al petróleo. Después de la invasión a Irak, las miradas de los gobernantes norteamericanos se dirigen a Siria y a Cuba. El New York Times acaba de aumentar la lista al filtrar la preocupación de los hombres de Bush ante los supuestos esfuerzos de Teherán por fabricar armas atómicas utilizando el reactor de Natanz. Y aunque el mismo fue visitado tres meses atrás por el director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Mohammed el Baradei, sin hallar nada particular, la acusación sigue su curso.

Siempre el petróleo

Por detrás está, como en Irak, la mafia petrolera. El representante demócrata Henry Waxman confirmó el 8 de mayo lo que era un secreto a voces: el Cuerpo de Ingenieros del Pentágono otorgó, sin concurso público y en secreto, un contrato de 7 mil millones de dólares a Halliburton –dirigida de 1995 a 2000 por el vicepresidente Cheney, y responsable de fraudes contables estilo Enron– para operar los pozos petroleros iraquíes y comercializar su producción, que esa sí se ha reanudado. *

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