Tragedia por el rechazo de Uribe al acuerdo humanitario

La negativa del presidente Alvaro Uribe de proceder al intercambio humanitario que le propusieron las FARC y que cuenta con el asentimiento de los ex presidentes colombianos, de organizaciones sindicales y sociales, de familiares de los detenidos de uno y otro lado y de un vasto sector de la opinión pública, derivó en una tragedia: mientras el mandatario repetía en Cali su rechazo a la propuesta de intercambio de prisioneros porque entra en contradicción con su estrategia de guerra, las fuerzas militares procedían al intento de rescate del gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria, y del ex ministro de Defensa Gilberto Echeverri, quienes junto a ocho personas más perecieron en el cruento incidente.

La triple negativa

Repasemos una sucinta cronología de los últimos hechos, tal como se exponen en nuestra nota del día 2 («el presidente Uribe, las FARC y el acuerdo humanitario»). Logró gran impacto en la opinión pública una reunión efectuada el lunes 28 de abril en Bogotá por los ex presidentes liberales Alfonso López Michelsen, Julio César Turbay Ayala, Carlos Lemos Simmonds y Ernesto Samper Pizano (a la cual hizo llegar su adhesión el ex presidente y actual secretario general de la OEA César Gaviria y un saludo Belisario Bentancur), en que se pronunciaron a favor de viabilizar un acuerdo humanitario con las FARC. Estas hicieron llegar a la misma reunión una nota en que reiteraban su propuesta formalizada el pasado 8 de febrero, en el sentido de intercambiar la totalidad de los presos y retenidos de uno y otro bando y especificaban medidas para la realización práctica de dichas medidas, que recibieron el apoyo en las últimas semanas y en la propia reunión de familiares de los detenidos, organizaciones sociales y sindicales, un grupo de parlamentarios, ex fiscales, ex ministros, catedráticos universitarios y entidades de DDHH.

Al día siguiente, Uribe rechazó de plano la propuesta alegando que «no me van a hacer bailar al ritmo de las FARC». El miércoles 30 estaba reunido con Bush en la Casa Blanca, integrando (junto con Jorge Batlle, el hondureño maduro y un par más) la lista de los presidentes latinoamericanos que visitaron a su homólogo estadounidense después del 9 de abril, día de finalización de la guerra de Irak. Obviamente (y más allá del fracaso de Uribe en cuanto a un tratado bilateral de comercio) allí se habló de otorgar mayores recursos al Plan Colombia, de la campaña de fumigación, en una palabra de intensificar las actividades militares. Cualquier cosa menos un acuerdo con la guerrilla.

El 5 de mayo el presidente colombiano repetía estas formulaciones en Cali, en el mismo momento en que las fuerzas militares a su mando lanzaban una cruenta operación rescate, con las trágicas derivaciones señaladas.

Las medidas «antiterroristas»

«Esta trágica situación no debe repetirse», señala una declaración del PC colombiano. «El gobierno no puede garantizar la vida de quienes intenta rescatar mediante el uso exclusivo de la fuerza. Ante este acontecimiento doloroso sólo cabe reclamar con el coro de voces de los familiares, ex presidentes, organismos de derechos humanos, organizaciones sindicales y sectores políticos que el gobierno nacional proceda de inmediato a poner en marcha el intercambio humanitario sin condiciones. Llama al pueblo colombiano a unirse en contra de la política de guerra del gobierno, a favor de una solución política por el camino del diálogo y por la ejecución inmediata del acuerdo humanitario. Lo convoca a actuar unidos contra nuevos intentos de atentar contra las libertades públicas, como lo es la presentación por el gobierno de las medidas llamadas antiterroristas, que no son otra cosa que la negación de los derechos fundamentales».

Dolor, exigencia, consenso

Otro manifiesto sintetiza en los siguientes puntos un estado de ánimo generalizado de la sociedad colombiana:

«Dolor inmenso por la muerte violenta del gobernador Guillermo Gaviria, del ex ministro Gilberto Echeverri y ocho militares en medio de un operativo de rescate. Rechazo a la torpe acusación del gobierno de pretender rescatarlos a sangre y fuego, buscando una hazaña oficial que validara la política oficial de negativa total al intercambio humanitario. Exigencia de los familiares de los demás secuestrados de continuar con la búsqueda de dicho intercambio. Prohibición de los mismos familiares de que se siga intentando más rescates a sangre y fuego. Oportunismo minoritario de la ultraderecha y los medios de difusión que saltan a pedir que se rodee al presidente y sus políticas liberticidas y de guerra. Consenso de las mayorías nacionales, la iglesia toda, sindicatos y parlamentarios, que claman que la solución al conflicto colombiano no es más guerra sino urgentes salidas políticas que detengan el acelerado agravamiento y la degeneración del conflicto».

La propuesta sobre la mesa

La propuesta de la guerrilla contenía disposiciones que hubieran evitado esta nueva tragedia. En su punto c) se decía taxativamente que estaba dispuesta a liberar a todos los militares y policías en su poder, los doce diputados del Valle del Cauca, los dos ex ministros de Estado, el gobernador de Antioquia, el ex gobernador de Meta y la ex candidata presidencial Ingrid Bentancourt. O sea que estaban incluidos los que perdieron la vida por el intento del gobierno de liberarlos a sangre y fuego. En contraprestación, la guerrilla reclamaba la libertad de todos sus miembros encarcelados, y que el proceso de intercambio de presos se verificara en territorio colombiano, con todas las garantías.

Oímos ayer de labios del presidente Uribe que estaría dispuesto a liberar a los guerrilleros si mediaba su compromiso de no reintegrarse a la guerrilla y aceptaban abandonar Colombia hacia un país amigo, como Francia. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje