Balotaje seguro pero dudas sobre los dos ganadores

Argentinos eligen su presidente

Fueron esos meses de grandes manifestaciones, que simulaban dar nacimiento a una participación ciudadana más activa en la cosa pública. Pero sea por cansancio, sea por el fracaso para conformar una fuerza política que abarcara a los sectores que aspiraban a un cambio profundo lo efectivo es que hoy es más probable que al segundo turno lleguen dos peronistas. Carlos Menem, con una política pro estadounidense, y el ahijado oficial y nacionalista, Néstor Kirchner, quienes podrían enfrentarse en un segundo turno el 18 de mayo, sin descartarse al derechista y también pro estadounidense, Ricardo López Murphy (LM).

Por lo pronto de los 19 candidatos iniciales sólo cinco quedaron en pie aunque los encuestadores reducen a tres las oportunidades de pelea por la segunda vuelta: son Menem, Kirchner y el ex ministro de la Alianza, López Murphy. Un promedio de los datos de 10 encuestadores otorga a Menem el 20,4%; a Kirchner, el 18,9%, a LM, el 18,5%; a Adolfo Rodríguez Saá, el 13,9% y a Elisa Carrió, el 12,1%. El margen de error, 3% lo que deja abierto interrogantes.

La fragmentación política es relevante: son tres los pretendientes surgidos del peronismo (el tercero, Rodríguez Saá) y dos, de la Unión Cívica Radical, el mencionado ex ministro y la líder del ARI, Carrió.

La Unión Cívica Radical (UCR) con más de cien años de vigencia, lleva un pretendiente, Leopoldo Moreau, que sólo aspira a convencer que su militancia no abandone el partido. Pero gran parte de ella y su electorado, se bifurca por los dos ex, sea de derecha o progresistas, fluctuando estos días, entre uno y otro, según sea su humor frente al peronismo.

La UCR jamás había llegado tan bajo y paga no solo el fracaso del gobierno de la Alianza: así como De la Rúa no pudo cumplir su mandato de cuatro años, Raúl Alfonsín, en 1989, debió anticiparle a Menem la entrega del poder al no poder manejar las convulsiones sociales. La crisis del peronismo ha querido ser resuelta no por elecciones internas sino en las nacionales, lo que puede explicar en parte el ascenso de LM como una manera de castigar el peronismo a través de un pretendiente que no solo no lo es, sino que ha combativo las formalidades irritativas del menemismo, más que la esencia del modelo de acumulación y distribución.

Los que superan sus nichos

Los cinco que han dado la tónica en las últimas semanas a la campaña electoral, luego de una anomia prolongada y aún no del todo disipada, se han hecho fuertes en nichos, que en la medida que lo han roto y encontrado eco más allá de sus límites, se ha ampliado sus perspectivas. Es el caso de LM que ha ido creciendo en el último mes en una combinación de operación política sofisticada con un discurso inteligente, queriendo demostrar el candidato de CREAR, que del centro-derecha se ha corrido al centro. Pero ninguna operación por más sofisticada que fuere puede tener espacio o posibilidades de ser deglutida, sin una sociedad dispuesta a ello. Ello es valido no solamente para el ex radical, sino especialmente para Menem quien pasó también en pocos meses de una intención de voto mínima, a liderar las encuestas, a pesar de contar con una imagen negativa muy amplia.

La campaña electoral ha tenido parámetros diferenciados. Por caso, de Menem: nadie cree que sea honesto, pero buscó convencer a los pobres de que puede repetir la fugaz prosperidad de su primer gobierno, el llamado «mensaje mágico» pero que dejo fuertemente endeudado al país y les recuerda a los ricos que fue siempre su servidor.

En el extremo opuesto la nacionalista Elisa Carrió exhibió sus años de labor parlamentaria valiente y progresista y subraya el pasado reaccionario y/o corrupto de sus rivales. Se le ha observado  no siempre con objetividad–que no estaría en condiciones de garantizar la gobernabilidad, un tema que preocupa mucho a los ciudadanos, así como la violencia criminal y el «desorden» social, que ha corrido fuertemente hacia el centro-derecha a un sector de la sociedad cansado de los cortes de calles y de ruta de uno de los espacios de las organizaciones piqueteras.

La dinámica obligó a otros a ajustar su discurso. LM se presentó como alguien honrado y confiable, soslayando su derechismo neoliberal y sus serias responsabilidades como ministro de De la Rúa y aparecer como canal para castigar la soberbia peronista.

Rodríguez Saá aludió a sus logros en San Luis, la provincia que gobierna a su antojo desde hace 18 años y recurrió a su indudable carisma personal para repartir promesas incumplibles. ¿Cuántos vo- tos le «muerde» a Menem sobre todo en los amplios bolsones de pobreza extrema? De ese éxito depende a que porcentaje del electorado llega y a quien beneficia.

Kirchner explotó la propia mediocridad de su imagen: es uno más, que se dice decente, que sacará al país adelante como lo hizo con su pequeña y petrolera provincia de Santa Cruz (en una gestión cuyos graves claroscuros pocos argentinos conocen); pero su suerte esta noche depende de la eficacia del aparato duhaldista y del temor a que la derecha es sus dos variantes le permita atraer sufragios que en otras condiciones jamás lograría.

Del que se vayan todos a Menem y López Murphy

Las convulsiones sociales de finales del 2001, con 30 muertos y varios más durante el 2002, la mayoría pobres o piqueteros, no desbrozaron el camino para las fuerzas del cambio. Primero, Rodríguez Saá quien trepó hasta la Casa Rosada sobre los cadáveres de manifestantes, e igualmente Eduardo Duhalde, en un tiempo de intrigas palaciegas con manipulación de desbordes callejeros, es quien llevó a este país desde el caos a una paz pegada con hilvanes, el final de cuatro años de recesión económica y un acto electoral preparado para que en lo fundamental no cambie nada.

Dicho de otra manera, aquellas convulsiones populares no fueron bien leídas porque la irrupción de las capas medias que fue clave estuvo más vinculada a la ira que generó el corralito de De la Rúa-Cavallo que un reclamo por cambios profundos: nada más lejos de esa visión del inicio de un período pre-revolucionario que se hizo carne en la dividida izquierda, sea marxista o no.

El universo que miró al país en esa perspectiva revulsiva con lo viejo, que con consecuencia levanto la consigna «que se vayan todos», se ha ido fragmentando. Cada partido de izquierda tiene su organización piquetera que se nutre en gran medida de los planes asistencialistas oficiales (y por ello LM dice que dejará de financiar la rebelión); los partidos de esa orientación, sobre todo la Izquierda Unida y el Partido Obrero, aprovecharon la coyuntura electoral para incidir sobre los acontecimientos. Otros, de línea abstencionista, suponen que de las elecciones no saldrá nada firme y que hay que prepararse «para el turno popular».

La respuesta de Menem es conocida: hacer intervenir a las FFAA en el conflicto social. LM no llega a tanto, pero la lógica de su discurso y su debilidad política puede llevarlo a buscar el respaldo castrense para impulsar su programa económico y social, si llega al final. De todos modos lo ocurrido en el último año y monedas se inscribió tanto en la tendencia a los cambios, visibles en el caso brasileño especialmente, como en el creciente sentimiento antimercado salvaje como de oposición a los EEUU bien claro por su agresión a Irak. Parecía que esas emociones iban en busca de una fuerza, coalición o candidato que la representara. Es decir, un contexto preparado para una coalición o una fuerte figura del centro-izquierda. ¿Por qué, entonces, el relevo del peronismo puede quedar en manos del preferido del establishment?

Las peripecias del progresismo

Se le ha achacado a Carrió no haber
combinado su discurso político con una articulación de fuerzas que sustentara con más fuerza su candidatura, lo que es probable. Pero también es cierto que el espacio de izquierda y progresista tiene una enorme capacidad para enconarse entre sí, sin poder articular una alternativa.

López Murphy ajustó, ante esta realidad, su discurso, corriéndolo al centro y enviando mensajes a los progresistas, con suceso aparente en desmedro de Carrió. Y al ser visualizado como ganador en potencia le rapiñó votos a Menem particularmente en el segmento de capas medias y altas que sino, con poco entusiasmo, sufragarían por el riojano.

Carrió advirtió la trampa en las últimos días y habló de la necesidad de no caer en la consigna del «voto útil» y de sufragar a conciencia, porque de penetrar efectivamente esa convocatoria, será en beneficio de Kirchner de parte de sectores medios temerosos que Menem o LM lleguen alto, al segundo turno sin esperanzas para amplias franjas de capas medias.

Si esto culmina a medianoche así demostraría el retroceso de la centroizquierda o, en todo caso, cierto giro de la sociedad hacia las opciones de derecha. Menem y López Murphy pelean por un segmento electoral e ideológico muy parecido: ambos son partidarios de la ortodoxia económica y hacen hincapié en la necesidad de estrechar lazos con Washington antes que en la integración regional. Pero también es visto como canal posible para frenar a Menem: es el sentido del voto de algunos sectores que tienen generalmente comportamientos de progresistas.

Kirchner promueve un capitalismo con mejor distribución de la riqueza y una economía más apoyada en la producción que en los sectores bancarios y financieros, como ocurrió durante la década de los 90 en la Argentina. El candidato oficial sostiene como primordial un acuerdo con el Brasil de Lula.

Un futuro incierto

Pero, ¿se salió de la crisis?. Veamos los datos:. una cuarta parte de la población no tiene ingresos suficientes para cubrir el costo de una cesta básica de alimentos y la pobreza supera el 55%; la tasa de desempleo se acerca al 20%; los salarios reales registran los niveles más bajos desde mediados del siglo XX; sólo el 40% de la población ocupada realiza aportes al sistema de previsión social; la deuda pública es casi el 150% del PIB (se aumentó en cerca de 21.000 millones de dólares para «resolver» la crisis del sistema financiero); en los servicios públicos privatizados continúa la contradicción entre el ajuste de tarifas, los ingresos precarios de la población y las necesidades de inversión para sostener el sistema; el superávit fiscal se basa en la represión del gasto público e ingresos públicos que crecen por la inflación.

La realidad del fracaso de la forzada paridad un peso = un dólar, hace que ahora, ni Menem siquiera, hable de dolarización de la economía ni de volver a un régimen de convertibilidad ni de la hiperinflación. Tampoco brillan quienes auguraban que la maxidevaluación generaría una fuerte reactivación. En los últimos meses se buscó administrar la crisis, transfiriendo problemas en el tiempo (como la renegociación de la deuda externa) y esperando que la reactivación proviniera del sector exportador y de la sustitución de importaciones, gracias al nuevo tipo de cambio.

Siguen pendientes temas espinosos. Los bancos logran sacarse problemas de reclamos de los ahorristas por no cumplir sus compromisos gracias al festival de «compensaciones» con títulos de la deuda pública cuyo valor es difícil de precisar.

Y el FMI exige restricción monetaria, alegando eventuales «presiones inflacionarias» que nadie ve en un contexto de caída de ingresos, desocupación y capacidad ociosa en el sistema productivo; simultáneamente, reclama altos aumentos de tarifas de los servicios públicos privatizados (que significarían un repunte de la inflación).

El balotaje, una novedad, abre la caja de los truenos. Sobre todo si entre los que pueden llegar al segundo turno, las diferencias son mínimas que requieran de un conteo voto por voto, que deje abierto el enigma y las perspectivas de que la controversia llegue a las calles con aparatos preparados para ello y con diversas fuerzas al acecho.

En todo caso, las urnas no dirán hoy la última palabra. *

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