Macabra búsqueda de desaparecidos iraquíes en una fosa común
Familias desesperadas, sin control alguno, en ausencia de médicos o expertos, se afanan angustiados examinando bolsas de plástico diseminadas por el lugar en la que estos últimos días se fueron reuniendo huesos, restos de indumentarias y objetos personales.
Un estudiante de medicina, Rafid Al Hussein, que se hizo cargo del operativo, dice que desde hace una semana ya fueron exhumados 3.000 cuerpos.
La macabra tarea es realizada por voluntarios llegados de Babilonia (100 km al sur de Bagdad).
Se trata en su gran mayoría de víctimas de la represión lanzada por el derrocado Saddam Hussein tras la rebelión chiíta de 1991, explicó Rafid.
Según el Congreso Nacional Iraquí (CNI), el lugar, donde fueron descubiertas varias fosas comunes, podría contener hasta 15.000 cadáveres, cifra considerada «muy exagerada» por Peter Bouckaert, delegado de la organización de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch (HRW).
«Probablemente nunca sabremos el número exacto de cuerpos. Todas las pruebas están en camino de ser destruidas», afirma Rafid al Hussein, señalando la excavadora que a su paso descubre jirones de ropas y huesos bajo la mirada afligida de la gente. «Los norteamericanos no hicieron venir ni a un médico forense. La mayoría de la gente se irá de aquí sin respuesta porque gran parte de los cuerpos jamás será identificada, y las pruebas contra los criminales serán destruidas», dijo Bouckaert.
El oficial de marines norteamericano, teniente coronel Rick Long, dijo que esta cuestión era un «asunto iraquí».
«Estamos allí para ayudar, darles agua, bolsas de plástico y reunir pruebas si lo desean, pero de momento no tenemos en ese sentido ningún pedido», prosigiuió. Para los deudos que buscan a sus familiares, la evidencia de la barbarie del régimen de Saddam Hussein está ahí, en ese campo roturado, en esos harapos o zapatos desenterrados.
Una mujer arrodillada, con las manos temblorososas extrae un documento de identidad ennegrecido, y mira fijamente una foto. Se derrumba gritando. En la bolsa están los restos de su hermano, desaparecido en 1991.
Desde hace una semana, Khisma Al Achur, de unos treinta años, vuelve al lugar todos los días. Ya encontró un miembro de su familia que reconoció por el permiso de conducir. Sigue buscando locamente por si encuentra a sus dos hijos desaparecidos en 1991.
Terribles búsquedas y no menos pavorosos encuentros. Las familias que identificaron a uno de sus allegados vuelven con sus restos y pertenencias para brindarles digna sepultura.
Cerca de la fosa yace un esqueleto reconstruido casi por completo. Está cubierto por un abrigo. Un hombre toma suavemente la cédula de identidad colocada encima de los huesos y la muestra a la gente. La foto es de una linda joven.
La gente está en silencio. Nadie conoce los pobres restos diseminado de la bella desaparecida de Babilonia. *
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