Blair enfrenta rebelión en el Partido Laborista

El primer ministro británico, Tony Blair, enfrentó ayer una fuerte rebelión laborista a sus planes de reforma al sistema nacional de salud, mientras una encuesta reveló un descenso de la popularidad del partido gobernante.

Blair, que no pudo celebrar como hubiera deseado sus 50 años, sostuvo ante el Parlamento que la oposición a la reforma de los hospitales públicos es «un error colectivo de proporciones históricas».

El premier, que viajó por la tarde a Dublín para discutir el proceso de paz en el Ulster con su par irlandés Bertie Ahern, declaró frente a la Cámara de los Comunes que la votación que se realizará el miércoles sobre los planes de reforma para los hospitales del país «es muy importante para el futuro de Gran Bretaña».

Sin embargo, más de 130 parlamentarios laboristas firmaron una petición especial oponiéndose a los planes de reforma del premier, que pretenden la «liberación» de las instituciones sanitarias públicas del control de Whitehall (el gobierno central).

Blair, quien recibió el apoyo de su ministro de Salud y uno de sus máximos aliados en el gabinete, Alan Milburn, insistió en que «frenar los planes de reforma provocará el vaciamiento de los hospitales» del sistema público, y opinó que para aquellos que creen en los servicios públicos «las reformas son fundamentales para el futuro».

Las reformas incluirán liberar a los hospitales del control de Whitehall y de esta manera pedir préstamos monetarios a instituciones bancarias independientes sin el aval del gobierno.

La fuerte rebelión laborista, que ensombreció los planes de cumpleaños de Blair, ocurre durante un día muy convulsionado para el partido gobernante, que esta tarde y en forma inesperada suspendió al parlamentario disidente George Galloway tras anunciar que penden sobre él «investigaciones internas del partido».

Galloway, fuerte opositor a la guerra contra Irak y quien fue acusado por el Daily Telegraph de recibir cerca de 500.000 dólares de sobornos del gobierno de Saddam Hussein, fue suspendido por su partido tras las declaraciones en las que calificó a Blair y al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, de «lobos sanguinarios» y en las que pidió al mundo árabe rebelarse contra las fuerzas de la ocupación anglo-estadounidenses en Irak.

Galloway fue también criticado fuertemente tras haber declarado en una entrevista a un programa de Abu Dhabi que las tropas británicas deberían negarse a combatir en Irak. El parlamentario dijo que las acusaciones en su contra son falsas, y que mantiene su oposición a la invasión de Irak.

Analistas políticos y expertos temen que la población se vuelque cada vez más al Partido Conservador ante los problemas internos del país, como ocurrió en las últimas elecciones municipales, en las que el laborismo perdió cerca del 30 por ciento de las municipalidades del país, y los conservadores afianzaran su liderazgo en Inglaterra.

La derrota laborista fue vista como un claro indicador del precio político que Blair debió pagar por aprobar la participación británica en la guerra contra Irak y en sus políticas internas cada vez más neoconservadoras.

Una encuesta publicada ayer por el periódico inglés Times reveló que la popularidad del Partido Laborista está cayendo cada vez más, y la de los conservadores aumenta.

De acuerdo a la encuesta, el 36 por ciento de la población considera que Blair es un buen líder político, a pesar de registrar una caída de cinco puntos desde las últimas semanas durante el período de guerra contra Irak. *

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